—Vamos, hombre, que vas a hacer un hueco en el pasillo y las enfermas nos sacarán de aquí. —¿Cómo quieres que me ponga? Si están revisando ahí a mi mujer, que está a punto de traer un hijo mío a este mundo. Eso sí, el primero de muchos, amigos. Él es solo el primero. No dejó de dar vueltas por ese pasillo, donde el amor de su vida lo volvería el hombre más feliz de este mundo. Horas antes Mientras Vera acomodaba unas cosas en la habitación de su hijo, sintió que algo se desgarraba dentro de ella y luego cómo sus pies se mojaban como si de un río se tratase. Se sujetó fuerte el vientre y lanzó un grito desgarrador. Justo en ese momento entraba su suegra, que había venido a traerle el obsequio número cien. Era definitivamente una consentidora, y eso que ni había nacido. Cuando la vio

