Capitulo 3 - Zedd

1116 Palabras
Zedd — años atrás (enero del 2018) Estar ahí con Sara, fumando, en aquel balcón de mi departamento, dejando que el humo y la noche hablara por sí sola, me hacia sentirme tan extraño. Y no de una mala manera. Simplemente sentía como si ese momento fuera irreal. Como si ese momento fuera producto de mi imaginación. Sentía que era un sueño, del que tarde o temprano despertaría. Como si en cualquier momento fuera a parpadear y ella ya no iba a estar ahí, frente a mí. Aquellos últimos días que había pasado con Sara, se sentían de esa forma. Desde esa vez en Times Square, desde esa ocasión en la que llego inesperadamente a mi departamento, tras haberle dejado aquel lienzo que expresaba lo que sentí en la noche de año nuevo, cuando nos volvimos a encontrar. Desde pequeños instantes con ella, en mi moto, recorriendo la ciudad, hasta ese instante, ahí, fumando, en aquel balcón de mi departamento. Cada uno de esos momentos, se sentían de esa forma. Como un sueño, del que tarde o temprano despertaría.  Como si en cualquier momento fuera a parpadear y ella ya no iba a estar ahí, frente a mí.  Supongo que la gente siempre se va. La gente es fugaz..  Sara y yo fumábamos cannabis y tabaco, recordando viejos momentos, expresando los mismos pensamientos, bajo el efecto de aquella droga. Expresando lo mismo. Al parecer los dos nos sentíamos de aquella forma. Al parecer, los dos sentíamos que aquel instante era irreal. Y no me extrañaba. Pues Sara y yo estábamos conectados. Pensábamos lo mismo. Sentíamos lo mismo. Eramos tan parecidos pero tan distintos al mismo tiempo..  —¿Qué sientes por mi?—me preguntó Sara, de un momento a otro, mientras todavía seguía fumando aquel cigarrillo, que me hacia sentir mejor.  Aquella inesperada pregunta de Sara, me sobresaltó. ¿Por qué me preguntas esto? Para mí era difícil expresar mis sentimientos. Era difícil decir lo que sentía por alguien, en voz audible.  —Sara—dije observándola, dejando que el humo y la oscuridad nos cubrieran—No lo sé. Solo sé que.., siento tanto por ti.  Y era verdad. Sentía tanto por Sara. Una mezcla de sentimientos que nunca había podido determinar con exactitud.  —¿Tanto?—preguntó, buscando la respuesta a través de mi rostro cubierto de humo y sosiego—¿Pero qué clase de sentimiento es? —Haces preguntas muy difíciles..—le dije, desviando mi mirada.  No quería contestar aquella pregunta. No quería hablar de ello. De mis sentimientos por Sara. Era tan difícil para mí desnudar mi alma. ¿Qué caso tenia exponer una parte de mi? Aquello, solo te hacia ser más vulnerable. Solo te hacia ser un blanco fácil. Un blanco fácil, en donde la gente después podía lastimarte. En donde Sara después podía lastimarme.  —No, no es difícil..—titubeo—yo solo.. —Sara, tu sabes lo difícil que es para mí hablar de sentimientos—interrumpí, evitando mirarla. Evitando mirar su terso rostro bajo aquella noche gélida—Tu sabes por lo que he pasado.., tu sabes que yo.. En ese momento, mi cabeza se quedo en blanco. No sabia cómo expresar. Como decir, en palabras, lo que quería decir. Así que solo callé, dejando que el silencio y las miradas fueran los que se comunicaran por mí.  Sara sabía mi situación. De alguna manera, ella me conocía mejor que nadie. Sara sabía lo difícil que era para mí hablar de mis sentimientos. Incluso, ella sabía él por qué. Él por qué se me dificultaba tanto decir lo que sentía. Por mis traumas. Mi pasado. Y las heridas. Sara sabía. Ella conocía esa parte recóndita de mí.  Y en medio de aquel silencio, Sara me rodeo entre sus cálidos brazos. Y así permanecimos. Siendo uno mismo, en aquel abrazo, que lograba transmitir lo que sentía por ella. Que lograba transmitir, aún más que las palabras.  Aquellos últimos días que Sara y yo habíamos pasado juntos, parecían irreales. Y no podía evitar, esperar internamente, el final. El final de aquella pequeña etapa de nuestras vidas, que nos encontrábamos pasando juntos. Un final inevitable. Hubiera sido tonto si hubiera creído que lo nuestro perduraría para siempre. Aquello era imposible. Pues nada es para siempre.  Verdaderamente creía que, la conexión existente entre nosotros, nos había juntado una vez más. Nos había juntado, en aquel día de cierre de año, en medio de Times Square y de toda la gente.  La conexión existente, nos había reencontrado, nuevamente, después de todo. Después de todos estos años y los recuerdos del pasado, que contaban una historia de aquel sentimiento que era inevitable sentir, cuando estábamos juntos.  Yo seguía sin creer en las relaciones amorosas. Seguía sin creer que podía salir algo bueno de ello. No sabia si eran por mis traumas del pasado, por el recuerdo que tenia de mi madre sufriendo, o si era la realidad de la vida. Una realidad que solo yo era capaz de ver.  Seguía teniendo aquel miedo, muy dentro de mí, de experimentar un corazón roto. No quería descubrir el sentimiento. La sensación. De dolor. Implantarse. En mi interior. No quería sufrir. Sufrir por amor. Sin embargo, no podía evitar sentir aquello que sentía por Sara. Aquella conexión. Aquel sentimiento. Del cual no sabia su nombre.  ¿En qué estaba pensando?, me pregunté a mí mismo, la tarde en la que le deje la pintura de Times Square, a Sara, a fuera de su departamento. Aquel lienzo había sido pintado, bajo un lapso de inspiración. Un lapso de inspiración que se había encontrado con aquel recuerdo de fin de año, en donde nos habíamos reencontrado, en medio de la celebración, el ruido, el frio y la gente. Aquel lienzo, lo realice pensando en ella. Pensando en Sara. Y en nuestro reencuentro. Dibujándonos a nosotros, en forma de dos pequeños luces, en aquella colorida pintura. Aquella colorida pintura de Times Square qué había decidió obsequiarle, dejándola a fuera de su departamento, sin decir o esperar absolutamente nada. Aquella colorida pintura que mostraba ese momento de nuestro reencuentro inesperado. Qué mostraba los sentires. Y la manera en la que lucia todo a nuestro alrededor. Aquella colorida pintura que mostraba lo mucho que la extrañaba.  Y ahí seguía, todavía, entre los brazos de Sara, a fuera, en el balcón de mi departamento, sintiendo el frio en nuestras pieles, el olor sutil a hierva flotando en el entorno, y las palabras que se expresaban por medio de aquel abrazo.  Y ahí seguía, todavía, entre los brazos de Sara, a fuera, en el balcón de mi departamento, sintiendo su perfume, sintiendo su cuerpo, sintiéndola a ella. 
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