Emira dio cinco latigazos en el cuerpo y rostro de Felicia con la rama desnuda y cubierta de la pegajosa mucosidad de la hiedra venenosa. La mujer gritó de dolor sin contenerse, Emira sentía su cuerpo aturdido mientras sin controlarse la volvía a golpear un par de veces más. -¡YA, NO MÁS!¡ME DUELE!¡YAAA!- gritó retorciéndose mientras su piel ardía. La rama había caído sobre su ojo y este cayó veneno, también golpeó sus pechos, su cuello y su abdomen. -¿CÓMO TE ATREVISTE A HACERLO?- explotó Emira con el rostro enrojecido y los ojos endemoniados- Confié en ti, maldita hija de puta. Te di trabajo, te di confianza, te traje conmigo y tú delataste el lugar de mis padres y con eso pusiste un blanco sobre sus cabezas- Emira jaló su cabello con tanta fuerza que un buen trozo de este se cayó desp

