El ambiente en la sala de cine siempre es propicio para querer besar a alguien, sobre todo si ese alguien que está junto a ti es Keily Jauregui que con quince años lucia jodidamente hermosa. La oscuridad, las pocas personas que había y la mano de la ojiverde rozando la de Dafne. Iban cerca de veinte minutos de proyección y la castaña apenas entendía de qué iba el asunto de la película, sería muy incómodo cuando saliera de ahí y no tuviera ninguna opinión respecto a la trama. La mayor decidió entonces empezar poner atención y dejar de estarse fijando en cada gesto de la otra. Se recargó completamente en el asiento para una mayor comodidad y apoyó su cabeza en el hombro de Keily. Todo lo de comenzar a ver realmente la cinta no duró ni un minuto ya que Keily posó su brazo

