Capítulo 2

2553 Palabras
Con mi mono de lona y una camisa roja a cuadros, Karlston me lleva por las caballerizas, el sol es agotador pero las gafas oscuras me protegen, no quiero un abusivo dolor de cabeza por ahora. Karlston me informa de la salud de cada uno de nuestros caballos. Los preciosos animales están cien por ciento cuidados por médicos que cada día los revisan y se aseguran que su alimentación sea correcta. Me aseguro que sea de esa manera ya que ellos merecen tener una vida digna tanto como nosotros, incluso limitamos a nuestros clientes a montarlos por cortos periodos de tiempo y siempre un cuidador esta a su lado. Nos hemos encontrado con clientes "extravagantes", que piensan sobre ellos como juguetes, lo que solo provoca su revocación de membresía después de todo siempre hay cientos de personas en la lista de espera. —¡Patrona! ¡Patrona! —Fernando viene corriendo gritando "Patrona", me llama así desde que me asegure de traerlo conmigo desde Latinoamérica para que cuidara de los establos y dirigiera a los nuevos en el campo. —¿Qué sucede? —pregunto viéndolo un mar de agitación. —>>>La Destiny canija, anda suelta y ya sabe que solo uste la controla. —dice en ese español acentuado que tiene. —¿Se ha ido al prado? —asiente. Destiny es mi pequeña yegua, la rescatamos de un depredador cuando era solo una bebé, la cuidamos bajo vigilancia las veinticuatro horas por más de dos meses hasta que se recupero completamente; creo haberme ganado su amor durante ese tiempo porque no quería separarse de mi. Incluso la tuve mucho tiempo en la villa con nosotros pero el lugar era muy pequeño para ella y no podía obligarla a quedarse cuando tiene un enorme predio como este lugar para vivir en libertad. Corro junto a Fernando hasta el enorme predio donde pueden correr con libertad nuestros animales sin que alguien del exterior intente acorralarlos o incluso robarlos, la humanidad es muy mala con lo que animales se refiere. Nuestros amigos aquí son prioridad y por supuesto, el apellido de mi familia también los protege. En Escocía nadie se atrevería a atentar contra las pertenencias de los Capuleti. Visualizo a Destiny correteando como una loca por todo el predio moviendo la cola de un lado a otro. Tiene más energía que yo, ya es hora de entrar y comer, su dieta balanceada depende de ello y me gustaría pasar un buen rato con ella. Mi yegua es algo que me llevaría a todos lados pero no puedo hacerlo por mi trabajo y me partiría el corazón dejarla sola, en mi planes está adoptar un cachorrito pero siempre lo pospongo. —¡Destiny! —grito a mi pequeña. No me escucha, grito su nombre varias veces levantando los brazos para llamar su atención. Al cabo de cinco minutos por fin me mira y sale disparada hasta a mi, moviéndose con elegancia. Es pequeña pero preciosa. Levantó la mano a medida se acerca a mi para indicarle que espere, pero me ignora, sino es hasta que casi esta encima de mi que se detiene. —¡Destiny vas a matarme! —le digo retrocediendo hasta que se calma y saluda. Mi hermosa yegua mueve la cabeza varias veces de arriba abajo, saludándome feliz, me acerco para tocarla y acariciarla. —Destiny estas muy gorda. —bromeo. Ella como si entendiera se queja empujándome con su enorme hocico, es inevitable no caer al suelo y ensuciarme toda. Fernando y Karlston se apresuran a mi pero enfurecen a Destiny, les pido que retrocedan y como toda madre humana regaño a Destiny hasta que mueve sus orejas y se tranquiliza dejándome tomar su correa. —Buena chica. —digo caminando con ella hasta su lugar. El nombre "Destiny", vino de eso, del destino en unirnos para cuidar una de la otra. Me gustaría que los humanos pudiéramos creamos vínculos de esta misma manera, ciertamente los animales en algunas situación pueden reaccionar por instinto pero si sabemos cuidarlos y protegerlos como merecen, el amor que pueden transmitir es inigualable. Claramente no es completamente desinteresado, les gusta sentirse cuidados y bien alimentados. ¿Existirán personas con las que puedas sentirte de esa manera? No, lo dudo, nadie entrega nada sin pedir algo a cambio. Mi tiempo con Destiny es preciado, siempre termino hecha polvo y con el cabello desgreñado. Vale la pena cien por ciento, mucho más después de una reunión frustrante con la directiva. —¡Señorita Capuleti! ¡Señorita Capuleti! Kay, quien no puede llamarme por mi nombre porque considera es muy informal, viene corriendo como si alguien estuviera persiguiéndolo. Destiny se mueve refunfuñando, la presencia masculina no es precisamente de su agrado, por lo que debo traer a una cuidadora femenina para que le cuide. Mi niña es especial. —Cálmate Kay, alterarás a mi pequeña. —pido mirándole retroceder con pánico frente a Destiny. —¿Qué sucede? —sonrío alegre acariciando la cabellera de Destiny. —Cena. —jadea. —La cena con sus abuelos, si no regresa a casa antes de las siete ellos mismos cerraran el negocio. —¿Negoció? —ladeó la cabeza, mirándole sin entender. —No hay ningún negocio que deba consultar con ellos, mi decisiones siempre son acertadas o si hablas de Rusia... —¡Boda! ¡Matrimonio con L'Keen! ¡Ese negocio! —grita exasperado, Destiny relincha. ¡Qué...! —¡¿Qué dices?! —gritó, provocando más la inquietud de mi yegua. —Destiny, nos veremos la próxima semana. —me apresuro a ella solo a besar su hocico y en segundos salir corriendo de ahí. —¡Kay, vámonos! —gruño. Ellos lo harán, son capaz de hacerlo porque ya ha pasado con Loani quien tuvo la suerte de enamorarse del hombre porque se conocían desde hace muchos años. No es que yo no tenga voto pero es difícil lidiar con tradiciones de ricachones y mucho más decirle "no" a tus abuelos que te han cuidado como a un tesoro. Kay corre a mi lado explicándome lo sucedido, ha hablado con ellos para cancelar pero no ha servido de nada y la abuela ha sido clara que debo ser una señorita y presentarme correctamente en la cena. Debo conocer al tipo L'Keen quien seguramente no será compatible conmigo. Ninguno lo es. He salido con personas pero ninguna ha logrado cautivarme, no soy precisamente una presa fácil. Recuerdo no haber traído coche y en este momento lo necesito, con urgencia, mis habilidades al volante serían de mucha ayuda justo ahora. Estamos lejos de mi apartamento y debo ir, cambiarme en tiempo récord y pensar correctamente lo que dire para rechazar a los L'Keen. Usar una de las camionetas del campo era buena idea hasta que nos enteramos están dándole mantenimiento. —A cancelado el viaje. —gruñe Kay. —¡Me dará un dolor de cabeza a este paso! —Kay me mira preocupado. —Estoy bien, pero odio esas aplicaciones, vamos a coger un taxi en la otra calle que es mucho más transitada. —me pongo mis gafas. Kay arquea una ceja. —Con el escándalo de Charlen no quiero que nadie se acerque y comience a preguntar, detesto dar explicaciones y mentir por alguien que no lo merece. Mi hermano y yo tenemos una relación de amor-odio, es un patan y nunca estamos de acuerdo, en fin... somos hermanos, era de esperarse. Soy lo mejor que tiene esta familia. Minutos después ningún taxi se detiene para dejarnos subir, esto no es lógico, soy una mujer exitosa pero no lo suficiente para que un taxi se detenga y me lleve. Quiero creer que no se trata sobre mi ropa sucia y olor a caballeriza. No deberían de juzgarme, les dejaría buena propina pero no lo merecen. Kay y yo dividimos de una esquina a otra, los taxis cada día son menos visibles. Algunas personas me miran pero las ignoro olímpicamente, si no me ofrecerán un viaje no pienso hablar con nadie. Observó a todos lados, es tarde, finalmente cerca del restaurante Boilende un taxi se detiene por lo que corro más rápido que la Luz y así tomarle, ni siquiera pregunto voy directo a abrir la puerta tirándome en el asiento trasero. —Señorita... —¡Buenas tardes! A la villa veintidós, por favor. Esta ropa no es nada malo, estaba cuidando los caballos y me ensucie pero soy una ciudadano decente, voy a pagar. —pido y explicó rápidamente, al taxista que me mira desde adelante. —Voy a dejar una buena propina, lo prometo. —levantó las manos. —Jurado, sin cruzar ningún dedo. —Señorita aunque lo diga, este taxi ya está en tarifa. Cuando lo dice es momento en el que siento la pierna de alguien pegada a la mía. Una pierna cubierta con un pantalón n***o, fijo la mirada en ellos y escaneo poco a poco subiendo hasta el abdomen cubierto por tres piezas y finalmente llegar al rostro frío que tira hielo. —¿Qué demonios piensas qué haces? —espeta cruzando la mirada conmigo. Me sobresalto sin razón alguna echándome para atrás golpeándome la cabeza contra la verdad. —¡Ah. Ah. Ah! —me quejo del dolor provocado. —¡¿Quién eres tú y qué haces en mi taxi?! —preguntó viendo al tipo mirarme como si fuera alguna especie de loca. Aunque... Es un muy atractivo rubio con mirada azul, musculoso y vestido con un traje elegante está sentado a mi lado, mirándome con una cara que si pudiera atravesarme el craneo lo haría. Puedo verlo incluso a través de las gafas oscuras que llevo puestas. El hombre es bastante guapo, impresionante a decir verdad... —He dicho, ¿qué demonios piensas qué haces? —repite de mal genio, muy pero muy mal genio. Tiene un acento bastante grave y pronunciado, no estoy segura de identificar su nacionalidad. Leaf. Ubícate, no estés tratando de hacer un perfil sobre el hombre que evidentemente mayor que tú. —Lo siento creí que estaba libre... —me disculpo dispuesta a abrir la puerta y salir, pero me recuerdo mis circunstancias y no puedo dejarlo. —¡No! ¡Debo ir a la 22, por favor! —me vuelvo hacia el asiento del conductor pidiendo. —No. —ordena el rubio a mi lado. —¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —me altero al instante, he perdido el tiempo. —No, vamos, necesito llegar ahí es algo muy importante. —Bájate. —expresa sin inmutarse. —No, o lo compartes conmigo o te bajas. Es más bájate. —me estiro, pasando sobre él para intentar abrir la puerta. Un aroma bastante atractivo se cuela en mis fosas. Leaf, por favor, no seas una morbosa con un desconocido ambas sabemos como terminan ese tipo de encuentros. —Oh, hueles muy rico. —olfateó, olvidando que el hombre es un desconocido e ignorando lo que acabo de pensar. —Y tú apestas. —es su respuesta. Aunque mi cuerpo está inclinado sobre él, con una mano me sostengo y con la otra bajo mis gafas. Atravesando su mirada azul con la mía que está a solo unos centímetros de mi. —Es olor a trabajo. —sonrío, guiñándole un ojo. Creo que su gesto cambia por una fracción de segundo pero no puedo asegurarlo. Mirándolo más de cerca, es un hombre muy guapo incluso podría decir que es hermoso. Tiene un rostro bastante aceptable pero lo más atractivo son sus pestañas largas, raramente he visto hombres con pestañas largas y mucho menos de un color rubio oscuro; es un atractivo que resalta lo bonito de sus ojos. ¿Se considera acoso estarle observando de esta forma y tan cerca? Es un completo desconocido. —Eres muy guapo. —la honestidad de mis palabras olvida por completo los pensamientos de mi cabeza. Ni siquiera le sorprende que se lo diga, seguramente está acostumbrado a ello, bueno tiene el rostro para sentirse orgulloso y el hombre lo sabe. Quito mi rostro de idiota mirándole y me inclino para lo que tengo que hacer, abrir la puerta. O por lo menos es lo que intentaba hacer... Al llegar a la manija de la puerta, está se abre de golpe haciendo que pierda el equilibrio y casi caiga de bruces al suelo. Si no es por el brazo del rubio que me sostiene por la cintura levantándome como un pañuelo y tirarme "delicadamente" al asiento de alado (en realidad me lanza como a un cojín). —¿Vlad? —pregunta una voz femenina, no vuelvo a verle porque estoy recomponiéndome. ¡Me ha tirado! —¡¿Por qué me has tirado?! —gruñó, tomándolo del brazo. Él, frunce el ceño, gruñendo como ogro. —¿Quieres el taxi o no? —casi me muerde pero sonrío feliz. —Bien. Cállate. —simuló cerrarme la boca y tirar el candado. A cambiado de opinión y está saliendo del taxi por su propio cuenta. —Muchas gracias Vladi. —levantó la mano despidiéndolo. Él se detiene con medio cuerpo afuera del auto. Vuelvo la mirada hacia la ventana ignorándolo, aunque por el reflejo de la misma puedo ver como tensa la mandíbula viéndome. Por suerte no dice nada y finalmente sale dando un portazo. Asegurándome que se ha ido, vuelvo a verlo de pie afuera escuchando a la mujer que por fin le prestó atención. ¡Es un hombre enorme! Ha salido pero su mirada azul demoníaca sigue viéndome desde afuera ya que los vidrios no son muy tinteados, está de malhumor así que sabiendo que al auto se pone en marcha le tiro un beso con la mano. No se inmuta pero estoy segura que no le ha gustado para nada, un hombre de pocas palabras pero con una expresión que da pavor. —¿Hacia la Villa 22? —pregunta el motorista. —Sí, por favor. Vuelvo la mirada hacia atrás mientras nos alejamos, tiene un perfil impresionante y por lo elegante que va vestido podría pensar que tiene algún evento importante incluso se nota que es un hombre de posición económica estable. La mujer que me ha hecho casi caer en sus piernas lo toma del brazo y él se da la vuelta con ella. No puedo apreciarlo más porque cruzamos la calle y mi vista de él se evapora. No importa que ese pedazo de hombre se enfadara, este asunto es de vida o muerte. —Señorita, ¿conoce al hombre que viene corriendo detrás de nosotros? —vuelvo a ver nuevamente hacia atrás. —¡Kay! ¡Si, deténgase por favor! —le pido haciendo que frene casi de golpe. Me distraje observando a Vladi y no me di cuenta que Kay viene corriendo casi ahogándose. Esperamos a que Kay nos alcance y entre al auto. —¡Vámonos! —grita metiéndose en el auto. —Tarde... es muy... tarde y ellos están llamando... la agenda, debemos... seguir... la agenda. —Kay trata de respirar con la nariz. Imposible, se desvanece ahogándose sobre el asiento. El taxista tiene compasión de nosotros y se pone en marcha con rapidez. Dios. Solo unos minutos, solo espérame unos minutos sino quieres verme allá arriba molestándome hasta que me regreses a la Tierra.
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