Capitulo 11: Atención al cliente

2583 Palabras
Cuando tenía cinco años mis padres me llevaron a la famosísima feria de verano del pueblo, puede que no lo parezca, pero mi familia no es originaria de aquí, nosotros venimos de la gran ciudad. Pasamos de las ceras llenas de pavimento, las calles rebosadas de autos y la casi nula naturaleza a este lugar casi remoto lleno de vegetación, lagos y calles llenas de personas. No recuerdo casi nada de la ciudad, pero en cambio recuerdo la primera vez que pisé este pueblo, estábamos en vísperas de navidad, mis padres decidieron cambiar de ambiente porque papá estaba enfermando y mamá ya no podía con el estrés del día a día, así que decidieron juntar sus ahorros y mudarse lejos de la gran ciudad. No fue una decisión fácil, pero era necesaria para que nuestra familia siguiera unida. Esa navidad no vino Santa, pero encontramos algo más importante que un regalo, encontramos un hogar. Días después conocimos a los Williams, una familia que si era originaria del pueblo. Los Williams eran una pareja extraña, de ese tipo que te hace suspirar de admiración y luego fruncir el ceño del asco. La Sra. Williams era una mujer muy hermosa con el cabello n***o azabache sus ojos tan azules como el cielo la hacían ver casi irreal. Lo que tenía de hermosa lo tenía de extraña, en su rostro siempre adornaba una sonrisa, rara vez abría sus ojos completamente... es una mujer bastante espeluznante, pero es muy buena persona si la llegas a conocer bien. Su esposo al contrario de ella era un tipo que se veía demasiado serio y brusco para ser tratado, su cabello rubio casi platinado siempre estaba perfectamente peinado hacia un lado y sus ojos verdes le daban la apariencia salvaje de un felino, un tipo muy guapo... casi hermoso. Luego de los señores Williams estaban sus hijos: James, Lisandro y Edmund. James era un niño curioso, todo lo quería saber, todo lo quería aprender. Su fascinación por las personas fue lo que lo llevó hasta a mí, la definición más exacta que puedo buscar es que era como un patito parlanchín, siempre hablando, siempre preguntando cosas. Luego estaba Lisandro, su personalidad no era tan opuesta a la de James, pero Lisandro tenía tendencias a burlarse de las personas... bastante fastidioso si me lo preguntaran, su apariencia era la viva imagen de su madre, mientras James y Edmund eran idénticos al Sr. Williams, Lisandro tenía el cabello n***o azabache de su madre combinado con los ojos verdes esmeralda de su padre, un tipo muy lindo si no fuera tremendo palo en el siempre sucio. Y por último tenemos a mi favorito de todos, el pequeño Edmund o el principito como sueño decirle... aunque la personalidad del principito va más con James. De igual forma, Edmund era un chico muy amigable y a veces tímido, odiaba el ruido y amaba leer cualquier libro que hablara acerca de estrellas y planetas. Sus ojos azules con claros destellos verdes lo hacían ver como una perfecta combinación de la genética de ambos padres, su cabello era más oscuro que el de James por mucho, pero sus caras eran casi iguales. Edmund era paciente y no le gustaba atormentar a las demás personas, no compartía esa característica con sus otros dos hermanos. ¿Y por qué estoy recordando esto? Ahora que estoy intentando "algo" con James me puse a pensar en la primera vez que hablamos, fue justo cuando los señores Williams se aparecieron en nuestra puerta con una tarta de manzana. Jacob y yo nos escondimos detrás de nuestros padres viendo a los tres niñ0s bonitos que vinieron con esos dos angeles. James se lanzó sobre mí preguntando todas las dudas que tenía. Todavía lo recuerdo... —Ese niño me da mucho miedo —Susurró la pequeña Jade aferrada a la pierna de su madre. El pequeño James sonrió con inocencia encantado por la niña tan bonita que había llegado al pueblo. Los adultos rieron enternecidos por la pequeña interacción de ambos niños. —James solo quiere conocerte, Jade —susurró la Sra. Duncan a su pequeña hija. La niña miró al tipo llamado James con sospecha, su sonrisa llena de confianza contrario a darle seguridad le asustaba. ¿Cómo alguien podía verse tan angelical sonriendo? ¿Cómo alguien era tan lindo? ¡¿Cómo alguien era tan amigable? Definitivamente ese tipo que media mucho menos del metro se traía algo entre manos y ella lo iba a descubrir. Pasaron las horas y Jade todavía miraba a James con sospecha, se alejaba cada vez que el niño se acercaba a hablarle y rechazaba cada intento del niño por acercarse. Él era raro. Esa familia era rara y el niño de cabello n***o llamado Lisandro o cómo sea no dejaba de burlarse de ella, estaba harta. —Ese tipo me da desconfianza —murmuró mientras arreglaba su cama. Jacob, su hermano mayor la miró con una ceja levantada desde su cama. —¿Qué tipo? Su pregunta hizo que Jade le lanzara una mirada de pocos amigos ¿En serio ese era su hermano? A veces pensaba que el tipo era adoptado o ella era la adoptada. —¡El vecino! —le gritó haciendo un pequeño berrinche. Jacob volteó los ojos cansado, esa niña era muy rara a veces. —¡Él es raro, siempre sonríe y es tan... —¿Amable? —Jade entrecerró sus ojos. —Raro. —Ok... Duérmete ya, idiota. Solo dices sandeces —la almohada aterrizó en su cara con toda la fuerza que una niña de casi seis años podía tener. —Pues fíjate que no sé lo que significa endeses —Jacob la miró con fastidio una última vez antes de acostarse dándole la espalda —Se me hace que eres adoptado. Pasaron días y semanas, Jade seguía convencida de la culpabilidad de James... cuál fuera que sea. Había algo raro en ese chico, algo que le hacía sentir cositas en el estómago ¡Eso era una señal de su culpabilidad! Así que decidió hablarlo con su madre. La Sra. Duncan la miró con una sonrisa enternecida. —Deberías de hacerte amiga de él, tal vez así descubras por qué sientes esas cosquillitas ahí. Jade sintió como si algo se rompiera dentro de ella, un estruendoso trueno resonó en su cabeza. ¿Cómo podía ella decir eso? ¡Su propia madre! ¿Acaso era su enemiga? —Deja el dramatismo, Jade —le acarició la cabeza con cariño —Es un niño muy dulce, viene todos los días a buscarte para jugar, dale la oportunidad. Darle la oportunidad... eso sonaba loco, pero tampoco perdía el tiempo intentándolo, una decepción más o una decepción menos. —Lo pensaré —fue lo último que le dijo a su madre antes de regresar a su guardia de pensamiento. Después de meditarlo un rato y golpear a Jacob, Jade salió al patio con su conejo de peluche llamado Brandy. Cómo siempre el tipo llamado James Williams estaba corriendo del lado de su patio jugando con unos aviones, corría y sonreía tan feliz. —Otra vez las hormigas en la panza —exclamó enojada. James frenó en seco al notar la presencia de la vecina que vivía al otro lado del patio de su casa, ella era... rara, pero le caía bien. Su ceño fruncido no lo intimidaba ni un poco, era una niña muy linda con sus mejillas llenas y ropa mayormente holgada. Él la describía como el amor de su vida, aunque no sabía todavía el significado de esas palabras. —Hey —saluda Jade asombrando un poco al niño que ya estaba acostumbrado a sus rechazos —ven a jugar conmigo y mi mejor amiga Brandy. James miró a la pequeña coneja de juguete que tenía en sus brazos ¿Esa era Brandy, su mejor... amiga? Inclinó su cabeza hacia un lado viendo a la niña con curiosidad. —¿Jugarás conmigo o no? —preguntó con impaciencia. El niño soltó una risa emocionada y corrió hacia la cerca que los dividía. —Brandy dice que te quiere conocer, saludala. —¡Hola Brandy, soy James! —saluda emocionado a la coneja de peluche —un placer conocerte, espero que seamos muy buenos amigos. Jade lo miró con desconfianza, pero no hulló ni se alejó. Tal vez el tipo llamado James no era tan raro como lo imaginaba. Brandy sabía escoger muy bien a las personas. Catorce años después, en el presente... Suspiro con una sonrisa en mis labios mientras miro mis flores ya un poco sin vida, pero todavía seguían siendo hermosas, las más hermosas de todas. —¿Me cobras esto? —pregunta una de las clientas con timidez. Salgo de mi ensoñación y le sonrió amablemente a la chica, esta solo me mira asustada esperando que le diga algo para irse a llorar. Bueno, parece que eso es justo lo que quiere hacer, no entiendo por qué? —Con el descuento son quince con setenta centavos, ¿pago con efectivo o tarjeta? —suelto una pequeña risita al ver su cara de shock ¿Y a esta qué le picó? —Es que ya son las una y cinco, pensé que los descuentos eran las doce y media —susurra con timidez. —No te preocupes, es una prenda que ya tiene descuento ¿algo más? La chica niega un poco asustada, cuando me entrego la bolsa de su compra me da las gracias y sale casi huyendo de la tienda, ¿Tendrá otros compromisos? —Hoy las clientas están actuando muy raro —digo preocupada, tal vez hay algo malo en la tienda o... —La que está actuando raro es otra —bufa Sandra desde la sección de descuentos. —¿En serio? —pregunto totalmente despistada —¿Quién? —¡Tú! —me gritan a la vez Diego y Sandra. Diego estaba trabajando cof-obligado-cof en la tienda desde hace tres días. Hace tres días fue mi cita con James ¡la mejor cita de la vida! ¿ya les conté? Desde ese día James ha estado llevándome a mi trabajo, dándome regalos, comida, dulces ¿ya les conté que tuve la mejor cita de mi vida con él? Es muy perfecto para ser real... —No sé de qué hablan estoy actuando normal —mis amigos me mira con sarcasmo antes de seguir en sus labores. —lo que pasa es que ustedes son unos amargados. —Sí, nosotros —escucho decir a Diego. Decido ignorarlo para no seguir con la discusión ¿Hoy vendrá James por mí? ¿Me traerá flores otra vez o... —Cobra esto —la voz pedante interrumpe mi ensoñación. —¿No escuchaste? ¡Cobrame rápido, necesito el tiempo? Sandra se asoma a escuchar la voz grosera, pero se devuelve al ver quién es la que está en la caja. Ness. La tipa más grosera, maleducada, antipática, rastrera... podría seguir dandole adjetivos toda la tarde. Su cabello rojizo brilla como la intensidad de mil soles, hermosa como un lirio y todos sabemos que los lirios son tóxicos le va perfecta la comparación, y su cuerpo estéticamente bien acomodado, lastima la personalidad de mierda que se manda. —Buenas tardes para ti también —digo con sarcasmo mientras tomo las prendas del mostrador. Ness solo voltea sus ojos con fastidio sin apartar la mirada de su iPhone 17 pro max y mi teléfono todavía sigue siendo el 13 sin el pro ni mucho menos el max. —son treinta cerrado, pago en efectivo con... —la tarjeta de crédito se desliza sobre el mostrador hasta caer al suelo. Tomo una fuerte inhalación de aire y me agacho a recogerla. Maldita atención al cliente, siempre me cayó mal. —¡Oh! —Ness dice sorprendida. Levanto la mirada ya irritada por su mala educación topándome con una sonrisa diabólica en su cara —eres el nuevo juguete de James, ¡Qué distraída! Sí, distraída. Esperen... ¿Juguete de quién? —¿Cómo se siente recoger mis migajas? —ataca sin ningún filtro —Siempre me diste esta vibra. Miro hacia donde están Sandra y Diego asomados preguntándoles con la mirada ellos solo niegan confundidos al igual que yo. —¿Qué vibra? —pregunto aburrida. —James siempre estaba pendiente de todo lo que pasaba contigo, pero ibas a preguntarle mi fecha de cumpleaños y sabrá Dios que fecha te iba decir, siempre supe que ustedes dos tenían algo que ver. Miro hacia otro lado avergonzada, pero no por mí, sino por ella ¿No le da pena armar este teatro con tantas clientes en ella? La vergüenza debe de tener vergüenza de ella. —¡Sabía que era puro teatro que lo odiabas! —hasta este punto todos los clientes en la tienda estaban más pendientes de su repentino ataque que sus compras. —¿Puedes bajar un poco la voz? Los clientes te están viendo —aquello fue como el detonante que necesitaba para seguirme gritando con más energía. —¡Eres una igualada quita novios y que todos los que estén aquí lo sepan! —se volteó a la clientela señalandome con su dedo —¡esta zorra que está aquí de metió con mi novio mientras fingía odiarlo! Todos en la tienda voltearon a verme, algunos con desaprobación, otros estaban emocionados esperando alguna respuesta de mi parte que nos lleve a los golpes como unas neandertales. Pelear por un hombre es tan vintage, no sabía que todavía se realizaban estas prácticas tan vergonzosas. —¿No piensas defenderte? —dice una de nuestras clientes frecuentes en la tienda. —Emmh puede que sí —todos me miran confundidos haciéndome poner más nerviosa —tam... también puede que no, ¡no sé, me ponen muy nerviosa! —¿Entonces te metiste con su novio? —¿Qué? ¡No! ¡No! definitivamente no —respondo a su pregunta. —¡Mientes! —replica Ness completamente metida en su papel de víctima. Wow que buena actriz. —¡Jade podrá ser una sarcástica, poco delicada y hasta grosera, pero nunca una quita novios! —Sandra sale de su escondite a defenderme siendo seguida por Diego. —¡Cierto, la atención al cliente no es lo suyo, pero quitar novios tampoco lo es! —apoya mi mejor amigo. ¿Gracias? Todos en la tienda me miran expectantes esperando alguna respuesta coherente de mi parte. —Lo único que diré es que a nadie le importa mi vida privada, vuelvan a sus compras o larguense —todos soltaron un bufido decepcionados volviendo a sus propios problemas —Mira... —entrecerré los ojos fingiendo haber olvidado su nombre. —Ness —concluyó ella. —Ness —pronuncié con pereza acentuando un poco las "s" —lo que pase entre James y yo no es tu problema, terminaron hace meses, supéralo. Así que deja de pasar vergüenza y sigue con tu vida ¿pelear por un hombre? ¿en qué año crees que estamos? ten algo de dignidad. Muchas gracias por tu compra, no regreses mientras yo esté trabajando aquí, no quiero estar incómoda en mi lugar de trabajo. La chica me arrebató las bolsas con el rostro lleno de la ira y supongo vergüenza. El sonido de sus tacones se escuchó hasta la entrada seguido de la campana. —Eso fue intenso —expresó Diego a mi lado. La mirada que le lancé lo hizo callar de inmediato. Qué fastidio.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR