—Sé lo que piensas. Más que una propuesta es una promesa. Cuando todo esto acabe, quiero que te cases conmigo. Nunca he sido tan feliz en toda mi vida, y quiero hacerte feliz a ti para siempre y lograr hacer una vida juntos, sin nada ni nadie que interfiera en nuestro camino a ser felices, como nos merecemos. Su mente viajaba a todos lados; Doris, Ernesto, Alejandro con esa declaración y, además, un posible niño, aunque eso último no cuadraría mucho por lo que le había contado Alejandro, pero ella estaba segura de eso. Sin embargo, ¿proponerle matrimonio? Cuando ninguno de los dos eran libres y todo se complicaba, ¿cómo podía pensar en algo así? Cuando todo a su alrededor decía lo contrario, cuando todo a su alrededor gritaba «¡detente!». —¿Cómo puedes pensar en una promesa así? No puede

