Fabien se frotó la boca y la barbilla con una mano intentando disimular lo mucho que le divertía la actitud de Madeleine mientras la veía agarrar una botella de champán de una cubitera, destaparla y empinársela. Mierda. En apariencia, Madeleine podía parecer una muñequita delicada y muy refinada, pero, por la forma en que bebía, Fabien se daba cuenta de que la muñequita también podía parecer un albañil recién pagado. —Vaya. Parece que mi cuñada sí que sabe divertirse —dijo Angeline con tono burlón, acercándose a él por detrás—. Creo que, después de todo, ella y yo podremos ser buenas amigas. Al menos de diversión. Fabien giró apenas el rostro y le lanzó una mirada endurecida, al darse cuenta de la intención de sus palabras. —Ni creas que te acompañará a hacer esas mierdas que haces —mo

