Cuando la cena terminó, el comedor comenzó a vaciarse con una lentitud marcada por la tensión que aún persistía en el aire. Los soldados Licanos se levantaron de sus asientos, algunos con expresiones satisfechas por la comida abundante, otros todavía alerta y con esa desconfianza que no podía borrarse solo por una buena comida. Todos recogieron las armas con sus movimientos habituales y se dirigieron hacia la salida en grupos pequeños, murmurando entre ellos sobre lo acontecido y diciendo que soñarían con esa comida. Los funcionarios Fae, por su parte, se retiraron con pasos apresurados, evitando cruzar miradas con cualquier Licano. Algunos todavía lucían pálidos por lo que habían presenciado, con el recuerdo del ministro desplomado grabado en sus mentes. Todos los ministros y demás se di

