¿Sofá o cama?

1459 Palabras
Samuel movía los pies contra el suelo al mismo tiempo que entrelazaba sus dedos y los llevaba al rostro, estaba sentado en una silla incomoda y fría, el blanco de las paredes hacia que aquel lugar se sintiera muy frio, la luz tenía un color que no inspiraba calidez, ninguna sensación agradable. Samuel levantaba los ojos buscando el reloj que marcaba las 11:15pm, al lado izquierdo de él se encontraba un señor de alrededor de unos 60 años de edad robusto de cabello cano, tenía un abrigo gris de uso, bastante viejo, el hombre dormía como si estuviera en una grande y cómoda cama, roncaba tan fuerte que distraía a los presentes. Una mosca rondaba la boca abierta de aquel hombre intentando meterse y descubrir un nuevo mundo oscuro y nauseabundo. A su otro costado no había nadie solo una silla vacía y de frente solo estaba una señora la cual no tenía buena cara, era lúgubre, con ojeras que empezaban en la parte inferior de sus ojos y parecían adueñarse de las mejillas de su pálido rostro, pero aquella mujer esbozaba una pequeña sonrisa tratando de brindar confort al hombre blanco de bello rostro que tenía los ojos entumecidos por las lágrimas, y su ropa empapada a causa de la lluvia donde sus brazos fuertes se pegaban a la tela de la camisa y lo hacían lucir aún más grande y tonificado. Tal vez le causaba lastima el ver a un hombre llorar o tal vez le parecía atractivo y es que aun con toda la preocupación que le aquejaba no dejaba de verse como el hombre que cualquier chica quisiera tener. “En aquel cruce peatonal, Leonel vio un instante aquellos ojos color miel enrojecidos y sintió la mano del mismo hombre en su rostro, no entendió lo que ocurría; dejo caer su rostro a manera de aprobación sobre la mano de Samuel y perdió nuevamente el conocimiento”. - Hola, soy Samuel me recuerdas - dijo mientras tocaba la pierna de Leonel el cual se encontraba en una camilla en sala de urgencias conectado a unos cuantos aparatos que monitoreaban sus frecuencias. Leonel no traía consigo ninguna identificación por lo tanto todo había sido más sencillo para Samuel ya que había mencionado que era su primo y que él se haría cargo, invento un nombre mientras pensaba ojala no muera este hombre o se morirá con un nombre falso, tampoco dijo que él lo había atropellado. -Ho, hola- balbuceo Leonel – en ese momento con la mirada perdida Samuel incorporó su cuerpo de inmediato al escuchar la voz apagada y miro el rostro de Leonel y al observarlo miro aquellos ojos, despertaron una sonrisa, la misma sonrisa que Samuel había regalado en aquel primer encuentro. Cuando vio sus ojos negros y profundos la sonrisa de Samuel se convirtió en una sonrisa hermosa cubierta por una mascarilla, sin embargo sus expresivos ojos permitían a cualquiera resolver cuales eran los sentimientos de Samuel en aquel momento ya que el mostraba felicidad con algo más que la boca todo su rostro parecía balancear sus sentimientos a través de toda su estructura ósea, con tan solo mirar sus ojos expresivos y unas pequeñas marcas en la frente al fruncir el ceño, cualquiera que lo viera podía asegurar que sonreía. - Hola, hola ah… soy Samuel, ya nos conocimos hace unas horas te hable y abriste los ojos y después perdiste el conocimiento de nuevo, yo no sabía que hacer me puse muy nervioso y decidí traerte aquí, ¿Cómo estás? - Ah mal - respondió Leonel - si ya lo veo y eso me hace sentir mal… - fue interrumpido por una enfermera la cual le solicito salir para poder dar el pase de salida. Al salir Samuel, Leonel pregunto a la enfermera quien era aquel hombre. Ella un poco confundida dijo – es tu primo, él te trajo aquí ¿No lo recuerdas? - Leonel no entendía mucho pero entendía que aquel hombre de piel blanca, con una barba perfectamente alineada a su estructura ósea, tenía algo que ver y era el único que le diría porque estaba ahí, la causa real no la sabía pero sabía que quería entender que había ocurrido – ah sí, perdón es solo que estoy un poco aturdido - dijo con voz apagada, la enfermera menciono que el último estudio no reflejaba fracturas ni complicaciones de alguna índole y que era tiempo de regresar a casa. Cuando la enfermera menciono la frase “Regresar a casa”, Leonel en ese momento visualizo su realidad y por su mente pasaron imágenes de todo lo ocurrido, la carta y lo que en ella decía y de pronto como una ola, una ola de esas que te tiran por sorpresa, de esas que se ven a lo lejos muy pequeñas y al chocar te arrastran sin poder controlar el equilibrio, una ola de esas, fue la que sintió Leonel al recordar todo lo ocurrido. Samuel realizo de alguna manera todos los trámites correspondientes para que Leonel saliera del Hospital, firmando como responsable de un hombre que no existía, el cual había registrado con un nombre falso. Samuel entro a la habitación donde Leonel se encontraba sentado con la mirada inquieta sin saber nada de aquel hombre de barba tupida la cual en un pensamiento fugaz creía que era la barba más perfecta acoplada a un rostro que jamás había visto. -Hola, soy yo otra vez y estoy aquí para llevarte… ¿A dónde te llevo?- dijo Samuel con una sonrisa - eh, no sé - contestó con voz apagada - no te preocupes primero lo primero, salgamos de aquí y ya vemos - está bien cualquier lugar será mejor que este, en este momento – respondió. Samuel lo llevo al estacionamiento, lo ayudo a subir al auto y arranco, durante el camino todo fue silencioso ninguno estaba listo para hablar o en todo caso ninguno de los dos sabía que decir, freno el auto suavemente mientras observaba la luz roja, Leonel volteo a ver un edificio que estaba de frente y sin voltear la cara le pregunto con una voz seca y firme - tú me atropellaste ¿Cierto? - Si - respondió Samuel con voz apagada y no supo más que decir - ¿A dónde me llevas? - en ese momento la luz verde le cedió el paso a los automovilistas arranco el auto mientras decía - perdón no se me ocurre otro lugar que no sea… mi casa – era lógico que lo llevara a su casa tal vez por la culpa que lo albergaba o tal vez porque Leonel había decidido no decir a donde, había decidido no hablar de casi nada. La lluvia seguía cayendo con un ritmo suave y armonioso, las ventanas del auto tenia pequeñas gotas de lluvia que se movían en contra de la gravedad compitiendo entre ellas, buscando ser las primeras en salir de aquel parabrisas que las había atrapado y Leonel al observarlas pensaba en que se sentía igual que las gotas de lluvia. ¡Llegamos! - dijo Samuel - y sin más abrió la puerta lo ayudo a salir del auto tomándolo de un costado para que Leonel pudiera apoyarse, al tomarlo por la cintura no pudo dejar de notar que Samuel tenia manos grandes, fuertes y muy cálidas al tacto, mientras llegaban al elevador se hacía un tanto incomodo el camino, el pasillo era oscuro y había una pequeña luz tenue que no permitía ver mucho, Leonel observo que presionaba el número seis. Leonel no sabía que pensar, no sabía cómo actuar, no sabía si estaba haciendo lo correcto si aquel hombre del que solo conocía su nombre, sería bueno o malo, solo sabía que era el hombre que lo había atropellado y que por alguna razón, ahora subía en el elevador que lo conduciría al hogar de alguien que le provocaba muchas cosas pero sobre todo intriga. Por un momento bromeo en sus pensamientos y pensó - es la peor cita que alguien puede tener, esbozo una pequeña sonrisa y el elevador se abrió. – ¿Llegamos? – Pregunto Leonel tratando de observar que había dentro de aquel lugar, volteo la cara, miro los ojos color miel de su victimario, el cual le recibía la mirada con una sonrisa grande y blanca que parecía alumbrar toda aquella habitación oscura y al compás le hacia una pregunta - ¿Sofá o cama? - eh tú cama, perdón el sofá… no sé, eh mejor me voy – tranquilo, solo bromeaba obvio te quedaras en mi cama y yo en el sofá, ven vamos – Samuel encendió la luz y lo que era un pozo oscuro sin fondo se convirtió en un bello departamento.
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