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1903 Palabras
Se puede decir que Dafne se estaba tragando sus celos mientras Keily trataba de controlar sus nervios por el mismo factor; Juno.   Dafne se estaba arrepintiendo de haberla mandado con ellas, pero eso era algo tarde o temprano iba a suceder, Keily encontraría a alguien y es que para eso se suponía que estaban haciendo todo eso, para que la ojiverde fuera capaz de salir con cualquier chica, para que saliera con Leah y después con la que ella se propusiera.   Sí, el proyecto de volverla tops no fue solo para ayudarla porque la castaña fuese un alma caritativa, fue también un pretexto de Dafne para tocar a su tentadora vecina, pero después de conocerla mejor se dio cuenta de que no sólo era linda, era hermosa en todos los sentidos, atenta, caprichosa, con gustos raros y frikis hasta cierto punto, audaz y también divertida. No pensó que la pequeña fuera tan especial.   Y mientras Dafne liberaba su mini lucha interna, Keily liberaba otra bastante parecida porque la rubia a cada momento parecía acercarse más y estaba ahí para besar a una chica, quizá esa chica resultaba ser la rubia, entonces ¿por qué no dejaba de pensar en Dafne? Sí, le gustaba, pero no pensó que fuese tan importante como para que eso le impidiera disfrutar del momento con la maravillosa ojiazul ¿o acaso sí lo era? Quizá sí, mejor dicho, sí, claro que lo era, pero bien la castaña ni sentía lo mismo y seguramente la defraudaría si no lograba lo que le había encargado, o por lo menos esa era la idea de la menor.   Juno le sujetó las manos y pegó su cuerpo completamente al de la ojiverde. Keily se estremeció al sentir el rostro de la rubia en su cuello, su respiración caliente y su nariz y labios rozando con su piel. Juno sonrió satisfecha al notar que la menor se erizó.   Dafne sintió una cubetada de agua fría al ver la escena y lo único que pudo hacer fue robar la copa del chico que estaba a su lado y tomársela de un solo golpe.   —      Entonces ¿Qué clase de amiga de Dafne eres? ¿Solo amigas? —cuestionó Juno al oído de Keily.   La ojiverde era incluso menos que eso, eran más bien compañeras de crimen o compinches de banca como suele decirse, aunque le hubiera gustado decir que eran amigas con beneficios o algo similar no eran eso porque todo lo que hacía con ella eran prácticas para precisamente saber sobrellevar un momento como en el que se encontraba en ese instante y conseguir varios más.   —      Sí, amigas —respondió.   Juno entonces pasó soltó las manos de la menor, rodeó su cintura y apoyó su rostro completamente en el cuello de Keily inhalando su aroma.   —      Eres bastante linda, Keily —dijo separándose un poco para verla a los ojos.   —      Gracias. Tú también lo eres.     La rubia esbozó una sonrisa y comenzó a disminuir el espacio entre ambas de una manera lenta hasta que sus labios comenzaron a rozarse.   Keily cerró los ojos mientras Juno seguía jugando con el roce de sus bocas, apenas se acariciaban labio a labio y cada pequeño toque era más placentero que el anterior.   Por fin la mayor terminó de cerrar la distancia y la besó metiendo su lengua en la boa de Keily desde el principio.   Sabía ligeramente a alcohol y a menta y a Keily quizá no le gustó tanto el sabor al principio, Juno metió las manos por debajo de la blusa de la ojiverde acariciando directamente su espalda, en ese momento la ojiverde tuvo que reprimir un ligero gemido y comenzó a olvidar el sabor de la boca de la rubia y el hecho de ser, según Keily, una exibicionista en plena fiesta, se sentía bien.   Por otro lado, las chicas besándose eran observadas por Danna y Dafne. La más alta quedó boquiabierta de la sorpresa y emoción al ver que lo logró, la castaña quedó boquiabierta porque no podía creer lo mal que se sentía ver a Keily de esa manera con alguien que no fuese ella.   —      A simple vista se ve tan inocente —comentó Danna divertida, pero, cuando giró la vista hacia su amiga, se dio cuenta de que se miraba ago extraña.   Dafne tenía la cabeza baja y la más alta estaba a punto de preguntarle qué le ocurría sin embargo la castaña se adelantó a dar respuesta.   —Iré al baño, me siento un poco mareada —indicó la más baja tratando de no ver a los ojos a Danna.   —      ¿Quieres que te acompañe?   —No, no es nada grave, solamente me dio asco algo que comí —se excusó antes de salir de ahí.   En ese momento Juno y Keily se separaron y la menor recargó su barbilla en el hombro de la rubia, así vio a Dafne subir las escaleras un tanto apresurada, incluso pareció ver un a lagrima escapar de sus ojos.   Keily arrugó el entrecejo y la preocupación comenzó a inundarla, no sabía qué le ocurría, pero necesitaba saberlo y estar con ella.   Se alejó ligeramente de Juno y le dedicó una pequeña sonrisa.   —Debo ir al baño —dijo la ojiverde.   —      Puedo ir contigo —mencionó Juno con alguna intención más.   —No, también debo hablar con mi madre.   —De acuerdo, pequeña. Déjame tu número —indicó entregándole el móvil.   A Juno le enterneció un poco que Keily tuviera que hablar con su mami para seguir ahí.   La más joven agendó su número y le entregó el celular a la rubia antes de irse lo más rápido posible tras Dafne.   Keily siguió a Dafne antes de perderla de vista, la chica se internó en una habitación y la más joven tocó a la puerta llamando a la castaña por su nombre.   Dafne sintió un hueco en el estómago cuando escuchó la voz de la ojiverde tras la puerta, fue casi al instante de que cerró, ni siquiera se dio cuenta de que venía tras ella.   —Dafne —volvió a pronunciar la voz de Keily, se escuchaba más grave de lo usual.   —S-sí —atendió la castaña finalmente.   —      ¿Estás bien, Dafne? —cuestionó un poco más aliviada por oír la voz de la mayor.   —Sí, solo… me sentí un poco mal.   —¿Puedo pasar? —preguntó luego de girar la perilla y darse cuenta de que estaba cerrado.   —Este… —lo dudó, pero… —Sí —respondió quitando el seguro del picaporte y sentándose sobre la cama limpiando un poco su rostro. No podía decirle que no a Keily y eso lo acababa de comprobar.   La de mirada esmeralda entró cuidadosamente y vio a Dafne gracias a la tenue luz que se filtraba por la venta.   —Daf… ¿Puedo hacer algo por ti? ¿Qué es lo que tienes? ¿Te duele algo? —comenzó a cuestionar mientras se acercaba y se acomodaba a su lado.   —      N-no, creo que ya me siento un poco mejor — dijo con una sonrisa débil.   —      Estabas llorando ¿segura que te sientes bien? Puedo hablar con Danna y podemos irnos.     —No, Lo. No estaba llorando, tenía náuseas eso es todo. Danna se está divirtiendo, no la moleste os hasta la hora acordada.   Keily asintió no muy convencida.   —Si tienes náuseas aún puedo traerte agua.   —Ya no las tengo, solo fueron un momento.   —De acuerdo, Dafne ¿sabes por qué fue? Deberíamos ir al médico.   Dafne podía sentir que toda esa dedicación por parte de Keily hacia ella la hacía ponerse un poco mejor.   Keily la siguió porque estaba preocupada por ella ¿cómo un gesto tan pequeño podía sacarla de un momento tan ridículamente triste y llevarla hasta el otro extremo del sentimiento?   —      No, Lo —contestó Dafne con una sonrisa dibujada en el rostro que no supo ni en qué momento se le formó, aunque su mirada aún lucía un tanto apagada —. Fue algo que vi, digo comí —se corrigió con rapidez —. Tendría miedo de un embarazo, pero soy re gay —agregó bromeando un poco para que a Keily se le bajara un poco la angustia de verla así. Funcionó puesto que a la más pequeña se le escapó una risilla.   —Bien, creo que será mejor que no pruebes otra cosa o te tendré vomitando todo lo que has comido en el día.   —Tranquila, no lo haré. Ahora baja, vi que te estabas divirtiendo —dijo instintivamente en un tono que sonó más a reclamo que a otra cosa. Quizá Dafne no se dio cuenta pero Keily sí y aunque consideró que podía ser su imaginación quedó con esa duda interna.   —      No. Prefiero quedarme aquí contigo. De cualquier manera, ya cumplí con lo del proyecto —indicó la ojiverde con un poco de inocencia.   —      Me di cuenta —respondió apartando la mirada con disimulo —. Y… ¿Te gustó el beso? —cuestionó a pesar de saber que la respuesta podría no agradarle, simplemente quería saber.     —      Un beso es un beso, Daf.   —Lo sé, pero…   —      ¿Pero…   —      Nada —se arrepintió Dafne de seguir dándole vueltas al asunto —. Espero hayas aprendido algo de Juno al menos —añadió con el fin de darse consuelo a sí misma más que nada.     —Creo que lo hice. De hecho…   Dafne la miró atenta puesto que al parecer quería decir algo y a la vez las palabras no querían salir de su boca.   —      Dime, Lo —dijo con amabilidad y calidez, sus celos ya habían bajado bastante, principalmente porque fue capaz de dejar a Juno para ir con ella.   —      Creo que podría mostrarte un poco de lo que aprendí, después de todo eres mi maestra o algo por el estilo —dijo haciendo un gran esfuerzo para no tartamudear y rogando internamente que Dafne no creyera que se quería aprovechar del momento.     La castaña se sorprendió y lo disimuló, Keily prácticamente le estaba pidiendo permiso de besarla, quizá Dafne sonrió internamente, pero esa sonrisa fue opacada por el recuerdo de Juno.   Dafne lo dudó un poco teniendo un lío en su interior, un lío entre sus celos y su lujuria en el cual una parte de su ser se encontraba ofendida porque Keily se besó con otra mientras la parte cargada de deseo dentro sí le decía que se dejara tocar por esa chica que tenía frente a ella ahora que tenía oportunidad, que no tenía por qué sentirse de esa manera puesto que no eran nada y ella misma le había dicho que debía besar a una chica esa noche.   Los celos y la tristeza gritaban no lo hagas, y la lujuria le decía que no habría problema ya que todo seguía igual entre ellas.   Luego logró escuchar la voz de la lógica en sus oídos y llegó a la conclusión de no hacerlo porque en un susurro le dijo: no sigas o te seguirás lastimando.   —Daf —llamó Keily al ver que no respondía y solo observa al suelo.   Así la castaña levantó la cara regresando al mundo real y se encontró con el rostro del menor cubierto parcialmente por un rayo de luz que hacía brillar sus ojos esmeraldas.   Entonces una parte del ser de Dafne habló, una parte que se había mantenido en silencio durante el corto tiempo que llevaban en la habitación.   Porque no podía resistir estar bajo la atención de Keily.   La lógica, los celos, la tristeza, la lujuria y el montón de emociones restantes revueltas dentro de ella fueron mandadas al demonio por el amor.   —Sí —respondió aún perdida en los orbes verdes —, practiquemos lo que aprendiste hoy —, añadió con una boba sonrisa en los labios. ¿Por qué el sentimiento más fuerte era el más estúpido?
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