Nove

1318 Palabras
Jared se detuvo en la puerta del estudio para ver a Maia leer, las gafas únicamente le daban un mayor toque de distinción. Los labios de la mujer estaban fruncidos y pasaron a una leve sonrisa cuando cambió de página, era hermosa, no comprendía cómo su padre se mostraba ciego ante tal presencia. Con cuidado de no ser notado, caminó hasta el sofá para detenerse ante la rubia que lo saludó con gentileza, Jared aprovechó a quitarle el libro de las manos y ocupar el lugar del mismo en el regazo de Maia, que rió bajo cuando el azabache suspiró y dio un gracias. —¿Qué tan malo fue el día? Jared sintió como los dedos de la ojigris se deslizaron por entre su cabello acariciándolo como si de un gato mimado se tratara, el escalofrío que le recorrió la espalda fue una señal que el enamoramiento que tuvo por ella desde la única vez que la vio hace tantos años, seguía intacto. Temiendo decir algo equivocado, simplemente gruñó. —Dejame adivinar, ¿Discusión con tu pareja? —el chico negó con la cabeza al igual que las otras cuatro o cinco probabilidades que ella mencionó—. ¡Lo tengo! ¿Te faltó un dulce beso de buenos días y eso te arruinó la jornada? La carcajada que soltó Jared, hizo que se levantará para mirar a Maia que no podía aguantar la risa. —Eres terrible como adivina, pero acepto el beso para al menos tener una buena noche. La ojigris se inclinó para darle un beso en la mejilla, con cuidado de no delatarse, Jared inclinó ligeramente la cabeza logrando que los labios de la mujer se acercarán a la comisura de su boca. —Yo…lo siento, no med… —¡Hey! No pasó nada, fue sin malicia —interrumpió Maia al avergonzado joven, y en recompensa le dio un segundo beso sosteniendo entre sus manos el rostro del chico—. Ve y descansa, mañana me cuentas y hablamos de la campaña para la Textilera. Jared afirmó con la cabeza y se marchó con una sonrisa descarada que Maia no notó, pero si Cristóbal y Portia que lo encontraron en la puerta. Despidiéndose, el menor de los Envers fue a la alcoba que actualmente ocupaba, esa noche dormiría muy bien. Maia saludó a sus amigos, sabiendo lo tarde que era y que la servidumbre ya estaría descansando, prefirió preparar unos pequeños entremés fríos para la velada de trabajo y chismes que planearon. Portia se la quedó mirando, analizó su semblante para expresar lo que, de alguna manera, creyó que iba a suceder si seguía manteniendo a Jared bajo el mismo techo y sin el acompañamiento de Hadriel. —¡Estás loca! Jared podría ser mi hijo. —Pero no lo es, y ese chico no te mira como a su madre —Cristóbal sabía que la conversación terminaría en la negación de Maia sobre lo que otros si podían vislumbrar—. Debes tomar decisiones princesa, él tendría que estar con su padre o con los Pozo, y antes de que me digas que esta es su casa, te recomiendo que no lo hagas, por esa frase, Araceli y Román juran que pronto pueden pedir las escrituras de Port Prince. La rubia les entregó las copas de vino y colocó el plato en medio de la mesa. Era consciente que sus amigos tenían la razón, pero no podía sacar a Jared de la casa sabiendo lo mal que se llevaba con su familia. —¿Qué aconsejan? —Supe que hoy se reunió con Vila y luego con Leila, Román llegó contando cómo sus sobrinos encajaron por completo, y en especial, de la manera en que coincidieron que eras una mala influencia. Portia se burló del chisme de Cristo, el imbécil de Román adoraba llamar la atención del mulato con cualquier sandez que se le ocurriera, aunque Maia confirmó que sí sabía de las visitas que programó Jared, no daba crédito a la última parte de la historia. La charla no se extendió más sobre ese tema, eran divagaciones que sólo Jared podría confirmar, así que fueron a las cuestiones laborales. A la una de la mañana decidieron dejar ahí y continuar con la publicidad al día siguiente, recogiendo el trabajo, abandonaron el estudio para ir al segundo piso. A medida que caminaban rumbo a las habitaciones que siempre estaban dispuestas para ellos en Port Prince, Portia retuvo a Maia solicitando que la acompañará unos minutos. Cristóbal le hizo un guiño sabiendo cuál era el tema de conversación, los tres eran un equipo, pero el temor de ellos por el momento de fragilidad por el que Maia pasaba, hacía que la vieran más vulnerable a cualquiera que quisiera aprovecharse. —Sabes que Hadriel espera una respuesta, han pasado pocos días desde que se destapó todo, pero —la pelinegra abrazó a su amiga para luego sostenerla de los hombros y seguir hablando—, es necesario que veas las ventajas y desventajas de tener a tu marido cerca. —¿Me dices que vuelva con él? —Te digo que lo mejor es que esté a tu lado, déjalo vivir en la casa, busca negociar con él, sea lo que sea que hagas, no debes permitir que se aleje y sea presa fácil de tus verdaderos enemigos. Maia le deseó una buena noche y salió de la alcoba, recorrió el pasillo en penumbra hasta las escaleras que la llevarían al tercer piso, y más concretamente a su dormitorio, sentía como si los años transcurridos desde la muerte de sus padres no hubiesen sucedido. Los antiguos enemigos volvían a levantarse y en ese instante los peligros se limitaban a su familia y a la empresa que con tanto esfuerzo ella y Hadriel levantaron. Buscó entre su chaquetilla el celular y marcó un número que en esos días evitó al punto de pensar en bloquearlo, la voz de Hadriel se escuchó ansiosa, el sonido del altavoz llamando a un médico, le dio una idea de dónde se encontraba. —¿Qué tanto estás dispuesto a ceder para recobrar nuestro matrimonio? Hadriel pidió que repitiera la pregunta, Maia colgó. Sentándose en la escalera se dio cuenta de lo impulsiva que fue, ni siquiera recapacitó si de verdad deseaba a Hadriel a su lado. Tal vez la sensación de seguridad que por años él le transmitió, había perdido su efecto al enterarse de las mentiras. Observó el celular en sus manos, la vibración de la llamada entrante la hizo rechazarla, Portia y Cristóbal tenían razón en sus apreciaciones, que Hadriel no estuviese con ella implicaba que las manipulaciones de los Pozo obtendrían lo que querían, el problema radicaba en que no entendía bien el cometido de los ataques. Galia era más la esposa de Hadriel que ella, Leila ya vivía con Román y Araceli, entonces ¿Cuál era el objetivo de ese comportamiento? La manta que se deslizó sobre sus hombros, hizo que Maia alzará la cabeza encontrándose con dos ojos avellana que la veían con preocupación. —Eres tan parecido a Jonas, tu abuelo paterno. —Y eso ¿Es malo o bueno? Maia permitió que los brazos del chico la rodearán, y que Jared le recostara en el pecho, el sonido del latido del corazón y el calor que transmitía el joven, la relajaron por completo, al punto de dormirse sin apenas darse cuenta. El celular volvió a vibrar, Jared miró el nombre en la pantalla y rechazó la llamada dejando el aparato en una esquina de la escalera, si mañana Maia preguntaba, bien podía decir que debió caerse cuando la cargo para llevarla a la cama. Cuando la dejó en el lecho, la rubia lo abrazó mencionando el nombre de su padre, no era Hadriel, pero cumpliría el deseo. Y así, abrazó a Maia disfrutando de la oportunidad de dormir por primera vez juntos.
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