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Al final del camino

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Descripción

Sofía Hesse pensó que encontrar a su prometido en la cama con su propia hermana había arruinado su vida, sin embargo gracias a ese episodio no sólo conoció la naturaleza de esas dos terribles personas y de su propia familia sino también sin saberlo tomó el camino que cambiaría su vida y la llevaría al verdadero amor, Roger Patrick. Lo que Sofía no sabe es que este será sólo el principio de un largo camino lleno de amor y lágrimas.

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1. LA TRAICIÓN
Con lágrimas en los ojos Sofía dejó sobre la mesa del comedor las llaves de la casa que aunque era suya dudaba que alguna vez volvería a poner un pie en ella, las llaves del auto, una tarjeta de crédito y el anillo de diamantes que le había dado su novio Armando para sellar su compromiso; llevaban juntos siete años, cuatro de los cuales habían estado comprometidos, ambos trabajaban en la empresa de la familia de Sofía y al comprometerse Armando logró ascender a Gerente de Ventas, después de eso no se volvió a hablar de matrimonio hasta el día anterior que lo encontró en su cama con Sonia su hermana, el recuerdo aún la torturaba incapaz de poder sacarse de la cabeza esa burda imagen; después de trabajar horas extras el día anterior llegó a su casa a celebrar su sétimo aniversario, sin embargo, al entrar no podía creer lo que escuchaba, los gemidos de una mujer y sonidos de piel chocar la llevaron a su habitación donde encontró esta asquerosa escena, llevaba en sus manos un pastel para celebrar su aniversario y lo único que se le ocurrió hacer fue tirarlo sobre la pareja y estrellarlo sobre su cuerpo, su hermana Sonia, tomó un trozo con las manos, lo frotó en el pecho de Armando para luego lamerlo directamente de él mientras le sonreía; esa sonrisa encerraba tantos mensajes, era una sonrisa de triunfo, una sonrisa que indicaba poseción, una sonrisa que le dijo a Sofía "No eres nada comparado conmigo"; la pareja siguió como si no pasara nada, ella tomó sus cosas y salió del apartamento directo a la casa de Andrea, su mejor amiga, lloró durante toda la noche abrazada por ella, él la había llamado y puesto mensajes hasta el cansancio, sin embargo ella no pensaba volver a responderle, ya no había nada de que hablar, en sus mensajes de texto volvió a hablar de matrimonio, ella sólo sintió nauseas como las que sintió cuando su hermana lamió el pastel de su cuerpo. Al otro día cuando supo que Armando ya había salido de la casa decidió volver, no quería tener ningún contacto con ese hombre, temía que si lo veía nuevamente fuera tan estúpida de creerle sus mentiras; al llegar a casa, recorrió por última vez cada rincón, rompió todas las fotos o recuerdos de esa falsa relación, tomó las pocas pertenencias que no tenían nada que ver con Armando, dejó sobre la mesa lo que no le pertenecía ya que su única pertenencia eran los recuerdos vividos y salió sin mirar atrás, sin saber cual será el final de su camino. Sofía empezó a caminar con la dificultad que le daba tener un pie más corto que el otro, no pensaba volver, si de algo estaba segura era que si volvía su hermana Sonia la haría una burla, sabía que Sonia tenía dobles intenciones al meterse con Armando, ella siempre había querido tener lo poco que fuera suyo por lo tanto su cargo en la empresa seguro también quedaría en las manos de ella, aunque Sofía sabía que su hermana era incompetente en el manejo de la empresa, así que sólo se sentaría a esperar; tampoco quería darle la cara a sus padres, siempre había sido el patito feo de la familia, no porque fuera fea como tal, tenía unos grandes ojos verdes que brillaban como esmeraldas y aunque su cabello castaño claro era liso se le hacían unos hermosos bucles en las puntas, no era tan pulcra y elegante como su hermana, siempre vistió de manera sencilla, gracias al problema de su pierna izquierda no podía usar zapatos de tacón; Armando le había dicho que no importaba, pero pocas veces salía con ella y que decir de tomarla de la mano en la calle, siempre iba por lo menos un paso delante de ella con el fin que no lo relacionaran, cuando estaban en privado era muy especial con ella, por eso hacía como si no se diera cuenta de las otras actitudes. Pronto un taxi se acercó a ella, el conductor se bajó y le ayudó a subir la maleta, Sofía no podía dejar de llorar, aunque había amado a Armando, su llanto no era por perderlo a él, su llanto era por haberse perdido a si misma durante tanto tiempo. - ¿A donde la llevo señorita?- El conductor que era muy joven la miraba por el espejo retrovisor. - A la estación de trenes por favor- Contestó Sofía tratando de no demostrar las lágrimas que corrían por sus mejillas. - ¿Se siente bien?, ¿Puedo ayudarle en algo?-. - No, muchas gracias- - A veces sólo necesitamos hablar, si necesita quitarse todo ese peso de encima tenemos casi una hora de camino, mi nombre es Diego, ¿Ves?, ya no somos desconocidos. - Mi nombre es Sofía- Ella sólo sonrió y Diego sintió que le iluminaba el día, entonces sin saber porqué ella le contó todo, como se sentía, lo que había hecho su prometido y peor aun, con quien lo había hecho; también le dijo que iba sin ningún rumbo definido a iniciar una nueva vida, habló durante todo el camino hasta que sacó todo lo que tenía dentro, Diego escuchó sin decir nada; el camino a la estación fue tan corto que apenas se dio cuenta el momento en que llegaron, Diego le dio una tarjeta con sus datos por si necesitaba algo en un futuro, aunque ella no le dio su numero telefónico él quedó con la esperanza que se volverían a encontrar. Ya en la estación estaban a punto de partir tres trenes en diferentes direcciones, Sofía se dirigió a la taquilla y compró el boleto para el primero que salía, sin mirar nombres o números, aunque compró hasta la última estación decidió que se bajaría en la tercera sin importar nada, a sus 23 años iba a volver a empezar su vida, sin Armando, sin sus padres y lo más importante sin su hermana. Después de hablar con Diego se sintió liberada por lo que aunque se le salía una que otra lágrima, durante el viaje no lloró, su cara era un desastre aunque no usaba maquillaje sus ojos y nariz estaban rojos, aún así se veía hermosa y eso lo notó alguien que no la había dejado de mirar desde que se subió; el viaje hasta la tercera estación duró aproximadamente cinco horas, al escuchar al asistente anunciar la parada, Sofía tomó sus maletas y se dispuso a bajarse del vagón, pero cuando dio el paso en el cemento su pie malo le falló y estuvo a punto de caer, dio un pequeño grito y cerró los ojos esperando el golpe que nunca llegó, fue ahí donde sintió unos brazos fuertes que la sujetaron sin dejarla caer, pasaron unos segundos antes que abriera nuevamente los ojos y mirara hacia arriba para encontrarse con unos intensos ojos café que la miraban fijamente. - ¿Está bien señorita? - Preguntó casi susurrando una voz grave sin dejar de mirarla a los ojos. - Si… Estoy bien, es que mi pierna me falla a veces - Ella estaba roja como un pomelo hasta sus orejas, en cuanto pudo bajó la mirada porque los ojos de ese hombre la hicieron sentir intimidada, él sonrió de medio lado al darse cuenta lo que provocaba en ella. - Soy médico, permítame revisar su pierna - Sin esperar su consentimiento la tomó en brazos para llevarla a la silla más próxima, ella se asustó y sin pensarlo pasó sus manos el cuello del desconocido. - Por favor bájeme, es sólo una vieja lesión que no tiene cura - Dijo ella cuando sintió que era levantada del suelo. - No se preocupe, solo quiero ver que no se haya lesionado aún más - Levantó un poco su largo vestido, quitó el zapato y la revisó bien, ella estaba muy apenada, no estaba acostumbrada al contacto, ni siquiera Armando la había tocado nunca así; tenía un pequeño hematoma en el tobillo externo, al parecer se había doblado el pie muy fuerte, cuando el doctor le tocó ella dio un quejido - No es tan leve como piensa, parece un esguince y va a tardar en recuperarse por completo, ¿A dónde quiere que la lleve?, debo vendarle el pie y estará un tiempo limitada - Ella no tenía un destino fijo, no sabía a donde llegar. - A un hotel, dijo con voz temblorosa.- - ¿Está sola? - Preguntó preocupado. - Si, estoy sola.- - ¿Cómo se le ocurre que la voy a dejar en un hotel sola?, usted necesita quien la ayude, no va a poder caminar bien por unos días.- - No tengo a nadie.- Respondió ella con un poco de nostalgia en la voz. - Entonces vendrá conmigo, soy el médico del pueblo, primero solucionemos lo de la venda de su pie y luego vemos el resto - Sin decir más la tomó en brazos nuevamente, le hizo señas al hombre que estaba a su lado, el cual Sofía no había notado y quien tomó sus maletas sin decir una palabra - Permítame cuidar de usted, por favor.- - Doctor, no quiero ser una molestia para nadie.- - Ya le dije que no se preocupe, además no vivo solo, vivo con mi hermana, ¿Qué le parece si me ayuda a cuidarla?, ella a veces necesita ayuda - él la miró esperanzado - Mucho gusto mi nombre es Roger Patrick - Ella lo miró a los ojos y dijo su nombre. - Sofía Hesse.-

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