LLuvia
Al terminar el otoño, durante el atardecer, en alguno de esos días donde la lluvia no cesaba y el clima frio calaba en los huesos, había un árbol enorme que se mantenía imponente en el centro de aquel parque viejo, con algunas bancas a su alrededor, las cuales embonaban de forma simétrica, extensas áreas verdes que en este día tenían un color marrón debido al temporal, la lluvia había creado un enorme espejo de agua en la base de este parque, pero tenía un reflejo turbio en el que las gotas del agua que aún caían del cielo creaban pequeñas figuras que se retiraban del choque de forma circular. En una de estas bancas para ser más preciso la banca que estaba justo enfrente de la biblioteca pública un par de botas negras de mediano uso desgastadas de la suela creaban una pequeña corriente en contra que arrastraba las hojas, hojas de aquel árbol enorme, hojas marchitas que mostraban lo implacable del tiempo y lo complejo de los ciclos en los que todos los seres vivos nos vemos enfrascados.
Aquella tarde tenia un peculiar sonido rítmico, lleno de nostalgia el cual ensordecía a la ciudad de una forma melodiosa.
Las botas dejaron el suelo cortaron la pequeña corriente que se había formado; un hombre de 29 años se había puesto en pie y caminaba sin dirección precisa, solo mezclaba a la música pequeños estruendos del pisar, con lentitud constante.
-¿Por qué me ocurre esto a mí nuevamente?, ¿Por qué no puedo ser valiente?, ¿Por qué debe pasarme esto a mí, otra vez?- se preguntaba Leonel – mientras sostenía una carta la cual había leído más de 3 veces.
De pronto caminó hacia una avenida la cual no estaba transitada, volteo a ambos lados para asegurarse de cruzar (o almenos eso intentó), dió un paso seguro para cruzar y solo escuchó un fuerte pitido de un auto, mientras este frenaba intempestivamente, al voltear tomó el reflejo de proteger su rostro como si esto fuera suficiente para no ser arrollado por ese automóvil del cual no se percató, había neblina la lluvia era densa y aun así las luces deslumbraron sus ojos mientras gritaba- ¡Noooooo!- el auto derrapo dando un vuelta en su propio eje casi de 180° y solo se escuchó un golpe en seco, Leonel, salió eyectado cerca de la línea de cruce y cayó inconsciente, en el momento del impacto soltó la carta y esta fue arrastrada con la corriente.
-Dios mío que he hecho- dijo en un grito apagado, Samuel – Samuel era un hombre de 34 años de edad de complexión física estética, lucía una piel blanca, cubierta por bello facial de un color castaño oscuro con ojos color miel y labios carnosos rojizos que hacían un contraste perfecto con el resto de su rostro, lucía un cabello castaño oscuro, tal vez un tanto rizado, media 1.85m con brazos fuertes y bien definidos al igual que el resto de su cuerpo, fruto de la práctica deportiva que tenía como disciplina.
-¡¿Te encuentras bien?! ¿Oye te encuentras bien?, ¿Me escuchas?, perdón no fue mi intención, hey responde ¿Estas bien?, por favor responde, ¿Me escuchas?, - Gritaba sin parar una y otra vez a aquel hombre tirado sobre el cruce de la avenida. – ¡Dios por favor ayúdame¡, ¿Me escuchas soy Samu… – no terminó de mencionar su nombre cuando Leonel por fin abrió los ojos. Y Samuel sonrió con una sonrisa sincera llena de gratitud hacia la vida, con una sonrisa hermosa, que estaba adornada por unos bellos dientes blancos. Comenzaron a caer lágrimas de los ojos de Samuel las cuales se disimulaban muy bien debido a la lluvia que se mezclaba en su rostro, la cual no se podía identificar, sino fuera por el enrojecimiento de esos ojos color miel, que agradecían ver por primera unos ojos oscuros, unos ojos como nunca antes había visto, unos ojos profundos que parecían llevarte al fondo del mar, llevarte a los más profundo del universo y a su vez eran capaces de mostrarte lo bello de aquel lugar aunque solo hubiera oscuridad.
-¿Qué paso? –pregunto Leonel con voz apagada – paso que me mataste –Dijo Samuel con la voz entrecortada, mientras cargaba la cabeza de Leonel en sus piernas y detenía su rostro como si tuviera la intención de no soltarlo nunca y alrededor de ellos se visualizaba una aurora luminosa, a causa de la lluvia que golpeaba sus cuerpos y se mezclaba con la luz de una lámpara que acaba de encenderse.