Emira se quedó dormida por un corto período en el camino y, sobresaltada, abrió los ojos con unos policías de paso revisando el auto. -Papeles de usted y de la niña- dijo el hombre con tono hostil. Emira suspiró y sacó de su bolso los pasaportes de ambas y la partida de nacimiento de Zairy a su nombre. El policía la revisó y frunció el ceño de inmediato- Estos papeles son americanos. -Así es, mi esposo es de allá y mi hija nació en ese país- explicó Emira con paciencia. El hombre los miró a todos con un poco más de interés, en especial a Damian que tenía su pasaporte original de su país de origen, mientras que Felicia como ellas tenía uno venezolano, sin embargo, no se atrevía a hablar, tanto porque se diesen cuenta que su español tiene un marcado acento extranjero y a la vez, por miedo.

