capitulo 4: lago y desesperación

2941 Palabras
—...y por eso es que me deberías de dar permiso para salir antes de mi hora de salida —expongo ante mi progenitor. Este me mira con escepticismo. Claramente no entendió mi punto muy bien explicado, seguramente no tiene la capacidad interpretativa para entender lo que le quiero decir o simplemente se arrepiente de tener una segunda hija. Sí, claramente es lo primero. —termina tu trabajo —abro la boca para refutar, pero una sola mirada me hace callar y volver a lo que estaba haciendo. Jacob ríe a mi lado en un tono burlesco. Tomo la brocha de pintura y la paso por su cara ganando un quejido de disgusto. —esa pintura es de aceite, no es fácil de quitar —se queja. —pues ahora puedo compartir tu risa. El tipo tuerce los ojos con fastidio y se aleja para quitarse la pintura. "se cancela la salida temprano, el explotador que tengo como padre me dijo que no" envío el mensaje al grupo que tenemos compartido con mis amigos. Diego envía un sticker de un gato riéndose, como odio esos estúpidos stickers. Bloqueo mi teléfono y sigo en mi trabajo, tengo que terminar lo más pronto posible. Dos horas después estoy afuera de mi casa esperando que Diego y Sandra pasen por mí. Que calor hace, odio los veranos, bueno odio todo en general, pero el calor... realmente odio el calor. El auto de Diego frena frente a mí y el tipo abre la puerta del copiloto, ahí está mi mejor amigo con una camisa playera desabrochada mostrando sus vergüenzas con unos pantalones cortos. —hola perdedor —practicamente me tiro sobre el asiento del copiloto. Diego a mi lado voltea sus ojos con fastidio, la risa de Sandra llama mi atención y volteo a verla emocionada. Ambas chillamos emocionadas y como podemos hacemos nuestro saludo emblemático sellado con un pacto, un pacto de sangre... mentira, pero es algo de mejores amigas. —¡vamos! —gritamos a la vez haciendo nuestra voz exageradamente aguda. Diego sonríe a medio lado con complicidad y pone a andar el auto. —estas vacaciones serán lo más top —exclama Sandra. —lastima que una de aquí tiene que ganarse la vida —se burla Diego. —¡Piii! por lo menos pasaré las vacaciones con dinero y comprar ese vestido precioso que ví en la boutique de la madre de Sandra. Suspiro recordando el hermoso vestido azul que la madre de Sandra trajo de Europa hace unas semanas, la señora Andrew ofreció regalarmelo, pero le dije que no por la vergüenza en cambio ella dijo que me lo guardaría hasta que tuviera para comprarlo ¡claro que le dije a mis progenitores! pero estos solo se burlaron y me dieron la opción de trabajar en la cafetería para pagarlo... bueno al final el vestido no era tan lindo. Ahora que estoy obligada a trabajar puedo comprarlo y usarlo para el festival de verano que hacen en mi pueblo. una risa de ensoñación sale de mi boca al imaginar lo lindo que me quedará el vestido. —ya mamá te lo ofreció solo tienes que llevártelo —dice desde los asientos de atrás. —no, me da vergüenza, además es un vestido carísimo. Tendría que ayudarla en la boutique cada vez que quiera. —Dios te salve de trabajar —dice Diego con sarcasmo. Sandra ríe en voz alta. —lo que Jade no quiere es atender a los amores de su querido James. Un gruñido sale de mi boca al escucharlos reírse de mí. —¡¿Qué tenía que ver?! —aceptalo Jade, estás loquita por ese tipo —mi puño se estrella contra el hombro del tipejo que va conduciendo —¡ahg! agresiva. —cómo ¡les decía! antes de que me interrumpieran —miré a ambos con advertencia. Sandra levantó sus manos en señal de paz —podré comprar mi vestido al descuento del 70% —cuenta con eso. Los padres de Sandra son comerciantes y se la pasan la mayor parte del tiempo están por fuera, afortunadamente Sandra vive con su abuela a la cual queremos como si fuera abuela de nosotros también, especialmente yo que no tengo abuelos, bueno sí tengo pero es complicado y no voy a hablar de eso. Miro por la ventana y suelto un suspiro de cansancio. —¡ya llegamos, Jade! —grita Sandra en mi oído. Abro mis ojos asustada ¿en qué momento me quedé dormida? la luz del sol lastima mis ojos lo que me hace arrugar la cara y mirar a todos lados buscando ubicarme del lugar en donde estamos. —¿puedes ser un poco más delicada en levantar a las personas? —Sandra ríe y sale del auto al igual que Diego, yo los sigo de última fastidiada por el reciente despertar. Entrecierro los ojos acostumbrandome a la luz fuera del auto y luego los abro enormes al ver el imponente paisaje que está frente a mí. —nunca me acostumbraré a esto —dice Diego y asiento en acuerdo. El lago de este pueblucho es una de las pocas cosas buenas que hay, esto y la plaza de dulces. A lo lejos veo a un grupo de más o menos siete chicos riendo y saltando al lago con una música increíblemente ruidosa. Hago una mueca de desagrado y coloco mis lentes de sol. —hay simios en el agua. Sandra a mi lado ríe por mi ocurrencia. —estamos lejos, quizá ni nos topemos. Diego va a su auto y saca unas cosas del maletero siendo ayudado por Sandra ¿y yo? bueno, yo superviso que hagan todo bien. —si quieres ayudas —me dice Diego. —no, no quiero. El tipo solo se limita voltear los ojos mientras sigue en su trabajo, media hora después estoy recostada en una de las sillas tomando el sol mientras Sandra y Diego juegan en el lago. Solo me limito a flojear porque las actividades con mucho movimiento físico no me gustan, a menos de que sea para salvar mi vida estos músculos no se ejercitarán. Tal vez por eso tengo exceso de grasa en la barriga. —¡Jade, ven a probar el agua está riquísima! —grita Sandra desde abajo. En la parte en la que estamos es lo más parecido a un acantilado, tiene un espacio para bajar al agua hecho de piedras o para los temerarios simplemente saltar, pero estamos a un metro del agua tampoco es que sea muy alto. Desde donde estoy puedo ver perfectamente todo el lago desde a mis amigos jugando hasta a los idiotas del otro lado haciendo lo más parecido a un ritual satánico porque no puedo llamarle de otra forma a ese círculo que tienen alrededor de esa parrilla donde posiblemente tienen dos miserables pedazos de carne y una mazorca con cebolla... y estoy siendo generosa. —no gracias, hoy voy a flojear. —¡vamos! Abro una lata de soda con lentitud y tomo un enorme sorbo antes de decir: —no. Entre cierro los ojos cuando no veo al gorila de Diego por ningún lado y me levanto asustada buscando con la mirada. —¿dónde está el inútil? —Sandra mira a su alrededor confundida y luego me mira a mí, su mirada destila travesura, se encoge de los hombros confundida. —está detrás de mí ¿cierto? Un grito desgarrador escapa de mi boca cuando un cuerpo enorme y asquerosamente mojado me rodea y nos empuja hacia el agua. Ambos caemos en un golpe seco, el agua me empapa totalmente y cómo puedo salgo a la superficie agitada, destruida, traicionada, pero sobre todo mojada, muy mojada. —¡Hijo de p...! —el tipo me vuelve a empujar hacia abajo haciéndome tragar agua. Saco mi cabeza del agua muchísimo más mojada y tosiendo todo lo que tragué. Sandra ríe en voz alta a unos metros de mí totalmente perdida. No son mis amigos, son mis verdugos, los tipos más traicioneros que van a conocer. —awww ¿gatita no quería bañarse? qué pena. —Miro al susodicho con odio y escupo agua en su cara —¡ahg! Jade, que asco. —pensé que gatito quería bañarse, que mal. Con todas mis habilidades de nadadora profesional pataleo hasta donde Sandra y la sumerjo en el agua. Estallo en risas y nado más rápido hasta alejarme de los dos tipos a los que llamo por amigos. Bueno, ya estoy aquí, con mi barriga al aire flotando como una llanta, nada por hacer. —odio que sepas flotar y yo no —se queja Sandra cuando llega a mi lado. Abro un ojo divertida y suelto: —te falta genialidad. La tipa no soportó la envidia y me sumergió nuevamente en el agua, pero esta vez la jalé junto conmigo. Ambas salimos riéndonos y Sandra salpica algo de agua en mi cara. —ya chicas, no se peleen tanto por mí —dice Diego cuando pasa a nuestro lado nadando boca arriba. —si claro, señor irresistible. —lo siento, Jade no está bien que las mujeres nos leemos por hombres, te lo dejo. —no, no, Sandra insisto en que tú te lo quedes —le dijo siguiendo el juego. —amar también es dejar ir, te lo dejo. —juguemos a piedra, papel o tijera y la que pierda se lo queda. —Sandra y yo reímos a lo que Diego los salpica agua. —ja ja graciosas. Los tres seguimos jugando, algunas veces nadando, otra veces persiguiendonos entre nosotros. Hasta que nos dimos cuenta que estamos casi en la mitad del lago, un dato curioso de este lago es que no es tan profundo como otros lagos y no hay especies particularmente peligrosas, sino ni estaríamos aquí. —miren si es la stallker de James. Los tres volteamos confundidos hacia la voz. Estamos justo frente a los chicos del ritual satánico, hay un total de seis chicos, la mitad de ellos son chicas. Arrugo mi cara con disgusto cuando reconozco a James entre uno de los chicos, una de las chicas estaba enganchada en su brazo... nada raro. —stallker tu mamá —Sandra ríe por lo bajo y Diego solo mira hacia otro lado intentando no reír. James por otro lado si soltó una enorme carcajada que se ganó una mala mirada por parte del idiota llamado Chris o como sea que se llame. —mi mamá no necesita fingir odiar a alguien para llamar su atención. —contraataca. —uuuuh golpe bajo —dice el otro simio llamado Adam, las chicas ríen burlonas. —si fuera otra cosa me ofendería, pero ya quemaron ese insulto. Nado hacia la orilla con tranquilidad y subo en una piedra bajo la mirada confundida de todos. Siempre piensan que eso me afectará de alguna forma, ridículos, ya en mi casa quemaron ese chiste. —¿Qué? —pregunto cuando me doy cuenta que todos aún tienen su mirada puesta en mí. —nada —dice Diego siguiendome el paso saliendo al igual que yo ayudando luego a Sandra a salir. —creo que te ignoró —murmuró Adam lo suficientemente alto para ser escuchado por mí. —chica rara. —¿Qué haces por aquí, Jade? —la voz de James me hace torcer mis ojos. —te estoy persiguiendo ¿no fue lo que dijo tu amigo? —James ríe en voz alta. La chica en su brazo lo mira completamente enamorada, es tan bonita, con ojos claros y cuerpo perfecto. Justo lo contrario a mí, mis ojos oscuros no son una inseguridad al contrario me gustan, pero esas chicas son tan hermosas y yo, bueno, tengo salud. ¿De dónde viene esa inseguridad? —¿Quieren quedarse a comer? Mis amigos me miran buscando aprobación, es obvio que quieren comer gratis, al parecer no solo eran dos pedazos de carne y una mazorca, es todo un buffet completo. —hagan lo que quieran. Ambos celebran y corren a ayudar a Adam con la comida, a diferencia de mí Diego y Sandra si se llevan bien con las personas, en especial con estas personas. —así que por esto era que le estabas rogando a tu papá —dice James a mi lado. Le lanzo una mirada de fastidio e ignoro su pregunta. —vamos no me ignores, ¿fue por lo que te dije ayer? lo siento, no pensé que te fueras a enojar. Sí, ese el problema no piensas. Pienso, más no se lo digo. —¿dónde está tu novia? —pregunto tajante. —¿novia? —dice confundido —ah, Megan, está por allá. Mi mirada se dirige hacia donde señala su dedo, la chica que hace unos momentos estaba colgada de su brazo ahora estaba hablando con mi mejor amigo mientras este sonreía coqueto y flexionaba muy indiscretamente sus brazos. —creo que ya se aburrió de mí. —uuuh eso no es bueno para tu ego de hombre. James sonríe y si no lo conociera tan bien diría que hay ternura en su mirada. Justamente esto es lo que odio de él, que me molesta y luego actúa de esta forma tan linda intentando acercarse a mí por eso es que las personas dicen que estamos enamorados. Su tonta mirada con ese brillo que no logro reconocer me mira y siento que mi odio crece más y más y quiero simplemente be... ¿no? ¡no, no, no! no pierdas el norte ¡es un mujeriego! un patán, no caigas. —me tiene sin cuidado —responde sacándome de mi burbuja de pensamientos. —¿cuándo has cuidado algo? —murmuro y lo veo fruncir su ceño. —¿por qué actúas siempre de esa forma cuando estás conmigo? —pregunta con voz suave, pero puedo sentir su molestia. —¿actuar cómo? —él suelta un suspiro de frustración. —así, cómo si me odiaras, cómo si todo lo que yo hiciera te molestara, cómo si no quisieras que... esté cerca de ti —su voz suena casi decepcionada. Lo miro confundida ¿por qué actúa de esta forma? pensé que ya lo sabía. —porque es justamente lo que he venido haciendo —respondo directamente. Algo se quiebra en su mirada, hay confusión, hay rabia, pero sobre todo hay decepción —no entiendo por qué te comportas de esta forma si esto no es nuevo, yo no te soporto, solo me molestas y me haces pasar malos momentos, siempre me haces enojar ¿Quién querría que una persona así esté en su vida? —¿es por lo de la piscina? —¡es por todo, James! —alzo un poco la voz y agradezco que la bocina esté un poco alta porque sino todos me hubieran escuchado —siempre te comportas como si nada te importara, eres un mujeriego y un patán. —¿mujeriego? —pregunta confundido, sus mejillas están rojas del enojo, pero su voz todavía suena calmada. Es justamente esto lo que odio de él, siempre relajado, nunca se entera de nada. —no soy un mujeriego. —¿ah, sí? ¿y las chicas que siempre están contigo qué? ¡Dios! esto ya parece una relación tóxica con problemas de infidelidad. —siempre están conmigo porque los chicos las invitan, no puedo ser grosero con ellas —explica con el ceño fruncido. —¿sabes qué? —digo ya cansada de esta conversación. —no quiero seguir, no harás que mi percepción de ti cambie. Me levanto ignorando su mirada entre confundida y dolida, y camino hacia donde está Sandra comiendo su comida. —¿qué hay con esa carita? —¿qué cara? —Sandra levanta su ceja, su mirada se dirige hacia donde está James hablando sobre algo con Adam, su mirada y la mía se cruzan por unos segundos, pero la aparta de inmediato. ¿está enojado? —se peleó la parejita. —no estoy para esos chistes ¿ok? —ok, ok relaja esa raja, amor —dice con la boca llena —nunca entenderé su relación. —no hay una relación. —la hay, solo que estás tan cegada por tu enojo que la ignoras —miro fijamente una hoja en el suelo. Estoy tan enojada y no entiendo el por qué. —debería de escucharlo aunque sea una vez. Miro a mi amiga como si le hubiera crecido una segunda cabeza y me levanto totalmente ofendida. —¿darle esas oportunidad para qué? ¿para que me decepcione más? Camino en dirección a donde estábamos antes, pero no sin antes devolverme por ella. —cuidado con la carne —se queja mientras es arrastrada. —¿ya se van? —pregunta James con un plato lleno de comida en las manos. Lo ignoro totalmente y jalo al idiota de mi amigo separandolo de aquella chica de ojos hermosos. —espera, espera aún no me da su número ¡noo, hablamos por insta! Luego de recoger todo en tiempo récord subimos al auto Diego aún quejándose por no dejarlo comer y Sandra con su plato a medio comer. —¿qué fue lo que... —no preguntes —le corto. Diego se encoge en el asiento del piloto y enciende el auto. —no pude comer esa deliciosa carne. Mi estómago ruge pidiendo comida y maldigo —vamos por pizza. —¡cómo diga, capitana! El auto comienza a andar y suelto un suspiro recordando esos estúpidos ojos azules llenos de... tristeza cuando nos íbamos ¡me volveré loca!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR