—...y lo último que pasó fue que él entró a tu habitación contigo en ropa interior a declararte tu amor ¿verdad? —volteo mis ojos ante su clara falta de compresión. Fue exactamente lo que dice ¿qué no entiende?
—creo que tienes un grave problema con la escucha, eso fue lo que dije —Diego suelta un suspiro de frustración y hace el amague de agarrarme con sus manos. Sandra a su lado solo ríe negando con la cabeza, ella se ha dado por vencida.
—eres insufrible —dice luego de un rato en silencio —entonces Williams gusta de ti, no me sorprende realmente, sus jueguitos tontos parecían más un inútil intento de coqueteo que odio real, la única que se lo tomaba a pecho eras tú.
¿ahora soy la mala?
—bueno, tenemos que entender que Jade es muy borde, si fuera alguien con temperamento calmado no tuviéramos tantas quejas en el buzón de sugerencias —Sandra señala hacia el buzón al lado de la puerta, lleno hasta el tope de quejas hechas por las clientas maleducadas que he atendido a lo largo del fin de semana.
—¿tantas en dos días? —le pregunta Diego a Sandra a lo que esta solo se encoge de hombros.
—mi madre sabía a lo que se enfrentaba al contratarla, nadie fue engañado —asiento desde la parte de adentro del mostrador. Diego solo niega y soba sus sienes con cansancio.
—¿Qué has pensado hacer con tu tema? —inclino la cabeza hacia un lado confundida ¿hacer qué en cuál tema? —¿qué harás con Williams, Jade? siempre has dicho que lo odias, pero de la noche a la mañana parece que estás enamorada de él y hasta le das la oportunidad de ser algo más que amigos ¿cuál es tu justificación?
—está bueno —respondemos Sandra y yo al tiempo. Diego solo niega con decepción.
—puedes cobrarme esto, por favor —miro la ropa con desagrado y me dispongo a cobrar su ropa, cada quien con su cada cual, la asesora de moda es Sandra y al parecer no está—¿qué pasa con esa cara? —pregunta con timidez —¿no son lindos estos vestidos?
—no te preocupes aún sí fueran feos no es tu culpa, veo que te asesoraron mal —Sandra abre su boca ofendida, Diego a su lado suelta una risita baja.
—mentir una vez no te va a matar —dice Diego.
—mentir es para ratas, las personas mentirosas no merecen el perdón de nadie y... —la clienta de hace un rato me mira algo horrizada —te ayudaré a escoger un vestido más lindo.
—la atención al cliente es lo tuyo —me dice Diego cuando paso por su lado siendo acompañado por la chica de los vestidos.
Suelto un gruñido de disgusto yendo hacia la sección de vestidos para el verano. Desearía ser una piedra.
Media hora después la chica sale super feliz de la tienda agradeciendo mil veces por mi asesoría, no puedo evitar inflar mi pecho de orgullo ¿Qué les digo? cuando no estoy siendo una maldita, ayudo a las personas.
—felicidades, no eres tan porquería como lo imaginaba.
—gracias Diego, no lo soy, pregúntale a tu padre.
Sandra desde la caja registradora suelta una carcajada llamando la atención de varios clientes en la tienda.
—no tengo papá —que mal, ya lo sabía —¿puedes por lo menos verte culpable?
—¿puedes largarte? —finjo fastidio para molestarlo —estas ahuyentando a la clientela.
—sí, soy yo y no la cajera que trata mal a los clientes —llevo mi mano al pecho con dramatismo fingiendo estar afectada.
—no es mi culpa que entren a comprar aquí, hay mejores tiendas.
—¡hey!
—lo siento, Sandra. Si tu mamá tuviera un poco de buen gusto en escoger la ropa que trae de Europa no la juzgara tanto ¿mira a esa clienta? —señalo hacia la entrada de los vestidores donde una clienta salía con un vestido en la mano. Diego y Sandra la miran con atención haciendo que la chica se sonrojara de la vergüenza —¿crees que está bien que alguien salga de aquí con ese vestido tan horrible?
La chica murmura avergonzada —esta es la ropa con la que vine, —levanta su mano derecha donde llevaba un horrible vestido floreado —este es el vestido que voy a comprar.
Mi cara se calienta por completo y bloqueo varias veces ante sus palabras. Otra vez mi boca insensata.
—yo... —Sandra coloca sus manos en su cintura juzgando con su mirada. Diego solo tapa su boca para no reir en voz alta. —me iré a comprar un helado.
—por favor, ya estás insoportable.
Es lo último que le escucho decir a Diego antes de salir del local. Estamos en el segundo piso, la heladería que me gusta queda en el tercer piso, los ascensores siempre se llenan así que iré a las escaleras eléctricas.
—mierda —gruño al ver el aviso de mantenimiento en las escaleras eléctricas ¿cuándo no está en mantenimiento esta porquería?
Llego al puesto de helado después de quince minutos ya cabreada, el puto ascensor también estaba en mantenimiento y me tocó tomar las escaleras normal.
—no hay —responde la chica detrás del mostrador.
—¡¿Queeeeé?! —exclamo sorprendida —siempre hay helado de vainilla, ¿como no vas a tener helado de vainilla? Es helado de vainilla —la chica me mira con aburrimiento lo que me hace soltar un suspiro de frustración. Maldita gente con su mala atención al cliente.
—un helado de vainilla, por favor —miro al chico que acaba de llegar con fastidio, este solo me sonríe y guiña un ojo con coquetería.
—no h...
—sería uno con noventa —¿Qué? miro a la chica con la boca abierta, el tik en mi ojo derecho haciéndose presente ¿no acaba de decirme que no había? —al parecer quedaba un poco —dice en mi dirección con falsa inocencia.
—pero yo llegué primero que él —le digo tratando de mantener la compostura.
—¿en serio? —le entrega el helado a James —pense que habías dicho otro sabor ¡Qué mal!
Maldita, sé que le caigo mal porque una vez una de sus compañeras se metió con Sandra y luego compró con la boutique un vestido horroroso que se lo cobré el triple.
No le devolví el excedente. Ah y también esa misma amiga es la ex de James dato que no importa, pero hay que darlo.
—metete tu he-dhjsksi —la mano de James cubre mi boca.
—muchas gracias, Jessi. Quédate con el menudo —antes que la tal Jessi pudiera decir algo James me llevó a rastras a la parte mas alejada de la cafetería del centro comercial.
James soltó una pequeña risa al verme con un puchero y mi ceño fruncido.
—Yo le quería decir sus verdades a esa chica y su mala decoloración. —me quejo —no sé que es lo que le he hecho para que se porte tan horrible conmigo.
—toma —me ofrece el helado. Miro el helado con desconfianza y luego a él, pero termino tomando el helado. De algo nos tendremos que morir —pasé por la tienda hace un rato.
—¿y? —pregunto concentrada en mi helado.
—tus amigos me dijeron que estabas comprando un helado —levanto mi ceja ante esa información ¿esos tipos han estado dando mi información así de la nada?
—no me sorprende que me hayan vendido así —James ríe y se recuesta contra su silla. Aprovecho mi oportunidad para juzgar su vestimenta, hoy trae unos jeans para tienda con la horrible camisa que compró en la boutique hace unos días, su cabello está revuelto y sobre ellos adornan unas gafas de sol que seguramente son más caras que toda mi ropa junta. Quiero esas gafas.
—¿por qué siempre que te encuentro estás peleando con alguien? —sus ojos azules se clavan directamente en mí haciéndome sentir incómoda.
—no sé, soy una idiota con los que son idiotas conmigo, ya te lo dije —James asiente con una pequeña sonrisa estúpida en su boca —¿de qué te ríes? me pones los pelos de punta cada vez que me sonríes, todavía no me acostumbro a toda esa mierda de que de la nada estás enamorado de mi... no me lo trago por completo —murmuro lo último contra mi helado. James se inclina hacia adelante haciendo que yo retrocediera un poco por inercia.
—¿qué es lo que no te tragas por completo? —pregunta directamente. Ignoro su pregunta descaradamente y finjo no haberlo escuchado por estar concentrada en mi helado —¿qué pasó con esa lengua filosa?
—está cuidando tu ego. —respondo sin mirarlo. Sé que me está mirando fijamente, no necesito levantar la mirada de mi helado para darme cuenta de eso.
—no necesito que cuides nada, si no me gustara esa lengüita larga tuya ni lo intentara.
Me atraganto con mi helado un poco ante sus palabras, pero me recompongo de inmediato ¿con que le gusta mi lengua floja? veremos qué tanto filo podrá soportar.
—la principal razón de no querer nada contigo es porque me pareces falso —dejo mi helado a un lado para mirarlo fijamente —no me paso que seas tan buena persona porque no lo eres, quieres toda la atención para ti.
—¿en serio? ¿y qué más? —otra vez esa actitud burlona que odio tanto de él.
—¿y qué más? creo que la única razón por la que estás tan obsesionado conmigo es porque te diste cuenta que soy la única persona que no cae rendida a tus pies cuando utilizas esa horrible sonrisa irresistible y... —mi mirada se desvía hacia sus labios, James lo nota y sonríe un poco más grande. Lo odio, pero quiero tanto besarlo ¡no! concéntrate —y... y la única razón por la que sigues detrás de mí es porque te diste cuenta que no soy indiferente a ti, y no te confundas conmigo James Williams Johnson, no porque me guste el empaque significa que quiera saber de qué está hecho el contenido, las personas como tú solo me producen odio.
—¿las personas como yo? —levanta su ceja. Sé que está enojado o por lo menos ofendido por mis palabras —¿cómo son las personas cómo yo?
—ya deberías de saberlo.
—no, no lo sé, iluminame, gran diosa del psicoanálisis. —su postura relajada sigue siendo la misma, pero hay algo oscuro en su mirada. No me importa, no me dejaré intimidar por él.
—no hay que ser psicoanalista para darse cuenta que eres un mentiroso que no cumple su palabra.
—nunca le he mentido a nadie —se defiende —¿por qué me odias tanto? no entiendo el por qué de tanto odio si te soy sincero, un día simplemente decidiste comenzar a tratarme mal ¿no has pensado cómo me sentiría yo luego de haber crecido prácticamente juntos?
Un nudo apareció en mi garganta al escuchar sus palabras ¿que yo le dejé de hablar de la nada? él fue el que me dejó de hablar, juntandose con más personas personas e ignorando mi presencia cuando estaba con ellos, yo fui la desplazada. Sandra es testigo de lo mal que la pasé cuando James simplemente decidió hacer como si yo no existiera.
—¿Cómo querías que te tratara? —pregunta ya alterada —¡hiciste como si no existiera! —tomó una larga respiración al darme cuenta que estoy llamando la atención de las demás mesas —James, cuando entraste al equipo de basket simplemente me hiciste a un lado, me ignorabas en la escuela, te sentabas con ellos, tú... tú me desplazaste.
Mi voz se rompe un poco al final. No llores, no llores, no llores. James parece abatido, hay confusión y también arrepentimiento.
—te busqué un montón de veces ¿sabes? —dije una vez que me calmé un poco. Miré mi mano con el helado ya derretido y suspiré —siempre me decías que después me buscarías, pero nunca lo hacías y te comencé a odiar cuando no fuiste a mi cumpleaños por estar con ellos.
—yo... —lo escucho aclarar su garganta —no sirve de nada disculparme ahora.
—sí, ya pasaron ocho años —digo con obviedad.
—sinceramente no sabía que te sentías de esa forma, para mí tú solamente cambiaste de un día para otro y comenzaste a tratarme mal, pensé que solo bromeabas porque tú eres así, no te importa nada y tratas mal a personas porque sí.
—me ofendería, pero dices la verdad —me encojo de hombros. James suelta una risa baja y yo también sonrío sintiendo como una gran carga cae de mis hombros.
—el día de tu cumpleaños si fui a visitarte y te llevé un regalo, pero tu madre me dijo que te habías ido a dormir temprano —eso si no lo sabía, condenada vieja de seguro se le olvidó por andar tonteando con el tipo ese que tiene de esposo —luego intenté darte tu regalo, pero me ignorabas y comenzaste a tratarme como un grano en el culo.
—¿todavía tienes mi regalo? —pregunto con interés.
—te he dado regalos todos estos años —miro a James confundida —¿quién crees que te regaló la cámara que tanto querías para tu cumpleaños número quince?
Abro la boca sorprendida. Recordando todos estos años y los regalos que aparecían misteriosamente en mi casillero justamente para las fechas especiales. Entonces Jacob tenía razón, James había estado dejando cosas dentro de mi casillero.
—pensaba que tenía un admirador secreto —digo con sinceridad.
—bueno en cierto aspecto lo era —responde algo tímido. —nunca he olvidado un solo cumpleaños tuyo, recuerdo cada cosa de ti, lo que te gusta, lo que no, cada detalle de tu personalidad la conozco.
—eso suena a que me estuviste acosando —bueno, me alivia un poco saber que no solo yo estaba obsesionada. James rasca la parte de atrás de su cabeza incómodo.
—no lo llamaría acoso, solo fue una exhaustiva observación.
—ajá, no soy una especie en peligro de extinción —golpeo su frente con mi dedo —es raro, no lo hagas.
El burro hablando de orejas. James hace un puchero tierno, me recuerda a un perrito regañado.
—¿por qué ahora? —el tipo me mira confundido —¿por qué arreglar las cosas conmigo ahora? ¿qué cambió?
—solo me di la oportunidad de arreglar las cosas con mi amor de la infancia.
—¿y cómo va todo? —pregunto sintiendo una extraña punzada en el pecho ¿quién es esa tipa? puedo destruirla.
—eres tú, Jade —lleva mi mano a su boca dejando un beso en la palma —tú eres mi amor de la infancia.
¿Qué? ¿cómo? ¿Cuándo? mi cabeza nuevamente está haciendo un corto circuito.
—siempre te seguí a todas partes porque me gustabas, siempre me has gustado, incluso cuando me odiabas a morir, incluso cuando me insultabas y me decías de lo que iba a morir.
—¿eres masoquista? ¡no! espera un momento —sacudo mi mano, no asqueada, pero sí muy contrariada —¿fuiste novio de la chica esa Less o como se llame aún estando enamorado de mí?
—ya te expliqué que confundí mis sentimientos hacia ella, además Ness sabía que tú me gustabas.
Oh, esto es jodido ¡esa chica me odiaba!
—eso se escucha muy mal —James rasca su cabeza incómodo.
—lo sé, lo que pasó con Ness fue que... —hace una pausa y suelto un resoplido al ver sus mejillas rojas, que mojigato salió este tipo.
—¿tuvieron sexo para experimentar, les quedó gustando así que lo siguieron haciendo y con el tiempo creyeron que tenían una química de pareja, se volvieron novios, pero se dieron cuenta que no funcionaban como pareja y tú claramente eres un cretino que pensabas en otra persona mientras estabas con tu novia los que lo llevó a discutir muchas veces hasta que tú —lo señalé —la terminaste y según tu cabecita hueca terminaron en buenos términos?
James me mira sorprendido y asiente sin decir nada, abre su boca para decir algo, pero lo interrumpo.
—solo sumé uno mas uno —me encojo de hombros. Ahora entiendo el odio de la chica hacia mí, prácticamente estaba compitiendo contra alguien que no estaba en el juego.
—pero si quedamos en buenos términos —susurra luego de un rato.
—no lo hicieron, si lo hubieran hecho ella y la tipa del cabello quemado por el tinte no me odiaran tanto y ahora que te metiste en mi pelea con ella y me trajiste hacia acá de seguro ya la llamó y le contó todo —James niega con su cabeza intentando defender a la tipa —¿Qué está haciendo ahora mismo?
—¿Quién?
—la chica de los helados.
Veo a James mirar por encima de mi hombro con disimulo —está chateando por teléfono.
—ya le mandó fotos, prepárate para tener un mensaje de tu ex en las próximas horas —me levanto de mi silla siendo perseguida por la mirada de James —no quiero tener a tu ex detrás de mí molestando, no tengo tanta paciencia para soportarla y tampoco soy una idiota para dejarme, no voy a pelear por ti, voy a pelear por mi tranquilidad —James asiente ante mi mirada amenazante.
—yo me encargo. —lo escucho susurrar. Sonrío enternecida y me acerco a su cara viendo cómo se tensa un poco.
—buen chico —dejo un beso en su mejilla, sonriendo de satisfacción cuando lo escucho suspirar.
Tal vez aceptar un pretendiente no sea tan malo, me gustan mucho las mascotas educadas, esto no es muy diferente ¿cierto?
—mañana estoy libre en la noche invítame a salir. —James me mira embelesado y asiente —con palabras.
—sal conmigo mañana, por favor —sus palabras hacen que mi piel se erize. Vivan los hombres sumisos, los alzados pueden ir a comer mierda.
—pasa por mí a las ocho, no quiero pensar a dónde me vas a llevar así que te dejo la preparación a ti —lo veo asentir otra vez y reprimo el impulso de lanzarme encima para llenarlo a besos. —y no vuelvas a usar esa fea camisa.
—¿Qué tiene mi camisa? —pregunta confundido.
—es fea, ese color no te queda, te hace ver pálido —lo miro con algo de pena —no me dan ganas de abrirte las piernas con esa ropa tan pasada de moda.
La boca de James cae abierta y reprimo las ganas de soltar una carcajada, que entretenido es coquetear con un chico y más si es con un chico lindo que te mira como si fueses el centro del universo ¿estaré soñando?
—adios, bonito —me despido con mi mano en un gesto coqueto James aún en su shock se despide con su mano. Río en voz alta y miro hacia donde está la tipa de los helados, esta me mira con los ojos entecerrados y yo solo le sonrio tirando lo que queda del helado derretido en la basura. Maldita estúpida se arrepentirá de no haberme vendido ese helado, ya tendré la oportunidad de martitizarle la vida.
Ahora le iré a contar todo a mis amigos.
Me encanta que me rueguen, me encanta tener el control de todo. Sé que no soy una buena persona, pero no me importa, yo soy la estrella principal y todo es para mí. Lo veo y lo quiero. Lo quiero y lo tengo.