Capitulo 3: Amigos

2031 Palabras
—no te pases de listo —James chasquea la lengua con fastidio mientras fulmina a su hermano del medio con la mirada. Casi me enamoro, si no tuviera esa horrible personalidad de seguro me estaría arrastrando por él como todas las demas, pero no, es una pena. —Tanta belleza desperdiciada —digo en voz alta sin poder detener mi lengua. Los cuatro chicos reunidos voltean a mirarme con confusión. Diablos, yo y mi lengua tan floja. Mis mejillas se sonrojan y niego con rapidez. —Digo, las flores, no deberían de estar de ese lado —balbuceo atropelladamente —por eso digo. Diablos, que desperdicio de flores. —ajá —dice Jacob con burla. —tú cállate —mi mirada se desliza entre los ojos de todos los presentes, en especial unos particularmente azules que me miran con un brillo extraño que hace que me dé escalofríos. Su estúpida cara de burla me hace cabrear. Lo odio tanto. —sí, nos vemos por ahí —antes de que logren decir algo, huyo de la escena, a lo lejos puedo escuchar las risa del estúpido de mi hermano y el idiota de Lisandro. Sé lo que van a pensar ¿no que lo odiabas? solo diré que es algo complicado. El tipo físicamente está como Dios quiere que esté alto, cabello rubio casi plateado ¡y natural! unos estúpidos ojos azules con unos jugosos labios rojos que a veces me dan ganas de... ¡ahg! estúpida consciencia, estúpidas hormonas, estúpido James Williams nadie lo mandó a nacer tan guapo con un cuerpo que te mueres y ese tatuaje de dragón que tiene en el abdomen y termina deliciosamente adentro de sus shorts de piscina… ¡no! otra vez me estoy dejando llevar por las hormonas. Tengo 19 años, nunca he tenido sexo en mi vida ¡no pido entendimiento, pido comprensión! Si lo odio ¿ok? una cosa no tiene que ver con la otra, es de ese tipo de amor platónico que si te insinuara algo lo mandarías a tomar por culo, como en la piscina hace unos instantes, no quiero ese puto karma que le toque a otra. En lo que a mí respecta no he sido tan mala persona en la vida para estar con un hombre como él. Es un mujeriego, patán, no le importa con quién se mete con tal de que sea delgada, bonita, con curvas y un cabello suave, largo y sedoso... ¡uhg! No es que yo carezca de esas cualidades... bueno un poco sí... ¿A quien engaño? ¡Soy todo lo contrario a esa descripción! pero hay que aceptar las lonjitas con dignidad ¡la grasa en el estómago no es un delito ¿me oyes moda de los 2000's?! ¡no caeré en tu propaganda de trastornos alimenticios! y mi cabello corto siempre despeinado tampoco es algo que me quité el sueño. A dónde quiero ir es que ni en un millón de años estaría con un tipo como él y estoy segura de que él tampoco piensa en mí de esa forma. No, no, no. Este enamoramiento lo enterré hace años a 100 metros bajo tierra y se me olvidó su ubicación. —¿y cómo les fue en su primer día de trabajo? —la voz de mi progenitora me saca de mi ensoñación -barra inclinada- negación. Oh cierto, estamos en la hora de la familia. La cena a la que nos obligan asistir todas las noches desde que Jacob pasó de la lactancia materna exclusiva a la alimentación complementaria. —meh —respondemos Jacob y yo al mismo tiempo. Nuestras caras rojas por la insolación gritan: déjanos estar, claramente mamá no entiende lo que no se le es dicho explícitamente y tampoco le diremos nada si no queremos ver una crisis pre-menopausia en medio de la cena. —no sabía que teníamos cabras en la casa. Lily ríe por lo bajo y papá cubre su boca para no seguirla. —Jade está tan loca como una así que... ¡au! —se queba cuando lo pateo por debajo de mesa. Mamá me mira con advertencia y sonrío con inocencia mientras sigo comiendo mis vegetales. —hoy alguien le dijo guapo al vecino. Lo miro como si hubiera cometido la peor traición del mundo, que digo del mundo ¡del universo! ¡la galaxia completa! hijo de puta no se puede quedar callado. —¿en serio? —canta mamá con coquetería. —¡estaba hablando de las flores! —me defiendo. Todos en la mesa me miran con una ceja levantada ¡A la mierda las familias funcionales con amor y confianza! —claro, las flores miden 1.89cm, juegan en el equipo de fútbol de tu escuela y te esconde dulces en tu casillero todos los días —se burla Jacob. ¡¿Qué las flores hacen qué?! y yo que pensaba que esos dulces me los dejaba un duende al que le caía bien, al parecer me los estaba dejando el mismo diablo. —Jade tiene novio —se burla Lily. —¡Jamás! —miró a papá —dile algo a tus hijos ¡soy tu hija mayor! ¿no se supone que tienes que estar celoso o algo? El tipo levanta su vista del plato y me mira con aburrimiento. —los Williams tienen dinero, no lo dejes ir. ¡Esto es el colmo! La risa de todos los presentes se escucha en un sonido mientras miro a mi progenitor totalmente ofendida. —esto es el colmo —me levanto disgustada —realmente son imposibles. Salgo del comedor enojada no sin antes llevarme mi plato, estoy enojada con mi familia no con mi comida. —Oh vamos, Jade solo estamos jugando —dice el idiota hijo de su santa madre de mi hermano mientras Lily y mamá siguen riendo, sé que el tipo ese al que llamo papá también está sonriendo. Subo a mi habitación y cierro de un portazo la puerta ¿cuándo entenderán que ese tipo y yo nada que ver? somos totalmente diferentes, él es un ser sociable y yo bueno, no soy una rata de biblioteca, pero muy sociable no soy tampoco si tengo dos amigos es mucho. Mmmh hablando de amigos... ¡Mis amigos! ¡Dios! ¿Dónde está mi teléfono? Busco por todo el cuarto hasta que finalmente lo encuentro debajo de mi cama con todo lo que pasó hoy no me acordaba de su existencia, lo que es raro porque sin mi teléfono no puedo vivir, él y yo juntos para siempre. Cuando enciendo la pantalla veo más mil notificaciones del grupo donde estamos mis mejores amigos y yo. Tuerzo la boca al ver que me han mencionado mil veces, pero no tengo ganas de leer nada así que les hago una videollamada el teléfono no suena dos veces cuando ya ambos se han conectado a la reunión. Sandra, una tipeja de mi misma edad aparece en pantalla seguida por Diego, un tipejo un año mayor con anteojos y una rara adicción a los videojuegos y las bebidas energéticas. —miren quien decidió aparecer —es lo primero que dice Diego cuando entra a la reunión. —Lo sé, lo sé. Soy una persona muy aclamada. Sandra ríe y Diego niega con una sonrisa. —¿Qué estuviste haciendo? te hemos mencionado mil veces, ya pensábamos reportarte a la policía. Cómo siempre Sandra llevando a todos los extremos, mi hermosa mejor amiga de piel morena, cabello chino y hermosa sonrisa digna de cualquier comercial de pasta dental es la razón de que yo no me haya vuelto un ser totalmente asocial. Nuestra relación comenzó cuando le robé un borrador con olor a frutas en el kinder y ya de ahí la tipa no me dejó de perseguir reclamando su borrador. Nunca se lo devolví claramente y aquí estamos 15 años después, creo que todavía está esperando a que le devuelva su borrador, lastima que ese borrador se me perdió dos días después de robarselo tan descaradamente. Tendremos que ser amigas para toda la vida. —tan dramática. —siempre estás con tu teléfono en la mano, no nos culpes por creer que te secuestraron —refurmta Diego. Diego, el experimento fallido de la naturaleza, nos conocimos en primaria cuando sin querer derramé mi bebida sobre sus pantalones de nerd, luego de eso ya no se me despegó más. Sandra y yo creemos que nos cambiaron a nuestro amigo en la adolescencia porque era un tipo bastante feo antes de y luego ¡puf! creció como veinte centímetros, subió de peso y hasta su rostro cambió de configuración, no es tan guapo como James, pero sí le hace competencia. Sigue siendo un nerd, solo que ahora coge y es muy aclamado por las chicas. —culpable —Diego voltea sus ojos —papá nos está obligando a trabajar con él a Jacob y a mí, dice que no nos quedaremos todo el verano sin hacer nada. —¿en serio? ¿dónde? —pregunta Sandra. —enlacasadelosWilliams —digo entre dientes. —¿eh? —dicen confundidos —¡En la casa de los Williams! —grito ya irritada. Diego y Sandra abren sus ojos sorprendidos por un momento para luego echarse a reír. —sí, rianse, malditos. —lo sentimos —logra decir Sandra entre risas. —tienes que admitir que es gracioso. —no lo es —murmuro enojada. Ambos siguen riendo de forma tan descarada lo que me hace cabrear más —¡no lo es, no lo es! —¿San, qué fue lo que dijo el último día de clases? —dice el macho idiota casi llorando de la risa. —que no quería saber de James Williams en lo que restaba de las vacaciones. Ambos se ríen más fuerte. Me resigno a mi vida de burlas y humillaciones. —¿ya terminaron? —pregunto cuando veo que se han calmado de su ataque de histeria. Ambos asienten con una sonrisa todavía de burlo. Odio mi vida. —lo sentimos, linda —dice Diego —la vida siempre se encarga de recordarte que ese tipo existe. —eso solo fortalece su obsesión por él. —no estoy obsesionada con él —me defiendo. Ambos me miran con una ceja levantada. En serio odio esas miradas. —si lo estás, recuerda que el odio también es un sentimiento, incluso más fuerte que el amor. Hago una cara de disgusto ante la lógica de Sandra. —bueno, no quiero hablar de eso, mejor hablemos de lo que haremos en estas vacaciones. Solo trabajaremos en la mañana, en la tarde estoy totalmente libre ¡digan, digan! —tenía pensado ir los tres al lago que está a las afueras del pueblo —Diego y yo hacemos una mueca. Aunque agradezco que ya se haya dejado el tema de mi obsesión en paz, no estoy obsesionada con nadie. —muchas personas —dice Diego —ahora que estamos en verano todo el mundo querrá ir a refrescarse. —Asiento en acuerdo. Sandra hace un puchero de decepción. Odio ver esa car sé ita de decepción. Me arrepentiré de esto. —Aunque podemos ir un día no transcurrido ¿qué les parece mañana miércoles? —el rostro de mi amiga se transformó por completo en uno emoción. —sí, mañana me parece bien, ¿las paso a buscar? —ambas asentimos. —eres el único del grupo que maneja, no sé ni por qué preguntas eso —digo mientras miro mis uñas. —sí, no lo sé —dice con sarcasmo. Sandra ríe divertida. Con ellos siempre es así, estamos juntos en las pedas y en los pedos. —¿Sabían que una chica de biología tiene un retraso? —¿Cómo? ¿mental? —Sandra me mira con su típica mirada de ¿en serio, perra? y yo solo me enojo de hombros. —no es mi culpa no saber de esas cosas mundanas. —super conservadora nos salió —molesta Diego. —tirenle un pene y que se calle. —ay si, me callo para siempre. Todos volvemos a reír. Cómo amo a estos idiotas.
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