DIECI

1018 Palabras
—¿Se puede saber qué es esto? La pregunta de Hadriel salió en un tono bajo que enmascaraba su ira, Maia apenas si pudo despertar completamente por el movimiento en su hombro. La rubia se removió debajo del brazo que la sujetaba con firmeza, miró a su acompañante y siguió hacia el baño sin pronunciar palabra. Madre hizo el intento por seguirla siendo detenido por la voz de Jared —Se quedó dormida en las escaleras, deja de pensar que ella se comporta como tú. —No entiendo porque sigues en Port Prince, ve donde Vila y quédate con tu familia. Jared se burló de la orden que emitió Hadriel, se levantó dejando ver a su padre que ya no era el niño que se fue a estudiar al exterior hace cuatro años, además del color del cabello, todo en él demostraba el trabajo en el gimnasio, y que su vida había sido muy diferente a la de un “ratón de biblioteca”. —Digamos que estoy de intercambio, los Pozo tienen a Leila y Maia se quedó conmigo. El énfasis de la última palabra tensó a Hadriel, pudo entender el reto impreso en la misma, Jared estaba allí por algo más que crearle malestar, el brillo en los ojos tan parecidos a los de Jonás, su padre, le indicó el verdadero sentimiento que el hombre frente a él sentía, su primogénito lo odiaba. Maia salió arreglada del baño, no demoró más de quince minutos en ducharse y vestirse con un wolfeel-chaleco y pantalones sueltos en un color gris humo, acompañado por unas sandalias en el mismo tono. El cabello liso se prestaba para que simplemente cayera a cada lado de su cara enmarcandola. —Jared ve a arreglarte, a las ocho te reuniras con Portia y Cristóbal, ellos no esperan a nadie. El azabache asintió saliendo de la alcoba bajo la mirada de Hadriel. —Tu y yo hablaremos, pero no aquí —expuso Maia dirigiéndose a la puerta. Hadriel la siguió obediente, aunque las preguntas hervían en su boca, no era el momento de hacerlas. El camino hacia el jardín posterior permitió a la rubia pedir le llevarán el desayuno al kiosco, una de las empleadas le entregó el celular diciendo que lo encontraron en las escaleras, Maia agradeció revisando que la batería estaba casi agotada. Hadriel se lo tomó para, en la medida que caminaban, conectarlo a la cargador móvil que desde hace tiempo utilizaba. La ojigris le sonrió solicitando que tomara asiento frente a ella. En medio del café, Maia inició la conversación con la misma pregunta que le hizo en la madrugada. —Sigo sin comprender el cuestionamiento —repuso Hadriel dejando la taza sobre el platillo—. No voy a abandonar a Galia y tampoco voy a sacar a Araceli y Román de la compañía. —Quiero el divorcio. La frase heló a Hadriel, no esperaba una decisión tan drástica cuando en la madrugada percibió el deseo de reconciliación en Maia. —No te voy a firmar los pelea, estás loca si piensas que voy a dejarte ir. —¿Para que me quieres a tu lado Hadriel? El tono tranquilo de Maia desconcertó a Envers, no era la misma mujer de hace unos días, tampoco la que lo llamó alarmada porque Leila quería irse de la casa, los ojos grises parecían dos pedazos de metal frío e impenetrable. —Te amo, y sé que tú también sientes lo mismo por mi. Hadriel demostró en la frase que se sienta ansioso por regresar, el que Maia lo haya llamado era una muestra de qué aún existía la esperanza de arreglar su matrimonio. —Estás tan absorto en tus necesidades que no te detienes a analizar lo que las mías —expresó Maia con cansancio—. Estoy cansada de luchar para ser alguien en tu vida, de mentir a quienes nos rodean sobre lo grandioso que es nuestro matrimonio cuando han pasado meses desde que me hiciste el amor, de sentirme como un adorno más de tu oficina. Hadriel replicó tratando de que Maia comprendiera que era imposible pretender que su relación se asemejara a la que llevaba con los Pozo, se conocían de toda una vida, con ella desde hacía veintidós años. Maia suspiró, el problema no era el tiempo, era el compromiso que él asumió con la familia que supuestamente lo amaba. —Ahora soy consciente que, si quiero avanzar, no puedo seguir con esta relación. Hadriel no deseo ser tu esposa trofeo, hemos trabajado juntos por lo que tenemos, la Textilera, la fundación y Port Prince es tan mío como tuyo, y aunque decidimos manejar cuentas independientes, eso no significa falta de confianza. Hadriel no supo cómo responder, buscó la mano de Maia y la apretó con fuerza, ella era su soporte, la tranquilidad que Galia le quitaba y la voz de la razón que evitaba dejarse llevar por la testarudez y exigencias de Roman, Vila y Araceli. Maia se soltó del agarre para continuar con su desayuno, no iba a desperdiciar los alimentos una vez más. Terminaron sin más conversaciones, cuando retiraron la mesa, el reloj marcaba las nueve de la mañana, Hadriel debía marcharse, una reunión con unos nuevos clientes. —Yo quería hacerte un regalo —dijo el ojiverde en la puerta del automóvil donde Maia lo acompañó, sacando el anillo que serviría para renovar sus votos matrimoniales—. Así no cumpla el objetivo para el que fue comprado, quiero que lo tengas. Maia niega, no puede aceptarlo, cuando sabe que la próxima vez que se vean pueden estar frente a los abogados para firmar los papeles del divorcio. Hadriel hizo una mueca, por la respuesta de la rubia. —Se que aún tienes algo de amor por mi, por favor, acéptalo. —Tal vez te equivocas Hadie, porque en este momento, estoy segura que mis sentimientos por ti son todo menos amor. Envers la vio alejarse, al alzar la cabeza en la ventana del segundo piso Jared le sonreía, y fue cuando lo entendió, él iba a destruir su matrimonio.
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