Capítulo 4: ¿Pasión con la amargada?

1122 Palabras
Capítulo 4: ¿Pasión con la amargada? Me quedo pensativa mientras besa mi cuello. —¿Aquí en la mesa? —digo— ¿No será muy incómodo? Dante me tapa la boca. —Shhh, dejate llevar —dice— Follar en lo máximo. Me sella la boca con la suya en un beso desesperado y profundo, mientras me toca por la parte interior de los muslos, me estremezco. Besa mi cuello con sensualidad, lo lame y yo soy toda gemidos, cierro los ojos para dejarme llevar. Sus dedos son expertos. Sabe cómo y dónde tocarme. Me baja el escote del vestido exponiendo mis pechos, yo me inclino hacia atrás, sin abrir los ojos. Dante lame mi pezón luego toma a ambos, me los masajea. —Joder, qué tetas —Chupa el otro pezón y lo mordisquea. Se aparta con un jadeo y en cuestión de segundos se ha quitado la camisa—. Me tienes demasiado caliente. Se desabrocha el pantalón. —Voy a follarte ahora mismo. Observo cómo deja que caigan al suelo. Dirijo la mirada a su interior que está por explotar. Me toma una de mis manos y la pone encima. Yo la aparto asustada y él se me queda mirando sin comprender —¿Que ocurre? —dice si comprender. —Es que... tengo tiempo... —admito. —Ven —dice, me separa mis piernas, pasa las manos por mi trasero, me lo agarra con fuerza y me atrae hacia él. Toda su erección se clava en mi sexo. Suelto un jadeo. —Eres demasiado sexy —susurra. Hace a un lado la tela de mis bragas, yo cierro los ojos y me inclino hacia atrás. Acerca su rostro al mío y me besa la mandíbula, la lame, me sujeto a su espalda, tratando de relajarme. Sus labios empiezan a devorarme con ganas. Introduce su lengua en mi boca casi con rabia. Por un momento se me pasa por la cabeza que lo que le excita es tener a una subordinada también en la cama, no solo en el trabajo. Dejo que me bese al tiempo que su mano busca el medio de mis piernas. Cuando su dedo roza mis labios inferiores siento que me estremezco pero algo me distancia, me siento rara, siento que no me conecto a pesar de que estoy ardiendo. Siento que toda la excitación que tenía se me está yendo. Me pongo nerviosa con los apasionados besos de Dante y con sus caricias que me da entre las piernas. Estoy cada vez más incomoda, no estoy fluyendo, ya no me siento lujuriosa. Estoy entrando en pánico. Me alejo, se me queda mirando. Trata de besarme una vez más, pero ladeo la cabeza. —No puedo —digo en un susurro. —¿Uh? ¿pero de qué me hablas? ¿qué no puedes? Me subo el vestido y me bajo de la mesa. Me observa anonadado mientras tomo mi bolsito y corro hacia la puerta. —Oye ¿pero qué pasó Gloria? —dice pareciendo molesto. No lo culpo, yo también lo estaría. —Lo siento, es... es que eres mi jefe —suelto. Abro la puerta y escucho que viene detrás de mi diciendo: —Vuelve aquí, no seas una amargada... No me volteo, no lo miro. Estoy demasiado... perturbada, no sé por qué también estoy nerviosa y asustada. Dante me llama, pero no le hago caso. Salgo corriendo arreglando mi vestido y una vez en la calle solo tomo el primer taxi que me encuentro pensando en lo horrible persona que soy por haberlo dejado caliente. ******** Nunca había tenido... vergüenza de ir al trabajo. No pasó nada con Dante, así que no debería sentirme así, pero precisamente porque no pasó nada después de un largo preámbulo de besos ardientes y tragos es que me siento avergonzada... Esta mañana no ha habido casi trabajo, así que Holanda se ha pasado un par de veces por mi oficina y se queda por minutos para hablarme de Luis. Yo me mantengo callada hasta que, en un momento, recuerdo a la chica con la que él se estaba besuqueando se lo menciono y ella se queda perpleja. —¡No te creo! —Ujum, estaba casi comiendole la cara —digo—, y juro que no pasaba de 23 años. —Luis no es de esos —dice defendiendolo—. No le van tan jóvenes. —Pues no lo parecía. —¿Entonces fuiste a su local? —pregunta. —¿Es suyo? —digo—, No sabía que era suyo. Me llevó Dante... Aprieto los labios no debí haber dicho eso. Alzo la vista y me topo con la sorprendida mirada de ella en shock. —¡NO TE CREO! —grita—. ¿Quedaste ayer con el jefe? —Shhh —dije para que dejara de gritar— Solo fuimos a cenar. —Ajá —dice sin creerme—¿Follaron? —No. Ella entrecierra los ojos mirándome. —Tienes razón, tu mirada no está brillando... —dice ella, como si eso fuese un síntoma de que no he tenido sexo. —Bueno —dije—, ya voy a trabajar, necesito que te vayas. —Pero si no hay nada que hacer... Me levanto y la empujo hacia la puerta mientras ella me dice que soy una aburrida y que no hay trabajo como para que se vaya. Lo que menos necesito ahora son sus consejos, mucho menos si son sexuales. Por fin consigo sacarla de mi oficina mientras ella dice que debo dejar el vibrador. Eso sí me choca porque realmente estuve apunto de dejar el vibrador, pero no lo hice con Dante por cobarde, no lo hice porque soy terrible en eso de dejarme llevar por el momento. No lo hice porque soy una amargada. Me voy a mi silla, no hay nada que hacer y solo busco algo que comer en mi bolso cuando de repente saco el vibrador de bolsillo que siempre llevo conmigo. —Supongo que solo seremos tú y yo. Le susurro y lo miro, no puedo evitar pensar en el fotógrafo besando a esa mujer, pero entonces como me miró, como me fotografió y como ahora estoy celosa. De repente, la puerta de mi oficina se abre y no me da tiempo de guardar mi vibrador, ni de ocultarlo o de lanzarlo a algún lado. Me quedo paralizada cuando lo miro, mi rostro se sonroja y solo quiero morirme. —Bella Gloria Vett —suelta y Dante entra cerrando la puerta a sus espaldas. Mierda. Me quedo congelada, una porque lo había estado evitando toda la mañana y otra porque me ha atrapado con el vibrador en mis manos.
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