4. LA CAIDA

1559 Palabras
Roger se sentó en el sofá de su oficina y haló a Sofía para que se sentara a su lado. - ¿Qué necesita de mi el señor Roger? – Él la miró a los ojos. - Para empezar pedirte que por favor dejes de llamarme señor, me hace sentir que soy mi papá. – Ella sonrió. - Ok Roger, entonces, por favor deja de llamarme señorita, llámame Sofía o Sofi si te parece; ¿lo segundo?. – - No sé que decirte primero, Roger estaba visiblemente ansioso, sus manos sudaban profusamente mientras trataba de limpiarlas con el pantalón, en el fondo su subconsciente se burlaba de él, era Roger Patrick, el despiadado hombre de negocios que no le temblaba un dedo para acabar con cualquier empresa que le estorbara; ella lo miró, lo tomó por los hombros y le dijo. - Sólo dime – Él cerró los ojos, respiró profundo y los volvió a abrir mirándola directamente a ella. - Me gustas Sofía, - Ella sintió como si se estuviera quemando de adentro hacia afuera, lentamente bajó los brazos sin dejar de mirarlo mientras su boca se abría sola. - ¿Yo?, Ella miró su pierna - ¿Por qué?. - Si estas pensando que es por ayudar a mi hermana, quítate esa idea de la cabeza; estoy feliz y agradecido contigo, pero, me gustas desde el primer momento que te vi, cuando casi te caes, yo miré tus ojos y sólo vi la mujer mas hermosa del mundo; tus ojos reflejan ternura, inocencia, bondad; tus ojos reflejan la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida -Ella escuchó e inconscientemente tocó el collar. - Pero yo… Soy imperfecta… - Le tomó un tiempo seguir hablando – Además acabo de salir de una relación muy larga y muy tormentosa. – Roger le tomó las manos. - Lo sé y por eso no te estoy apurando, sólo dime: ¿Estarías dispuesta a considerar mi propuesta más adelante?, sé que tu corazón tiene que sanar y estoy dispuesto a esperar – Ella no soltó sus manos, sin darse cuenta un par de lágrimas corrieron por sus mejillas, cerró sus ojos y asintió varias veces, Roger aprovechó y le robó un suave pero significativo beso en los labios – Además no eres imperfecta, eres la mujer más perfecta que he conocido. Los días siguieron pasando y todo fue una rutina, Sofía y Melissa seguían trabajando muy fuertemente, ambas habían mejorado atribuyéndolo a las aguas curativas del arroyo aunque la terapia era intensa, cuando estuvo el quiosco se instalaron barras en las que Melissa podía caminar todos los días, también tenía varios equipos; Roger llevó un fisioterapeuta amigo que alguna vez había tratado a Melissa y definitivamente aprobó todas las técnicas de Sofía, para él este sitio era mejor que cualquier centro de rehabilitación bien dotado. El aprendizaje de diseño también estaba muy bien, el estudio estaba listo, a pesar que el cuarto era grande, no alcanzó el espacio para dividir por áreas, por lo que estaban un poco apretadas, eso obligaba a Melissa a dejar la silla de ruedas y caminar dentro del estudio; cuando se cansaba, se sentaba y así poco a poco fue resistiendo mas tiempo de pie y caminar tramos cortos. Ya habían pasado dos meses y no había dado ninguna razón a Roger aunque su trato era cada vez más íntimo, el día anterior él tuvo que viajar por un problema que hubo en el hospital que afectaba la casa matriz; Cruz decidió quedarse un día más para ver un paciente que no estaba en buenas condiciones. Esa mañana como todas Melissa y Sofía desayunaron y su intención era bajar al arroyo, sin embargo cuando Melissa aseguró su silla de ruedas al ascensor que la descendía al nivel del arroyo, se escuchó un fuerte traqueo, Melissa gritó y Sofía vio como una columna que sujetaba al aparato cedió haciendo que este se desplomara colina abajo, Sofía sin pensarlo sujetó los brazos de Melissa y logró sacarla, sin embargo fue incapaz de balancearse hacia arriba y ambas rodaron por la colina. Rodaron aproximadamente 300 metros por una pendiente bastante pronunciada, Sofía envolvió a Melissa con su propio cuerpo, de manera que su cabeza fue puesta en medio del pecho y su torso fueran protegidos por su brazos y sus piernas rodearon fuertemente las de Melissa para evitar que se lesionara; cuando terminaron de rodar Sofía todavía sujetaba fuerte a Melissa quien tuvo que hacer fuerza ya que ella se encontraba inconsciente. - Sofi… Sofi… - Ella en medio de llanto la llamó golpeándole la cara para que volviera en sí. - ¡¡¡CRUZ… AYUDA… AUXILIO… CRUZ…!!! - Esperando que Cruz o alguien de la casa hubiese escuchado ella empezó a revisar a Sofi. – Sofía tenía varias heridas en la cabeza, Melissa la revisó sin dejarla de llamar, la herida mas grande estaba en la parte de atrás de la cabeza, Melissa se quitó una toalla que tenía en la cintura y se la puso intentando no moverla por si tenía alguna lesión en la columna vertebral; siguió revisándola y encontró una fractura en un brazo y algo que no pensó, tenía sangrado vaginal, después de encontrar esto sus gritos se hicieron más desesperados; pero, si Cruz estaba en la oficina y la señora Sol en la cocina no iban a poder escucharla, ni siquiera habían escuchado el estruendo el ascensor o sino ya habrían salido ya, debía tomar una decisión e ir ella misma a buscar ayuda. Comenzó arrastrándose hasta la escalera, al llegar a la baranda se levantó con dificultad, subió lo más rápido que pudo, hubo un momento en el que dejó de caminar y comenzó a correr, no se dio cuenta cuando dejó la escalera y empezó el camino, tampoco cuando entró gritando a la casa y calló en los brazos de Cruz que había escuchado los gritos y salido a su encuentro. - ¿Qué pasa? – Cruz la abrazó fuerte para que calamara y pudiera hablar. - Cruz… Es… Es Sofí, Creo, creo que está muerta – Melissa lloraba y moqueaba al mismo tiempo, él no podía entenderle, así que la cogió de los hombros y la sacudió fuerte – El ascensor... se cayó… rodamos… Sofi me protegió – Ella volvió a empezar a llorar – ELLA… ESTÁ MUERTA… - dijo entre lágrimas. - ¿Muerta?, no es posible, vamos a verla – Melissa no lo soltó pero le replicó. - No, yo… ni siquiera sé como llegué aquí – - ¿Llegaste aquí sola? – Ella asintió pero lo abrazó mas fuerte. - Ven te siento en el sofá, ¿tú estas bien? – Él le pasó las manos desde la cabeza por el cuerpo buscando heridas pero no encontró nada – Vaya que te protegió. – - Si, - Sin decir nada más le dio un beso en la frente, buscó el maletín y salió corriendo hasta que la encontró, en el camino llamó a Roger para contarle la situación, lo primero que hizo fue revisarle los signos vitales y soltó un gran suspiro cuando se enteró que estaba viva. - Está viva – le dijo a Roger telefónicamente, él estaba al límite de la ansiedad. - Revísala, ya está un helicóptero en camino, tardará aproximadamente 45 minutos – - Si doctor, pero creo que toca sacarla de acá primero; en la cabeza tiene una herida oxipital muy grande y sangrante – - Sigue – - Una fractura en el brazo derecho, puedo inmovilizarla, en las piernas sólo tiene abrasiones y al parecer también una fractura en el pie izquierdo, espere… - Cruz se quedó cayado mientras levantó la toalla que tenía puesta en la cintura – Doctor, usted y ella ya… - era una pregunta incómoda pero había que hacerla en este momento. - ¿Ya qué, Cruz? – - Usted sabe ya… sexo doctor, sexo – Hubo un silencio. - ¿Por qué preguntas?. – - Sangrado vaginal profuso, creo que está o estaba embarazada – Roger se apretó el puente de la nariz con el pulgar o el índice, respiró profundo y dijo: - Haz un tacto – Cruz respondió alzando la voz. - ¡Pero señor!, podemos hacerle daño al feto si todavía está vivo – - Lo sé Cruz, confío en ti. – Aunque Cruz estaba muy temeroso le hizo un tacto, apenas si pudo respirar, no estaba seguro del todo ya que era peligroso manipular en ese momento el útero, cuando confirmó su sospecha le informó inmediatamente a Roger, dejó un apósito en el canal vaginal reteniendo el sangrado y continuó con el tratamiento de las heridas. Durante el transcurso se había cortado la llamada y Roger no había insistido, mientras tanto buscó gente del pueblo para que ayudaran a Cruz a subir a Sofía y a Melissa hasta el sitio donde podía llegar el helicóptero, luego se dirigió al hospital a organizar todo para su llegada, sabía que tenía a mano los mejores especialistas así que estaba seguro que Sofía y su hijo iban a estar bien mientras llegaran a su hospital. Roger nunca aprendió a orar, sin embargo en ese momento sintió la necesidad de arrodillarse y pedir por la vida de su mujer y su hijo, no podía perderla ahora que por fin la tenía cerca.
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