Y lo sabía. La forma en que Keegan planeaba todo… su seguridad, su voz grave como humo, su cuerpo envuelto en cuero… era una maldita trampa. Una que le gustaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. Y aunque no lo diría en voz alta todavía, ese cosquilleo que sintió en la piel al ver cómo él preparaba todo, al notar que pensó en cada detalle para llevarla ahí, le reveló le gustaba demasiado. Mucho más de lo que debería. El viento nocturno sopló entre los árboles, moviendo las hojas como susurros de algo que apenas comenzaba. Selene inspiró hondo, dejando que el aroma del lugar la envolviera. Pólvora, cuero, bosque. Y él. Keegan Donovan. El hombre que sabía cómo construir tensión con un silencio, cómo desvestirla con una mirada, cómo provocarla sin tocarla. Ella no sabía aun lo q

