-Señora, esto no está bien- Damian la miraba preocupado, Emira lo ignoró mientras tomaba de su bolso el arma que su esposo le dio como protección- Piénselo bien, usted es una mujer buena, señora Emira- él intentaba convencerla y en ese momento para Emira todos eran enemigos. Ella no dudó en apuntar a Damian en la cabeza mientras este abría los ojos desmesuradamente sorprendido ante tal acción. -Esto es fácil, mijo- dijo con los dientes apretados y cansada, no, harta de que le dijesen qué hacer, cómo actuar, cómo comportarse, ya ni madres- O estás conmigo o estás en mi contra… Plata o plomo decía un hombre con problemas de magnificencia, pero yo te digo “Ella o yo”- Damian tragó grueso viendo no solo la frialdad en Emira sino también la seguridad tanto de su pulso como de sus reflejos cor

