SEDICI

1486 Palabras
Galia despertó adolorida y desubicada, la habitación no se parecía a ninguna donde hubiera estado antes, y definitivamente no era un hospital a pesar de los equipos ahí dispuestos. Recorrió con la.mirada cada objeto y se dio cuenta que muchas cosas eran suyas, las de la casa Pozo, incluso la fotografía de ella y Hadriel cuando nació Jared Intentó moverse, le dolía todo el cuerpo, y la garganta la tenía seca al punto de arder. El último recuerdo en su mente fue la ingesta desesperada de dos frascos de somníferos después de la conversación con la hija de Hadriel, la celebración de los veinte años de su matrimonio y la discusión con él por la amenaza de finalizar con la relación que tenían. Galia recordó los reproches y la calma con la que Hadriel le negó la posibilidad de estar juntos, él no se divorciaron de Maia, era demasiada pérdida desde lo económico y el prestigio social, pero también pudo sentir el dolor en sus ojos, la tristeza por el amor que pudo haber sido que la impulsividad de la juventud les arrebató. Con algo de esfuerzo pudo levantarse y en el movimiento, tiró de los sensores que empezaron a sonar, la puerta de abrió de golpe e ingresaron Román y un hombre de bata blanca, atrás de ellos Vila viuda de Pozo caminaba con lentitud, la preocupación en los ojos de su madre era genuina, pero sentía también la furia de la decepción. Una orden bastó para que su hermano saliera marcando un número en el celular y ella se quedará con la matrona. —Esta es la casa que debió ser de nosotros hace muchos años, la que tú padre eligió cuando le tendió la trampa a los Bazma —Vila miraba a Galia con una frialdad que la hizo temblar—. Sabías del plan, tenías todo en bandeja de plata, y ¿Que hiciste? ¡Huir para disfrutar la vida! —Hadriel nunca nos abandonó, suficiente sabiendo que está casado con Maia. —Sigues siendo una caprichosa mimada, tu terquedad va a llevarnos a la ruina total, y no te importa porque únicamente te amas a ti misma. Galia apretó la sábana que la cubría, era mentira, amaba con locura a Hadriel, y esa obsesión la obligó a cometer todo tipo de estupideces para que él no se alejara, incluido aceptar a la muchachita que tenía por hija y darle a Leila ese amor que no podía expresar a Jared. —Tenemos una oportunidad, aprovéchala. La puerta de abrió una vez más dando paso a Hadriel que de inmediato se lanzó a abrazarla, Galia se refugió en sus brazos y lloró, nada era fingido, si las cosas hubiesen sido diferentes ella sería quien disfrutará de la compañía de su único amor, pero la manipulación de sus padres la llevó a aceptar condiciones ridículas que ahora la tenían en esa posición. El médico aconsejó que se aseara y poder continuar con los exámenes, Ara, recién llegada, la ayudó a levantarse e ir al baño. Las palabras de Vila fueron reforzadas por la castaña, estaban en Port Prince, y si movía bien las fichas, al fin podría rehacer su vida. En la habitación principal, lejos de las emociones que ahora embargaba a la familia Pozo, Maia analizaba los resultados del viaje y las colaboraciones que logró en esa semana. Envers Co., era sólida económicamente, pero continuaba en peligro si no se deshacía de la nociva presencia de Ara. Odiaba actuar como la villana, sin embargo, no había trabajo veinte años de su vida para que otro de quedará con su patrimonio, por eso, sacó otra de las carpetas, en esta una fotografía de Román Pozo le dio la bienvenida con varias anotaciones sobre las actividades del mejor amigo de Hadriel. Una mueca de divulgó en el rostro de Maia sin saber que sentimiento la acompañaba, quizás era la lástima de ver cómo una persona con potencial de desperdiciada bajo el yugo de dos mujeres posesivas y manipuladoras. Continuó la lectura hasta encontrar lo que necesitaba, a pesar de todo, la abogada amaba de manera sincera a Román, una verdadera tristeza que él no pudiera corresponder con la misma intensidad ese amor, ya que su interés siempre estuvo en Cristóbal, pero la manipulación de Vila arruinó por completo la que pudo ser una hermosa historia de amor. La mano de alguien en su hombro la hizo despertar de sus recuerdos de tardes compartidas en la época que todo parecía menos complicado y verdadero, incluso cuando ahora sabía que Hadriel jamás fue sincero, los bellos momentos compartidos serían difíciles de recordar como algo más. Jared le sonrió limpiando la lágrima que no se dio cuenta resbaló por su mejilla. Maia se sonrojó de inmediato, este chico podía mover su mundo con una facilidad. —Galia despertó, ¿Por qué no estás con ella? Jared alzó los hombros y habló de no querer encontrarse con la familia. Maia sonrió negando con la cabeza. Para el joven adulto, esa expresión fue adorable. El ambiente cargado del aroma del perfume de Maia y del café humeante en la mesa auxiliar llena de documentos, ofreció a Jared la oportunidad de las fotos en blanco y n***o bajo sus dedos. Maia percibió el aliento del azabache en su oído, intencionado, y muy descarado. La música suave de la guitarra acústica dio un toque de intimidad a la habitación, cualquiera que entrase en ese momento, podría malentender la situación. Levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de él. Sus cuerpos casi se tocaban. La calidez de Jared inundaba sus sentidos, nublando incluso el recuerdo de que el joven debía estar con Galia. —¿Qué estás pensando? —preguntó Maia, su voz apenas un susurro que no perturbó la quietud. Jared sonrió un poco, el gesto rápido y dulce. —Estaba pensando en éste momento... —Hizo una pausa, como si buscara la palabra exacta—. Se siente como el lugar en el que se supone que debo estar. Maia sintió un calor subirle al rostro. Se giró para mirarlo completamente, apoyando un codo en la mesa. —Siempre tienes las palabras exactas, pero en esto…en lo que deseas que seamos, debo decir que fallas. Jared sonrió y enarcó las cejas como si de un bufón haciendo alguna travesura se tratara, Maia devolvió la sonrisa y lo miró con detalle. Se inclinó hacia adelante, apoyando ambos antebrazos en la mesa, acercándose a Jared. El ofrecimiento silencioso era una jugada de confianza y una muestra de poder, Jared no podía dejar de lado ninguna. —Es porque las palabras exactas en ese caso son demasiadas, decirlas no es igual que sentir la emoción. Maia le tomó una de las manos, que descansaba cerca de la suya, y entrelazó sus dedos. El contraste le recordó a Hadriel, Jared se mantenía cálido a diferencia de ella que parecía siempre como si de un iceberg se tratara, fría, brillante y con demasiadas emociones bajo el océano que era su piel. Jared, por su parte, miró el entrelazamiento de sus manos, como si allí estuviera la respuesta, levantó la vista y la miró a los ojos, para pronunciar, sin vacilar, las palabras que desbordaron a la mujer ante él. —Te amo, Maia. La sencillez de la frase, la honestidad desarmante, hizo que el corazón de Maia diera un vuelco violento. No fue el "te quiero" apasionado y desesperado que había imaginado, fue una afirmación, una que hace años no recibía con tal sinceridad. —No siento lo mismo—pronunció con la voz un poco ronca—. Pero, estoy muy cerca de comprender qué es realmente lo que despiertas en mi. Jared sonrió, una sonrisa completa y radiante. Su agarre en su mano se hizo más firme. Maia se acercó deslizando su cuerpo hasta quedar de pie y llegar al lado del azabache que la tomó por la cintura acercándola en un gesto de posesividad. Ella acercó su rostro al de él, sus labios rozándose suavemente. El beso comenzó lento, empapado en la calidez del fuego y la paciencia de la larga espera. Jared comprendió que el instinto vale más que la razón cuando una persona tan calculadora como Maia decide hacer caso a su corazón, tal vez ella simplemente quería un poco de venganza por el dolor que la discusión con Hadriel causó, pero la oportunidad estaba servida y no iba a darse el gusto de desaprovecharla. Maia se separó apenas para respirar, su frente descansando contra la de él, el mundo exterior reducido a la pequeña sala de estar, las llamas danzantes, y la sensación de pertenencia. —Enseñame a amarte, Jared —susurró ella—, dame una opción mientras la novedad de “quitarle” la esposa a tu padre se desvanece. Jared volvió a besarla, un beso que era una promesa de todo lo que vendría.
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