Keily estaba sentada en una banca en un parque ni muy concurrido, el clima era fresco y el día parecía tranquilo, de no ser por la pequeña discusión con su madre durante el desayuno diría que era una mañana perfecta. O quizá sí era la mañana perfecta, perfecta como la chica que se acercaba a ella con una sonrisa que le contagió en cuanto se percató de su presencia. Dafne se sentó junto a la menor abrazándola fuertemente y depositando un beso sonoro en su mejilla. — ¿Cómo estás, Lo? —comenzó a hablar la castaña. —Bien. Quizá un poco cansada. — Oye… No quiero ser chismosa, pero oí a tu papá decirle al mío que discutiste con Sarah hoy ¿es porque llegaste un poco más tarde en la madrugada? Lo, si es así de verdad lo siento, no me di cuenta de la hora y… —O

