El sonido de los tacones de Maia retumbó en el suelo brillante de Port Prince, necesitaba aire, y eso únicamente lo lograría si salía de su casa, si olvidaba por un tiempo todo lo que de un momento a otro se convirtió en los pedazos de su vida.
Al subir al auto observó la casa, los jardines y a lo lejos, las pesebreras, todo en Port Prince era impecable, silencioso, meticulosamente ordenado… y, aun así, ella se encontraba con algo que reflejaba la mentira, la suciedad de la traición y el desgaste de un amor de años, de pronto la imagen de la casa reflejó su alma.
Dio la orden al conductor que arrancarán, debía marcharse y buscar una solución viable que evitará un problema mayor, lo único cierto, es que los Pozo no obtendrían Port Prince, jamás. Si Hadriel quería recuperar algo de su confianza, esperaba que no tomará decisiones de las que se arrepentiría.
Una vez en el avión, Maia cerró los ojos tratando de descansar, el viaje fue una salida fácil de la sensación de soledad que llevaba años acompañándola pero sobre todo, de la confesión de Jared.
El hijo de Hadriel, se convirtió en una espina en el costado, en la casa y la oficina era consciente de su mirada, de sus ojos siempre atentos. Esos ojos tan diferentes a los de Hadriel y que eran la invitación a lo prohibido, a reconocer que no se convirtió en parte del mobiliario. Jared la veía como mujer, no como la esposa o la madre, y sin duda, eso la había asustado al punto de no poder rechazar el beso.
Recostó la cabeza en la silla pensando en la sensación de calor y el movimiento de los labios sobre los suyos.
¿Hace cuánto que Hadriel no la besaba con pasión?
Tres horas después, salió del avión más cansada de lo que subió. En el Bentley familiar le esperaba Cristóbal con una muda de ropa y unos documentos para revisar. Un saludo rápido y las explicaciones sobre el contrato que iban a firmar, el interés de los posibles socios, las dudas y el caos debían esperar. Por ahora, Maia debía asumir sus responsabilidades como dueña de la empresa de sus padres, una responsabilidad que dejó de lado por Hadriel y la textilera, pero con su padrino enfermo, Portia y Cristobal apoyaron a Samuel Suárez para exigir que tomara el cargo de CEO de la compañía.
El apellido familiar la precedía, y aunque nunca estuvo a cargo, cuando comenzó a hablar con los inversionistas, Maia se dió cuenta que esta era su vida, para lo que fue criada desde pequeña.
Maia Bazma era una líder, por lo que no podía no cometer los mismos errores de Abraham. Bastante tiempo y trabajo le costó ser reconocida, respetada y, por algunos, temida. Se forjó una nueva imagen, limpió su apellido y demostró que era más que una niña rica rubia, tonta y con un marido que la mantenía.
La imagen de Jared y la sensación de estar entre sus brazos la recorrió. Sacudió la cabeza y obtuvo una de las respuestas que debía obtener para su conciencia. Definitivamente no podía permitirse un escándalo romántico. Y mucho menos con un joven menor que ella.
¡No! Esa puerta quedó cerrada, y para sjamas abrirla.
La segunda reunión de la semana fue más exigente, está era de la textilera y trataba de cerrar el trato que evitaría el desmembramiento que Araceli deseaba. Maia como presidenta de Envers Co., tuvo que revisar los informes con cuidado, las cifras debían coincidir, no mostrarse como un número más sin soporte, mientras Portia legalizaba los asuntos de la herencia Bazma, con Cristóbal prepararon una proyección que ayudaría a ver los errores y aciertos de la inversión en la textilera.
La dupla de Cristo y Maia fue implacable, demostró el porqué del rendimiento proyectado y el real a la fecha, la cifra neta sorprendió a los más escépticos, 18%.
Cuando pensaban que todo estaba bien, uno de los inversionistas realizó una pregunta que Maia supo no era casualidad.
—Sin embargo… Ha habido movimientos inusuales en el área logística. —prosiguió la mujer que reconoció como Cecilia Delgado, la mejor amiga de Galia.
Tomando el control, la empresaria proyectó un gráfico descendente. Los demás murmuraron.
—Hemos detectado desvío de recursos —completó la directora de William 's and Son Company—, y, por la información preliminar, podrían estar relacionados con… familiares políticos, que su marido mantiene y que trabajan en la textilera. ¿Quién asegura que mañana estos individuos no hagan desaparecer nuestro dinero por una pésima administración? O, ¿puede ser que la presidencia apoye está desviación de fondos?
Maia sonrió con arrogancia ante la burla del supuesto. Desde que Delgado usó la palabra “Familiares políticos”, la clara amenaza de la familia de Pozo se hizo presente, lo que comenzó como un ataque a Araceli y Román, concluyó con una frase que generaba desconfianza de su gestión financiera.
—¿Se refiere a la familia de Hadriel lo está robando? —preguntó Cristóbal con frialdad.
—No puedo asegurar si son ellos u otros —respondió la mujer—, pero hay transferencias sustanciosas a diferentes empresas, y tengo entendido en Envers Co., todo pasa por tres revisiones, Román Pozo, Araceli González y la firma de la señora Envers. No queremos un suceso similar al de su padre con ellos.
Todos intercambiaron miradas. Maia sintió un tirón en el estómago. Sabía que el deseo de Hadriel de mantener a los Pozo, a pesar de todos los rumores, en la empresa, era una estupidez, y estos eran los resultados.
—No hay por qué preocuparse, yo no firmo nada si no estoy segura de que la transferencia se usa para lo que el contrato estipula.
Cecilia sonrió con frialdad, Maia supo desviar la atención de nuevo a la propuesta inicial, y la reunión continuó entre análisis, hipótesis y estrategias para contener posibles pérdidas. Cuando el último informe se proyectó en la pared, el aire en la sala se había vuelto denso, y los comentarios adicionales, esos que parecían espontáneos, pero nunca lo eran, entraron en el terreno personal.
—¿Está todo bien en casa, Maia? —preguntó el director de comunicaciones, fingiendo interés profesional.
—Perfectamente —mintió ella.
—Es solo que… —agregó él, bajando la voz— hemos notado que luego de su aniversario, la situación entre tu y Hadriel es diferente, parece más preocupado por la hija de los Pozo que por la empresa y su matrimonio.
—A mí me han comentado —terció la directora de Eternal Moda—, que él realmente desea dividir la empresa. Simon Fernández da por hecho que pronto será el dueño de Envers Co.
Maia se irguió, respirando con la frialdad de quien aprendió a no mostrar dolor.
—Gracias por su preocupación, pero mi vida personal y los intereses de la empresa, no son parte del orden del día.
La sala guardó silencio, empero, Cecilia volvió a insistir, y con esa frase los inversionistas que podrían salvar la empresa se miraron en un lenguaje silencioso que indicaba la declinación de la oferta.
—La verdad no se tapa con presentaciones de Powerpoint, su empresa, al igual que su matrimonio se resquebraja, y nadie se lo reprocharía por la incómoda verdad de la que se enteró hace poco, que su marido tenía un hijo con Galia Pozo.
—Una imagen de unidad es crucial para nosotros —murmuró uno de los inversionistas invitados dejando la carpeta de lado con el contrato sin firmar, la sonrisa de González no pasó desapercibida para Cristóbal, que actuó en consecuencia, enviando un mensaje a los números privados de las personas que necesitaban para no darle el gusto a Araceli de perder los contratos.
Veinte minutos después, para los ejecutivos de la sucursal y la amiga de Araceli, la asamblea terminó como un fracaso para Envers Co., Cristóbal observó como González escribía en el móvil, seguramente informando que el plan había sido un éxito, el cariño de la cuasi-hermana de Hadriel terminó en el instante que Fernández ofreció un mejor precio por sus servicios.
Cada ejecutivo se retiró con respetuosa prisa acompañados de Cristóbal, cuando la puerta se cerró, dejando a Maia sola, su fachada de acero empezó a resquebrajarse.
Había huido de casa para evitar un desastre emocional, y ahora se encontraba en medio de otro donde se acusaba a Hadriel de desviar fondos a favor de los Pozo sin pensar en las consecuencias. Y como una burla del destin, ella tuvo que defender lo indefendible, en ese instante se sintió abandonada, eso dolía más que la infidelidad.
Se irguió mientras inhalaba el aire de la sala como si fuera la fuerza que necesitaba, retocó el maquillaje y fue a la sala de conferencias privada donde los inversionistas la esperaban.
La rubia ingresó con el balance de la empresa de Hadriel, también mostró el documento que Araceli quería que la junta directiva firmara para el desmembramiento de Envers Co.
—Soy la accionista principal junto con mi marido, poseemos el 70% de las acciones, tenemos tres cuartas partes son nuestras como pareja, y el restante corresponde a mi hija Leila, siendo yo su albacea.
Los empresarios leyeron con calma la información, la compañía no estaba en quiebra, por el contrario, se mostraba como un fuerte competidor en el mercado.
Sin embargo, la pregunta obligada salió a flote, la inestabilidad en el hogar Envers Bazma y su repercusión real en la empresa.
—Señores, si me divorcio de Hadriel —repuso la mujer en tono sarcástico—, al demostrar infidelidad, ¿Quién creen que se queda con la textilera?
No hubo más cuestionamientos, al final del día, Cristóbal y Maia brindaban por el nuevo capital inyectado a Envers Co., y la manera como Araceli fue neutralizada, cada prueba en contra de esa mujer la utilizaría con estrategia, "las ratas deben ser acorralados para que el gato pueda comer".
A la mañana siguiente irían con Cristo a la fábrica, ahí se encontraría con Jared a quien le encargó la publicidad de la empresa como ejemplo de Sostenibilidad Industrial, y el último día estaría con su padrino para el traspaso del cargo directivo, uno que él y Portia ejercería como personal de confianza, no obstante, todo el riesgo administrativo y financiero recaería en ella por ser la representante legal.
Después de un refrescante baño, Maia se dispuso a dormir, la vibración del celular le obligó a apagar el secador de cabello y contestar colocando el altavoz. Era Hadriel.
—¿Dónde estás?
Miró la pantalla durante largos segundos. No respondió.
—No puedes desaparecer y dejar de lado tus responsabilidades —Maia optó por no dignificar esa afirmación.
—¿Qué quieres Hadriel?
El suspiro cansado de su esposo, le dio una idea de lo que seguía.
—Galia sale del hospital, el médico habló de requerimientos especiales para su habitación y…—el silencio dio paso a la petición que ya predecía la rubia—. Pensé en adecuar el ala sur de Port Prince, no tendrías que encontrar con ellas, Vila y Ara se turnaran el cuidado con la enfermera.
Maia conocía muy bien a Hadriel, las adecuaciones y las habitaciones del ala sur ya debían estar hechas, soltó una leve risa que callo el resto del discurso del hombre.
—Déjame adivinar Hadriel, Vila se acomodó en la habitación que fue de mi tía Beatriz, Ara y Román tiene la de mi primo Orlay, y a tu amante le dejaste la que hasta hace unos días fue mi gimnasio.
—Te fuiste sin avisar, no he podido contactarte.
—Si hubieses preguntado a tu secretaria o a Jared, o si Román hubiera llamado a Cristo, sabrías que esta semana era la firma con los distribuidores de telas y nueva maquinaria.
Envers guardó silencio, desde la discusión por culpa de Jared, no había vuelto a la empresa, creyó en la palabra de Ara sobre la cobardía de Maia y su afán de manipulación, así que no indago nada más.
Maia entorno los ojos, Hadriel no diría más, y ella estaba demasiado cansada para discusiones inútiles.
—No voy a ser tan mezquina para desalojarlos, únicamente quiero que le recuerdes a Vila que Port Prince es MI casa, y que les estoy arrendando un espacio en esta.
Colgó para abrir el portátil y enviar el contrato de alquiler, no los quería allí, pero no era ciega ante lo que haría Hadriel, por eso, buscó como incomodar a la esposa del responsable de que sus padres fueran a la cárcel. El patriarca de los Pozo ya estaba muerto, pero cada humillación se la cobraría a Vila y a su descendencia.
La respuesta de Hadriel fue inmediata, un reclamo que demostró una vez más donde estaba su afecto. En esta ocasión la voz por el teléfono tenía un tono agresivo. Bazma le oyó para responder con la frase que Envers entendió como un ultimátum.
—Acepta o márchate. Yo llegó en dos días y si hay algo que no esté de acuerdo con las cláusulas del contrato, asumirán las consecuencias.
—También es mi casa Maia, y la herencia de Leila.
—No es un bien matrimonial, y en mi testamento, TU hija fue borrada por su propia solicitud, una que avalaste, y si quisiera que heredará, primero deben asesinarme; así que habla con la viuda Pozo, Leila y tus amiguitos.
Dio por finalizada la llamada y guardó el teléfono. Maia respiró profundo. Y, por primera vez en mucho tiempo, tomó una decisión que no giraba alrededor del bienestar de Hadriel y la adolescente.