Capitulo 5: Tienda

2362 Palabras
El centro comercial, lleno de personas mal olientes buscando el cobijo del aire acondicionado, niños llorando porque sus queridos padres no les compraron ese juguete que querían o de plano dejaron caer su helado, tipas presumidas saliendo de las tiendas de lujo, tipos morbosos acosando a las chicas de faldas cortas. Y luego estoy yo, un tipa con un genio que te cagas obligada a atender una puta boutique porque a mi padre no le bastó con ponerme a trabajar una semana completa en la casa de los Williams, no, también le pidió a la madre de Sandra que me diera trabajo de medio tiempo en su boutique. ¿Es acaso este un mensaje de que tengo que buscar un trabajo pronto porque me van a botar de la casa? Mierda, mi sueño de ser una indigente del centro se acerca cada vez más, todavía no cumplo los veinte y ya tengo que pensar en mi futuro. Sí, sé que se están preguntando qué pasó con James, pues nuestros papeles se invirtieron, ahora yo soy la que huyo de él. Simplemente huiré de mis problemas hasta que me canse, no tengo la suficiente madurez para aceptar que me muero por ese idiota o bueno, por lo menos no para decirlo en voz alta. Fueron días difíciles y charlas de horas con mis dos amigos tortolitos que se aman en secreto, pero ninguno de los dos es capaz de hacer algo al respecto para no dañar la amistad ¡Chicos! en el momento en el decidieron mirarse con otros ojos ya se arruinó todo, vayan de cabeza. En fin, ya lo superé y al igual que esos tipos no haré completamente nada al respecto, James con su cuerpo alto lleno de músculos con esos ojos encantadores y esa sonrisa que te mata pueden irse al séptimo círculo del infierno y bailar bachata allá... lejos de mí. —y serían veinte dólares —sonrío de la forma más falsa posible a la chica a la que llevo quince minutos atendiendo porque no se decidía entre un vestido rojo con escote y un vestido azul rey más largo que mi historial s****l, o sea nada. Al final se decidió por uno rosa coral con un lindo encaje en el busto. —¡¿tanto?! —pregunta escandalizada. El timbre de la entrada suena, pero no presto atención por seguir atendiendo a esta igualada. —hazme un descuento, sé que ustedes pueden hacerlo. —no lo compre si no le alcanza —yo y mi condenada lengua. Claramente, la tipa se enojó. Tampoco me importa, esos vestidos no le quedaban bien de todos modos. —¡¿estos son los tratos que le dan los empleados a sus clientes?! —me grita con voz aguda. Ay que drama. —para ser un cliente tiene que pagar y usted no está pagando —sonrío con falsa amabilidad. Para este momento puedo ver cómo los cabellos mal alisados se levantan y un aura roja desprende de ella. —¡esto es un atropello, me quejaré con tu jefe! ¡¿cómo es posible que existan trabajadoras como tú atendiendo a personas?! —mi semblante aburrido ni se inmuta y eso la hace enojar más. Aún recuerdo la primera vez que un cliente me gritó y me puse a llorar pidiéndole disculpas hasta por existir, que grandes recuerdos — ...y exijo ver a tu jefa! Su grito me sacó de mi viaje al pasado y los recuerdos preciados, maleducada. —mi jefa se encuentra haciendo cosas más importantes ahora mismo, puede dejar la queja en el buzón de sugerencias. La tipa me tira el vestido directo al rostro enojándome un poco, pero no lo suficiente para estallar e irme directamente a los golpes con ella, aunque ganas no me faltan. Ya me la encontraré afuera del trabajo. —¡siempre a la orden! —la tipa se va echando humo y maldiciendome de todas las maneras posibles. —ahí va otro cliente satisfecho. Sonrío con orgullo. Sí, lo estás haciendo bien. —no creo que "satisfecho" sea la palabra adecuada —dice la voz conocida frente a mí, un grito agudo sale de mi boca ante la repentina presencia ¡Joder, que susto! James suelta una pequeña risa y deja una fea camisa de flores en el despachador —precio, por favor. Se inclina un poco sobre la barra sonriendo de esa forma en la que solo él sabe sonreír. Está coqueteandome, de eso no hay duda ¿por qué me doy cuenta de esas cosas más rápido ahora? este tipejo... cómo lo odio. Le lanzo una mirada con recelo y sin decir nada paso la etiqueta de la camisa por el lector de códigos. —serían... siete con noventa y nueve —un momento ¿acabo de tartamudear? ¿yo? ¡oh Dios! acabo de tartamudear ¿y por qué de repente mi cara se siente caliente y siento que voy a tener un sangrado nasal? ¿y por qué no le puedo sostener la mirada a este idiota? —¿me das un descuento? —ese tono coqueto me está enfermando. —no hacemos descuentos —respondo en automático. —ok, no haces descuentos, pero dame uno. Volteo a mirarlo ya irritada lista para decirle sus cuatro verdades, la maliciosa sonrisa que baila sobre sus estúpidos y sensuales labios me dice que solo se está burlando de mí. —jodete —le muestro mi hermoso dedo del medio. James solo ríe y saca su lujosa cartera de marca. A mí me gustan mucho de esas. —linda billetera —le digo con envidia. Soy una persona transparente y me crié con unos padres increíblemente avariciosos, aunque no se les note. —si la quieres es tuya —dice con una naturalidad que me hace pensar si este tipo está loco o qué. —¿por qué me darías una billetera tan cara? —pregunto confundida. James solo se encoge de hombros, saca su tarjeta de la billetera para luego deslizar la cara billetera hacia mí. —te daría esto y más, solo tienes que pedirlo. Suspiro sale de mis labios, ¿por qué eso sonó tan caliente? Los ojos de James nuevamente se deslizan hacia mi boca y aunque hay una clara distancia entre nosotros el mostrador tampoco es un impedimento para que nos acerquemos más. Los ojos de James me miran con una intensidad que hace flaquear mis piernas por un momento, así de cerca puedo notar que su ojo izquierdo tiene heterocromía hay un destello de verde en la intensidad de sus ojos azules, pero solo es en ese ojo. —no deberías de mirarme de esa forma. —susurra contra mi rostro. Hasta este punto James está completamente inclinado sobre el mostrador buscando más cercanía entre nosotros. —¿de qué forma? —mi voz sale baja y tímida. Si no estuviera tan hipnotizada por esos ojos azules estaría completamente atormentada por lo estúpida que me escucho. —sabes muy bien de qué forma —niego suavemente con mi cabeza inclinando mi mejilla contra la mano que tiene extendida en el mostrador. —no sabes lo que estás haciendo. Su aliento huele a menta y chicle de sandía, así de cerca puedo sentir la costosa y sutil fragancia que desprende su cuerpo. Él es tan perfecto, que me hace rabiar del enojo. —no lo sé —susurro otorgándole la razón. Nuestros labios se rozan y un suspiro tembloroso sale de mis labios. Cierro los ojos y me preparo para dar mi primer beso en toda mi triste y sola vida, con el tipo que según odiaba hace una semana. James acaricia mi mejilla y estamos a milímetros de besarnos cuando la campana de la tienda suena sacándonos de nuestra burbuja. Ambos nos separamos con si nuestras pieles quemaran. Trato de calmarme tomando algo del agua que tengo a un lado de mi caja, mi cara todavía se siente horriblemente caliente. James abre su boca para hablar, pero un carraspeo de garganta lo interrumpe. Ambos miramos a la persona que nos interrumpió sin disimular un poco nuestro fastidio. —¿a la orden? —le pregunto de forma tajante a la chica que entró a la tienda. —¿dónde están los vestidos de verano? —la tipa responde sin mirarme su atención enfocada en el chico a mi lado. Genial, desearía que la caja se pudiera ver desde afuera... ¿estoy celosa? no, no, no ¡no puedo estar celosa! no de este idiota, esto es solo atracción física, sí, no quiero estar celosa. —tal vez en la sección que dice verano —digo de forma obvia. James me mira con los ojos entrecerrados claramente divertido de mis increíbles cualidades para la atención al cliente. La tipa me mira por primera vez en la mañana, ella me odia, pero que sepa que yo la odio más. —sí, quizá estén ahí. —no era una pregunta —ella me mira otra vez con fastidio antes de irse a la sección de verano echando chispas. —debes de manejar ese temperamento —dice una vez que la chica desapareció. —no fui grosera —tomo su camisa horrible para facturarla por fin —hizo una pregunta y yo muy amable se la respondí ¿no era eso lo que quería? —sí, pero las personas quieren un poco más de tacto en tus palabras. —si no son amables conmigo, no soy amable con ellos, no tengo por qué tratar bien a alguien que no me trata bien. Les doy lo que me dan —James mira hacia otro lado pensativo. Espero que la indirecta le haya llegado. —¿te he tratado mal? —pregunta luego de un corto silencio. Tiro su camisa sin ningún cuidado dentro de una bolsa. —¿efectivo o tarjeta? —pregunto tratando de desviar la conversación. Por un momento parece que quiere refutar, pero luego simplemente se rinde y me da la tarjeta que tenía hace rato en la mano. Hago el cobro añadiendo sin que lo sepa el descuento que tenemos los trabajadores de la tienda, que en realidad solo éramos Sandra y yo. Hablando de esa tipa, no ha regresado con los almuerzos, la próxima iré a comprarlos yo. —¿tienes algo que hacer mañana en la noche? —pregunta cuando le entrego la bolsa de su compra. —tengo una cita con mi televisor y la cuarta temporada de Bridgerton —respondo con naturalidad. —¿quieres salir a dar una vuelta conmigo? —pregunta y no puedo evitar sorprenderme ante la repentina timidez. —no. Ya sé, ya sé que me estoy muriendo por el tipo, pero tampoco se la dejaré fácil. El idiota trabaja doble ¿o cómo era el dicho? —¿puede fingir pensarlo un poco por lo menos? —dice algo dolido. —mmmm déjame pensarlo —llevo una mano a mi barbilla fingiendo pensar —no, no quiero. James tuerce los ojos, pero cuando abre la boca para decir algo es interrumpido por la voz chillona de la clienta de hace un momento ¿no se había ido esta chica? —cobrame —tira dos vestidos sobre el mostrador con algo de altanería. Tuerzo mis ojos con fastidio y proceso a cobrar su porquería. Miro a James por el rabito del ojo, este solo se encoge de hombros y niega divertido. —¿eres de por aquí? —le oigo preguntar me imagino que a James. —no —es lo único que le escucho responder. —¿tienes novia? Antes de que James pueda responder le interrumpo —son cuarenta dólares. —¿estás segura? en esa sección decía que había descuento del diez porciento —suspiro de forma pesada. —los descuentos son de nueve de la mañana a una de la tarde —sonrío con la boca cerrada. —pero es la una y cinco —señala el reloj detrás de mí. —es una lastima, ya pasó el tiempo ¿efectivo o tarjeta? —la escucho refuñar con enojo y me pasa su tarjeta de crédito. —esto es un robo, ¿no crees? —le pregunta a James. —si la promoción tiene una hora estipulada la empleada no puede hacer nada, sería ponerla a pagar el excedente a ella, no lo está haciendo porque lo quiera hacer. En realidad si lo estoy haciendo porque lo quiero hacer, el letrero es solo para atraer clientes. —está bien —dice rendida —eres muy lindo y amable. —listo, muchas gracias por comprar en nuestra tienda, vuelva pronto —le entrego sus cosas y miro a James con enojo. —¿me das tu número? —tengo pareja, gracias. Levanto una ceja confundida ante esa respuesta. La chica se sonroja y se va sin decir más nada. —¿tienes novia? —pregunto confundida —¿sabes qué? no digas nada, no es como si me importara, ya te puedes ir. Estoy a punto de irme a la bodega, pero James me detiene agarrándome del brazo. —no tengo novia, solo lo dije para que me dejara en paz. abro la boca para responderle, pero la campana de la tienda me vuelve a interrumpir. —Jade, las filas estaban horribles apenas y... —para de hablar cuando su mirada choca con la de James. Sus ojos fueron directamente hacia mí y el agarre de James en mi brazo, sacudo al tipo y Sandra me sonríe con coquetería. —hola James, ¿Qué hay? —saluda luego de unos minutos. —todo cool —responde la misma forma y luego voltea a mirarme —hablaremos después. —no tengo nada que hablar contigo. James no dice nada solo sonríe, cuando pasa por el lado de Sandra toca su hombro en forma de despido. Sandra no se mueve hasta que escucha la puerta sonar. —¿Qué hacía aquí? —pregunta —¿estaban tortoliando? no habían clientes ¿cierto? —no, pero quizás si tengamos una que otra queja en el buzón de sugerencias. Sandra borra su sonrisa y suspira. —Jade...
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