Capítulo 7

2938 Palabras
Lo que aconteció después del nacimiento de los mellizos híbridos: la condición de Viktoria. Al ser Viktoria el primer caso de discapacidad motora entre los sobrenaturales, era muy poco lo que los brujos conocían sobre ortopedia y fisioterapia, dos especialidades médicas que los humanos habían desarrollado ampliamente en el último siglo, por lo que Stefan decidió acercarse al mundo de los mortales para encontrar la manera más cómoda y digna de movilizar a su hija cuando deje de ser una bebé, ya que ella debía ser independiente, aunque él estaba dispuesto a cargarla en sus brazos por toda la eternidad. Fue así que decidió consultar con Torres, con quien se reunió en las oficinas del holding en el distrito financiero de San Isidro, esperando que el humano pueda ayudarle a encontrar al mejor especialista. Sin embargo, el desarrollo apresurado de los mellizos era un inconveniente para acercar a Viktoria a los humanos. - En Lima hay muy buenos médicos especializados en los campos de la Medicina que se requieren para ayudar a Viktoria a desplazarse, ya que, cuando llegue a ser una niña grande o una señorita, va a querer ser independiente –decía Torres mientras contemplaba las fotos de los mellizos que decoraban la amplia oficina del Director General de Höller Gruppe, topándose con una que hacía ver a la pequeña Viktoria como una nueva versión de Amelia, por algunos gestos que la bebé había heredado de su madre-, pero para acceder a ese conocimiento vas a tener que llevarla a consultas con especialistas y sesiones de fisioterapia que harán que esté en contacto con humanos por un largo período, en el cual ella crecerá desmesuradamente si la comparamos con un bebé humano –Stefan comprendió lo que Torres quiso decir con sus últimas palabras. - No había reparado en ese detalle –dijo Stefan mientras soltaba un suspiro de resignación-. Entonces, ¿qué puedo hacer para encontrar la manera de que mi hija pueda desplazarse sin problemas e inconvenientes? - Encontrar un humano que haya estudiado esas especialidades de la Medicina y forme parte de alguna manada u otro grupo de sobrenaturales, o ver la forma que los brujos adquieran todo el conocimiento médico que los humanos han podido recopilar durante siglos de estudios e investigaciones –Torres mostró las dos opciones posibles, una con más bajo porcentaje de probabilidad que la otra, pero el Alfa Höller no se daría por vencido. - Lo primero, encontrar un humano especialista en esas áreas médicas que sea predestinado de algún sobrenatural, lo veo muy improbable; sin embargo, lo segundo es cuestión de consultar con Killari y Ravi, en primera instancia. Si entre el pueblo de los brujos puedo encontrar alguna opción, le pediré a Declan ayuda para Viktoria. Dicho esto, Stefan se comunicó con los mencionados brujos que eran miembros de su manada para que se sumen a la reunión que sostenía con Torres. Por teletransportación llegaron ambos. Por un minuto el Alfa Höller reparó en que esas cosas de sobrenaturales ya no asombraban ni conmocionaban a Torres, que era humano, por lo que sonrió al sentirse satisfecho porque su amigo se pudo adaptar sin contratiempos a esa nueva realidad. Tras comentarles a los recién llegados el motivo que lo reunió con Torres, preguntó si era posible que los brujos puedan hacer lo que el humano sugirió. - Claro que es posible. A nosotros se nos ha entregado la bendición de manejar todo el conocimiento de la creación, por lo que estudiar los hallazgos médicos alcanzados por los humanos no es complicado ni tomará mucho tiempo –respondió Killari mostrando tranquilidad y seguridad en su respuesta. - Y armar los aparatos que Viktoria necesite para su desplazamiento no será un impedimento, ya que contamos con los recursos necesarios para ello –en casos como el de la pequeña diosa, tener mucho dinero era de gran ayuda para hacer realidad los detalles que comentó Ravi. - Entonces, ¿quién de ustedes será el que adquiera todo el conocimiento humano que requerimos para ayudar a mi hija? –preguntó muy animado el Alfa Höller. - Ni Ravi ni yo podemos ser aquel a quien se le entregue esa tarea –empezó a explicar Killari-. Nosotros ya manejamos demasiada información humana, por la cantidad de siglos que llevamos encarnados. Debes pedirle a Declan, el Brujo Supremo, que designe a un brujo joven para que se encargue de recopilar toda la información sobre el avance médico en las especialidades que se requieren para ayudar a Viktoria. Ante el pedido de Stefan, Declan entregó la tarea a Ania, quien estaba próxima a cumplir los dieciocho años, por lo que su poder mágico llegaría a su máximo nivel, haciendo posible que pueda realizar la encomienda sin complicaciones y en el menor tiempo posible. Tres meses le tomó a la bruja recopilar, analizar y profundizar en las investigaciones y estudios humanos sobre ortopedia y fisioterapia, por lo que estuvo lista para plantear una terapia física para Viktoria que ayude a sus músculos, articulaciones y huesos de las extremidades inferiores a que no se vean afectados por la falta de uso, así como diseñar los dispositivos mecánicos que servirían para que la pequeña diosa pueda hacer su vida normal sin necesidad de soporte de terceros. Para ese entonces, ya había pasado un año desde el alumbramiento de los mellizos, y ya tenían la apariencia de dos años y nueve meses de edad humana. Al haber madurado las cuerdas vocales en ambos, tanto Viktor como Viktoria ya podían hablar sin necesidad de usar la telepatía, por lo que la aún infante manifestó su alegría cuando su prima Ania indicaba a los ingenieros y técnicos los dispositivos a colocar en la habitación de la pequeña para ayudarla a moverse hacia la moderna silla de ruedas que la ayudaría a desplazarse hacia donde ella quisiera. «Gracias, prima Ania, por todo lo que haces por mí», se escuchó decir con esa tierna y dulce voz que caracterizaba a Viktoria. La joven bruja cargó en brazos a la pequeña diosa para mostrarle de cerca cada detalle que había contemplado para hacer su vida más cómoda. Para efecto de trasladarse de un piso a otro de la mansión, un sistema mecánico fue añadido a las escaleras, de tal manera que Viktoria por sí misma pueda conectar su silla a este para bajar hacia los diferentes niveles de la propiedad. Asimismo, en cada zona de escalones se implementó rampas para que Viktoria no tuviera problemas en circular con su silla, por lo que no tendría impedimento para acceder a todo espacio de la mansión, incluido el sótano, a donde a los mellizos les gustaba ir para conversar con Calipso cuando Amelia visitaba a la inmortal, quien seguía estando bajo el cuidado y protección de Los Höller, pero sin mezclarse con la familia por no demostrar arrepentimiento sincero por el crimen que cometió contra su hermano Abel. Otro aspecto que se modificó por el rápido desarrollo de los mellizos fue su educación. Ellos no podían formar parte de una clase determinada porque a las semanas o meses ya habían superado la edad de sus compañeros, cambiando sus necesidades de conocimiento y comportamiento, por lo que Amelia sugirió que ella se dedicaría a la educación de sus hijos. Contando con el apoyo de eruditos de cada especie sobrenatural, la hija de la Madre Luna empezó a impartir a sus hijos diferentes asignaturas que les permitieran experimentar esa parte de la vida encarnada. Si bien es cierto que los mellizos eran los representantes del Dios Supremo entre los sobrenaturales, al llegar a La Tierra por nacimiento, debían experimentar cada etapa de vida como lo hacían los miembros de ese pueblo, por lo que la omnisciencia no sería entregada a ellos hasta que alcanzaran la edad de destino. La educación exclusiva hizo posible que los mellizos pudieran absorber todo el conocimiento posible a su ritmo, uno que se hacía más rápido según como iban madurando sus cuerpos y mentes. Quizás lo negativo de ese tipo de instrucción era el no socializar con otros niños, pero ese detalle era compensado con las actividades sociales en las que sus padres los hacían participar al ser hijos de los líderes de la manada. Así fue como Viktor empezó su entrenamiento físico cuando su desarrollo corporal lo catalogó como un niño de tres años, compartiendo con otros de esa edad, como Keith, el hijo de Katha y Klaus, ya que el Alfa Höller había dispuesto que, al estar en tiempos de guerra, los miembros más jóvenes de la manada empiecen a ser preparados para escapar, defenderse o atacar, según las posibilidades que tengan. A los tres meses de iniciado el entrenamiento, el cuerpo de Viktor maduró, siendo considerado como un niño de cinco años, dejando atrás a los compañeros con los que inició la instrucción para la batalla. Stefan y Amelia tuvieron que lidiar con los sentimientos encontrados de su hijo, a quien le costaba desprenderse de aquellos con los que había logrado afinidad en corto tiempo, solo porque el peso y estatura del pequeño dios hacía que los superara en fuerza, por lo que debía cambiar de grupo. - Pero Keith es mi amigo, así como Hendrik, Mikhail y los demás. ¿Por qué tengo que dejarlos e ir con el otro grupo? –preguntaba Viktor mientras en su rostro se marcaba un semblante de fastidio y cruzaba los brazos. El pequeño dios no era de hacer berrinches, pero no quería dejar a quienes apreciaba. - Mi corazón chiquito, es que ya has crecido y te has vuelto más fuerte que Keith y los otros niños, por lo que los ejercicios que ellos realizan ya son demasiado fáciles para ti. Además, al ser tan grande ya no puedes competir contra ellos, ya que siempre les vas a ganar, por lo que tu rendimiento bajaría al no tener a otros amiguitos que puedan ser tan rápidos y fuertes como tú, y el de tus amigos también se vería mermado al desanimarse porque el único que siempre ganaría serías tú –explicaba Amelia a su hijo mientras acariciaba el entrecejo del pequeño para que dejara de marcarse por la molestia que experimentaba ante la noticia que le dieron sus padres. - Pero yo no tengo la culpa de ser diferente a ellos, mami –la voz llena de lamento del pequeño dios puso en alerta a los amorosos padres. - Viktor, nadie te está culpando de nada. En realidad, ni tú ni tus amiguitos son culpables o responsables del cambio de grupo al que debes acceder para continuar con tu entrenamiento físico, simplemente son cosas que pasan por lo especial que eres –recalcó Stefan tratando de hacer sentir mejor a su hijo. - Ser diferente apesta –soltó Viktor rompiendo en llanto. El pequeño tapaba su carita, ya que no le gustaba que lo vean llorar. - Amorcito –decía Amelia bajando con un suave movimiento el brazo de su pequeño para ver sus hermosos ojos violáceos brillando por las lágrimas que caían de ellos-, no reniegues de lo que eres. Recuerda que tu diferencia radica en nosotros, tus padres. El amor de papá y mamá hizo posible que tú y tu hermanita nacieran, y lo maravillosos que son se debe a nosotros. Es por mi lado vampiro que creces a una velocidad distinta a los otros niños. No es una maldición ni un castigo, simplemente es lo que yo entregué para ustedes, mis hijos –tras recordar ese detalle, que el desarrollo acelerado se debía a ser parte vampiro, herencia de su madre, Viktor se abrazó a Amelia. - Perdón, mami. No pienses que te rechazo al renegar por lo que soy, es que a veces quisiera ser normal –ahora el llanto de Viktor era porque sentía que había ofendido a su madre. - Viktor, hijo, pero nosotros no somos normales –soltó Stefan riendo. La reacción del Alfa Höller llamó la atención de su hijo, quien dejó de esconder el rostro en el hombro de la madre para mirar con asombro al padre-. Somos sobrenaturales, por lo que cada especie es diferente, así que no podemos hablar de normalidad entre nosotros. Con quienes debemos compararnos para establecer algún criterio de normalidad sería con los humanos, y ya sabes que tenemos amplias diferencias con ellos. Así que, mi querido niño, no busques ser normal, busca ser feliz –Stefan terminó de hacer su comentario dejando un beso sobre los cabellos negros azabaches de Viktor, tranquilizando al pequeño dios al entender lo que su padre quiso explicarle. En el caso de Viktoria, por su condición, no participaba de los entrenamientos para el combate. Stefan y Amelia habían decidido que debía ser cuidada y protegida como lo hacían con las ex Lunas de la manada. En un primer momento, cuando se desconocía la discapacidad de la pequeña diosa, Amelia pensó que su hija debía ser entrenada en el combate para que participe de las batallas como ella lo hacía, ya que, al tener poder divino, no dudaba en estar presente durante los enfrentamientos que su compañero eterno lideraba, para darles confianza y proveer a los guerreros de la ayuda necesaria para salir vencedores. Sin embargo, que Viktoria esté impedida de caminar hizo que Amelia cambiara de opinión, más cuando era incapaz de ver el futuro de sus hijos. No obstante, Stefan no dejó de llevar a su hija a ver los entrenamientos de Viktor, así como instruirla en el arte de la planeación bélica. El Alfa Höller decía: «No podrá combatir cuerpo a cuerpo contra nuestros enemigos, pero puede ayudar en plantear estrategias que utilizaremos en el campo de batalla. Ella también es la representación del Dios Supremo entre los sobrenaturales, así que su intervención en nuestros destinos siempre será una bendición», de ahí que la pequeña diosa no faltó a ninguno de los entrenamientos de su hermano. Al llegar el tercer aniversario del alumbramiento de los mellizos, la edad de desarrollo corporal y mental que demostraban era la de niños de diez años. Gracias al entrenamiento físico, el cuerpo de Viktor creció muy saludable. Al ser hijo del Alfa, híbrido de licántropo y vampiro, era de esperarse que su altura y fuerza sobrepasara ampliamente la de sus pares, por lo que, aunque había chicos de su edad con los que podía competir, los entrenadores decidieron aumentar la edad de los contrincantes de la representación del Dios Supremo entre los sobrenaturales. Fue así que, teniendo diez años, Viktor competía contra adolescentes de quince o dieciséis años, exigiéndose aún más para salir airoso. A contraste del progreso que mostraba Viktor, su hermana empeoraba en su condición física. Por más que Ania planteara diferentes terapias físicas para mantener en buen estado las extremidades inferiores de Viktoria, estas empezaron a deformarse. Mientras la niña iba aumentando de edad, los músculos se atrofiaban por la falta de uso y los huesos, así como las articulaciones, empezaron a dejar la forma adecuada para optar por una que hacía imposible que a futuro hubiera una posibilidad de movimiento. Aunque no había dolor, a la niña diosa le angustiaba el mirar sus piernas y notar las diferencias que había con las de cualquier otra persona. En algún momento llegó a perder la calma y a llorar desconsolada por no poder hacer algo para mejorar su cuerpo, ya que, al haber empezado a manifestar su poder divino, había arrancado de la muerte a varios pajarillos que caían malheridos al chocar durante el vuelo con algún ventanal de los altos edificios que se alzaban en Renania, más no podía hacer nada por ella y su condición. En esa oportunidad, Viktor manifestó su poder divino y consoló a su hermana mientras la cargaba sobre su regazo. Una hermosa luz blanca emanó del cuerpo del niño dios, y al ir aumentando su brillo, el sufrimiento emocional de Viktoria desapareció. Era la misericordia, el consuelo divino que El Creador provee a su creación cuando los avatares de la existencia encarnada golpean fuerte y duro, haciendo que el miedo y la tristeza manifiesten el sufrimiento al sentir dolor físico o emocional. «No sufras, Viktoria. Yo siempre estaré a tu lado y te protegeré de todos, hasta de ti misma, cuando sientas que no puedes más con lo que te toca vivir. Solo preocúpate por ser feliz porque, por más desdicha que llegue a tu vida, eres luz para quienes te amamos. Sé nuestro faro en la oscuridad, nuestro confort en la adversidad, nuestra fuerza ante la debilidad. Eres nuestro ejemplo de valentía, hermanita. Nunca lo olvides», después de soltar esas palabras, Viktor acomodó a su hermana sobre la cama, ya que había caído en un profundo sueño que la mantuvo descansando por dos días completos. Al despertar, Viktoria era otra, llena de positivismo y alegría, y nunca más volvió a mostrar preocupación ante las dificultades que le tocaban vivir. Un año más tarde, cuando los cuerpos y mentes de los mellizos mostraban ser el de unos púberes de doce años, una revelación fue entregada a la Manada Höller. En plena celebración por un aniversario más de las nupcias humanas del Alfa y la Luna, Viktoria alzó la voz y empezó a manifestar la voluntad del Dios Supremo: «Es hora de ir hacia aquellos que se mantienen en el engaño para persuadirlos a dejar las tinieblas y acercarse a la luz. La unificación de los pueblos sobrenaturales se hará realidad no por la fuerza física, sino por la de la palabra». Terminado de decir ello, la diosa miró a Viktor y le dijo: «Ha llegado tu momento, hermanito. Ya estás listo para iniciar tu misión».
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