Keegan cargó un arma y la guio al exterior para comenzar con lo planeado. Apuntó a un blanco intermedio, y disparó. Un solo tiro. Limpio. El eco rebotó entre los árboles. Selene sonrió. —No está mal. Pero yo puedo mejorarlo. Ella se acercó aún más, rozando su brazo mientras le quitaba el arma suavemente. Su perfume quedó impregnado en el aire. Lo miró un segundo más de lo necesario antes de disparar. El impacto sonó seco. En el blanco. Keegan asintió, como si eso confirmara lo que ya sabía: que ella era peligrosa, mortal, y tan seductora como letal. —Bien —murmuró él—. Vamos a ver quién cae primero. La noche recién estaba comenzando. Entre fuego, pólvora y deseo. Sin tocarse aún, pero sabiendo que en esa noche de tiros y secretos, uno de los dos iba a rendirse primero. El aire habí

