Llegó el día de mi cita con James, ¿por qué le pedí que me invitara a salir? ¿en qué estaba pensando? en nada seguramente, nunca pienso en nada. Mirando mi reflejo en el espejo llego a una sola conclusión.
—estás algo subida de peso —dice Sandra a un lado de mí. La miro escandalizada, era justo lo que estaba pensado, pero no pensé que lo diría en voz alta. —¿qué? ya no te queda mi ropa, estas llenita.
Diego ríe desde el lugar donde está echado en mi cama y gruño sacándome el vestido que estaba intentando ponerme.
—es cierto, conozco a tres gordas y tú eres dos de ellas.
Un polvo traslúcido aterriza en su cabeza sacándole un grito de dolor bastante satisfactorio.
—nunca se le dice a una chica que está gorda, no estamos gordas, estamos llenas de amor —explico mientras Sandra me ayuda a ponerme un vestido una talla más grande al anterior.
—pues estás desbordando de amor ¡no, no! ¡bromeo! —cubre su cabeza para prevenir otro atentado contra su cabeza. Sandra y yo suspiramos cuando el vestido por fin cierra.
—muy apretado, no me gusta —digo apenas me veo en el espejo. No se ve mal, pero mis tetas parecieran que fueran a estallar en cualquier momento por la presión que hace el vestido.
—¡me rindo! —Sandra se tira en mi cama justo al lado de Diego frustrada. —ninguno de los vestidos que traje te queda.
—que raro hace dos meses me quedaban perfectos —digo extrañada —seguramente tu lavadora los encogió.
Sandra y Diego me miran con una ceja levantada. —ok estoy gorda, lo acepto.
Camino hacia mi closet buscando algo que ponerme, cuando me agacho a coger una blusa que estaba en el suelo el vestido cruje y es todo lo que tiene que pasar para que me suelte a llorar. Sandra y Diego corren a ayudarme.
No debí aceptar esa salida, debí quedarme con las ganas. Ahora James me verá con mi barrigota y ya no le gustaré, mi autoestima tambalea algunos días ¿de acuerdo? no todos los días puedo ser un ser ectereo salido de un cuento de hadas, hay días en los que simplemente soy el patito feo del pueblo, pero sin la parte de ser un cisne.
—¡subí de peso! —grito sentada en el suelo —no es mi culpa ¿ok? las personas suben de peso, estuve bajo mucho estrés en los últimos exámenes ¡comí demasiado! —Diego me abraza dejando que limpie mis mocos contra su camisa, ya está acostumbrado a terminar lleno de mocos, es amigo de dos chicas.
—quizá debamos intentar con el vestido de flores, ese no te lo mediste —intenta ayudar Sandra.
—¡odio las flores! —respondo llorando. —quiero un ramo de flores ahora mismo.
Sandra mira a Diego buscando ayuda, pero este solo mira hacia otro lado sin saber qué hacer o qué decir.
—¡tienes que moverte! —Sandra me levanta con ayuda de Diego y me sienta en la cama —son las siete y media, James vendrá por ti a las ocho, si no llámalo y cancelale.
Buena alternativa, pero...
—no tengo su número —Sandra gruñe furiosa. Se me olvidaba el miedo que da esta chica cada vez que se enoja, pero esto no se trata de ella.
—tenemos media hora para resolver —miro a Sandra fijamente esta suelta un suspiro —no es tu culpa, es mi culpa por no tener vestidos más grandes.
Ella lo entendió todo. Quince minutos después estoy frente al espejo con una sonrisa de oreja a oreja, que hermoso vestido floreado, ¿por qué no me lo mostraron antes?
—me veo como una estúpida —Diego y Sandra se desinflan detrás de mí agotados —pero me gusta, lo único que no me gusta es que el vestido está algo corto.
—Está del largo adecuado —responde Sandra. Cierto se me olvidaba que esta tipa es una mostrona.
—Bueno, no me encanta, pero tampoco me fastidia —suspiro con dramatismo —necesito comprar ropa.
Sandra aplaude emocionada.
—¡sí! ¡si! vamos de compras —Diego suspira a su lado con pesadez. Sabe que le tocará pagar voluntariamente todo lo que escojamos, lo bueno es que sus papás son de dinero y podrá costear todo ¿lo malo? también le tocará cargar todas las bolsas.
—podemos ir a...
La puerta de mi cuarto se abre dejando ver la figura de mi hermano, su ceño está fruncido dándole un aspecto enojado y tiene los brazos cruzados a la altura del pecho ¿y a este que le pasó?
—Williams está en la entrada —es lo primero que dice. Sonrío emocionada y miró el reloj, son exactamente las ocho en punto. Punto extra por la puntualidad —¿se puede saber por qué?
Ah, nos podremos en la tónica del hermano mayor protector por lo que veo.
—Saldré con él —digo sin mirarlo mientras aplicó mi brillo labial favorito, lo bueno se hace esperar y James tiene que esperar.
Jacob mira a mis amigos en busca de una explicación, pero estos solo se encogen de hombros y niegan sin decir nada.
—¿desde cuándo sales Williams? —pregunta confundido —o mejor cambiemos la pregunta ¿desde cuándo le hablas sin mandarlo a la mierda cada tres palabras?
volteo los ojos con fastidio.
—no te importa lo que haga con mi vida —le digo una vez que paso por su lado.
—¡hey! —grita detrás de mí —¿a qué hora te trae de vuelta? ¿a dónde irán? ¿ya le dijiste a nuestros padres?
—a la hora que yo quiera llegar, es sorpresa y sí —respondo una vez llegamos a la entrada principal de la casa —hasta me felicitaron.
—¿te felicitaron? —Jacob me mira extrañado y luego asiente con su cabeza —es algo que ellos harían.
Antes de abrir la puerta mi hermano otra vez me detiene.
—¿ahora qué quieres? —pregunto ya fastidiada. Jacob parece contrariado, abre su boca varias veces y luego no dice nada —quitate, ya me están esperando.
—usa protección —murmura.
—¿Qué? —pregunto al no saber si escuché bien.
—¡Que uses protección! —grita antes de abrir la puerta. Mis mejillas se sonrojan escandalosamente mientras todavía lo miro en estado de shock.
—¡hola Jade! —dice la voz conocida. Jacob me señala a James con la cabeza y me empuja hacia adelante.
—cuida a mi hermana, Williams. —dice en tono de advertencia.
—siempre lo hago.
Jacob asiente sin decir más nada y me empuja hasta cerrar la puerta por completo. Yo, todavía avergonzada me quedo mirando la puerta cerrada unos segundos más hasta que James habla.
—¿Jade? —me llama —¿estás bien?
—sí, es que... —niego con mi cabeza y volteo a ver al chico. Luego me las pagará, ahora disfrutaré mi cita. —no es nada.
James asiente con una sonrisa. Ahora sí me tomo la molestia de detallar a mi cita, James lleva puesto unos pantalones clásicos negros al igual que sus brillantes zapatos de punta estrecha, en la parte de arriba lleva una camisa manga corta muy bien encajada... sexi.
Mi campo de visión es interrumpido por unas hermosas flores, odio las flores, ya lo había dicho antes, pero amo que me las regalen y justo son mis favoritas porque son caras y hermosas, las rosas Juliet se ven espléndidas en este hermoso ramo.
—son hermosas, ¿cómo sabías que son mis favoritas? —pregunto encantada de la majestuosidad del ramo.
—una vez me lo dijiste, te gustan porque son caras y bonitas —lo miro sorprendida. No pensé que lo fuera a recordar. —te lo dije, recuerdo cada cosa de ti.
Las lágrimas amenazan con salir otra vez, pero las detengo, no es tiempo de llorar y menos por un hombre, es lo mínimo que puede hacer, pero no voy a negar que esto es un más diez puntos.
—vamos, tengo toda una cita planeada.
Asiento aún embelesada por su detalle, esto es lo más que un hombre ha hecho por mí y sinceramente estoy sorprendida.
—¿todavía te gustan las costillitas a la BBQ? —pregunta mientras me abre la puerta de su lujoso carro. Es la primera vez que me subo en su auto pensándolo bien, siempre me negaba a subirme cuando me ofrecía un aventón de la escuela a mi casa.
James me ayuda a ingresar al asiento del copiloto con cuidado de no maltratar mis rosas y luego me abrocha el cinturón, aprovecho la cercanía para oler su fragancia, huele limpio una mezcla de crema de afeitar y loción más cara que mi casa seguramente, un deleite para mi olfato de sabueso
—¿iremos a Food Dools? —pregunto algo decepcionada. O sea no es un lugar de comida tan malo, pero parece más bien un lugar para la diversión de los hombres ¿si entienden lo que quiero decir?
—¿Qué? ¡no! —responde horrorizado —no te llevaría a un lugar donde las meseras están casi desnudas como primera cita ¿y a ti?
—o sea que si no fuera yo si me llevarías —James me mira desde el asiento del conductor con una ceja levantada —malo decir nada ahora.
—no iremos a Food Dools —dice una vez que pone el auto en marcha.
—¿y solo?
—nunca he ido —mi cara seguramente está diciendo que no le creo nada porque se apresura a explicar —no me gustan ese tipo de lugares ruidosos, además... umh no sé si esto sonará creído, pero las chicas tienden a acosarme y los chicos... más de la mitad de los chicos del pueblo me odia sin justa razón, así que también hacen cosas para joderme, no es que me victimice ni nada de eso, pero...
—no te gusta pelear, dejas que te molesten —digo por él. James hace una mueca.
—exacto, en ese tipo de lugares hay demasiados de esos tipos, sería buscar una pelea innecesaria, aunque pido su comida a domicilio, es muy rica.
—sí, las alitas picantes están de puta madre —James ríe en voz alta y asiente en acuerdo.
En realidad sí sabía, las chicas de la escuela suelen ser algo invasivas con su espacio personal y los chicos son unos idiotas, no aceptan el hecho de que James no solo es guapo sino que tiene una buena personalidad lo que hace que las chicas orbiten alrededor de él sin hacer ningún esfuerzo como lo hacen ellos. Puede que odiara mucho a James, pero tampoco soy una necia para no aceptar la realidad.
Aunque ahora que lo pienso bien, James solo me respondía los ataques a mí, pero también dijo que pensaba que yo estaba bromeando ¿estuvo jugando conmigo todo este tiempo?
—¡auch! —se queja cuando golpeo su brazo con mi poderoso puño. —¿y eso por qué fue?
—por jugar conmigo todo este tiempo —su mirada confundida me hace saber que no sabe de lo que estoy hablando. Hombres. —mientras yo juraba odiarte y todavía lo hago, no creas que se me ha pasado toda la rabia que tengo solo porque estoy cediendo, tú solo te burlabas de mí.
—¿te han dicho que eres bipolar?
—no, pero si me han dicho que estoy loca, así que no te conviene hacerme sufrir porque si te molesté todos estos años solo por dejarme de hablar no dudes que haré peores cosas si me decepcionas otra vez.
—entiendo. —me dice pausadamente con miedo de ser golpeado otra vez. —auch, tienes un buen gancho.
—lo sé, por eso nadie se mete conmigo —digo orgullosa.
James no dice mas nada en el resto del camino y tampoco busco la forma de forzar una conversación, hablaremos cuando tengamos ganas. Luego de veinte minutos de silencio increíblemente cómodo, aunque parezca casi imposible, James estacionó el auto frente a un restaurante tipo cabaña.
—que lindo —digo con sinceridad.
—sí, ví que tiene muy buenas reseñas —intentó quitarme las flores a lo que lo miré extrañada —puedes dejarlas en el asiento trasero, ¿o quieres entrar con ellas al restaurante?
—me gustan —James asiente sin decir más nada y se baja del auto. Miro mis flores con una sonrisa, son tan hermosas y huelen tan exquisito que todo el malhumor que había recolectado todo el día desaparece.
—si hubiera sabido que me ibas a reemplazar por esas flores no las hubiera comprado —dice James mirando con recelo a las flores mientras me ofrece su mano. Suelto una pequeña risa sincera y tomo mano para salir del auto.
—son muy hermosas —le respondo entretenida en mis flores. James solo niega mientras arregla mi vestido, lo miro confundida, pero este solo termina de estirarlo y me ofrece su brazo.
—se te levantó un poco ¿vamos? —su sonrisa me hace suspirar por primera vez en la noche, no había notado lo guapo que se veía hoy por estar pendiente a mis flores ¿en serio estoy teniendo una cita con este tipo tan irreal? y además se está comportando como un caballero, esto es más de lo que imaginaba para esta cita.
Cuando entramos al restaurante mi impresión fue más notoria, tenía un estilo bastante primaveral, perfecto para las parejas tortolitas que había en el pueblo. Todo estaba lleno de flores a pesar de ser verano, habían unas hermosas enredaderas alrededor de las barandas de las escaleras que se veían muy reales a pesar de ser artificiales y las flores naturales estaban muy bien ubicadas para no causar ruido visual. Además olía súper bien todo.
—que hermoso —James a mi lado sonríe con orgullo —no es justo, te estás portando demasiado perfecto.
—solo hice lo que me pediste —es lo último que dice antes que un mesero se acerque a nosotros.
—¿tienen reserva? —pregunta con amabilidad.
¡y es con reserva! este tipo fue con todo.
—sí, la reserva está a nombre de Joshua Williams —miro a James confundida. El tipo busca en su tablet y luego asiente.
—siganme, por favor.
El mesero nos guía a la terraza donde solo había una mesa. Si pensaba que el restaurante era hermoso era porque no había visto la terraza. Unos cristales hermosos caen del techo en forma de gotas reflejando el brillo de las luces que iluminan el balcón, también se puede ver el lago desde aquí junto con las montañas que rodean nuestro pueblo.
—¿te gusta? —pregunta una vez que el mesero se ha ido.
—¿estás de joda? ¡esto es increíble! —digo emocionada —no pensé que existiera un restaurante así en este pueblucho, a pocas penas hay un centro comercial y una señal decente de internet.
—sí, después de buscar como loco mi padre me sugirió este lugar, dijo que sería un buen sitio para impresionarte —mis mejillas se sonrojaron de la vergüenza. O sea que ya sus padres saben de nosotros, esto es más del dominio público que de otra cosa.
Qué vergüenza, dirán que caí ante los encantos de James. Aunque viendolo lo guapo que está, me había demorado.
—pues tenía razón —digo fingiendo indiferencia —me gusta el lugar.
El mesero llegó casi mandado por Dios con nuestras cartas.
—ninguna comida tiene el precio ¿no está raro esto? —pregunto algo desconfiada.
—pide lo que quieras, el precio es lo de menos.
Su falta de interés en los precios me causa conflicto, ¿serán así todos los ricos o James el único idiota que no se preocupa por su patrimonio?
—nunca entenderé a los ricos —murmuro leyendo los nombres extraños en la carta. James suelta una risa baja, pero no dice nada —mmmm interesante... este plato... no, mejor no. Sí, este... pide por mí, no entiendo nada.
James que desde hace un momento me estaba mirando sumamente divertido solo se limitó a tomar mi carta y llamó al mesero.
—ambos queremos el especial de costillitas a la BBQ, el de ella lo quiere con un poco de picante, pero no tanto ¿si me entiende, verdad? —el mesero asintió con la vista puesta en la pequeña libreta que traía en las manos —las mías sin nada de picante, me da alergia —asiento en acuerdo. James siempre ha sido alérgico a los pimientos y más si son picantes —de postre queremos el que tengan del día con un adicional de helado de vainilla.
—¿solo uno? —James asiente. —listo, ¿tiene algún vino de preferencia para acompañar?
—lo dejo a su preferencia —el tipo sonríe emocionado.
—traerá el más caro —le digo a James cuando el chico desaparece
—tampoco es importante.
Sí, las personas ricas son raras.