27 Después de que Nick se fuera dejando a Slim una nota manuscrita con su número de teléfono y un par de direcciones de correo electrónico, Slim encontró una tienda en la calle mayor para imprimir las fotos que había tomado del corral de la Granja Worth. Con las que había tomado del antiguo taller de Amos Birch, primero las agrandó hasta que la puerta y su cerrojo llenaron la pantalla, de forma que si estas tenían una marca, un experto en este campo lo sabría. Usando el fax de la tienda, las envió a un número de Londres y luego salió a hacer una llamada. —Alan, soy Slim —dijo cuando oyó en la línea la voz de un viejo amigo—. Necesito un favor. Alan Coaker, un antiguo compañero de cuarto en sus días de formación en Harrogate, interrumpió con toses una risa. El sonido áspero de su voz su

