Capítulo 5: Okinawa.

1888 Palabras
Al rededor de una hora se quedó hablando con su hermano. Cosas triviales, sin importancia, lo que realmente valía era el tiempo que pasaban juntos. -Shotō, me tengo que ir. Es tarde y mañana debes levantarte temprano. -Sí, lo sé. Dabi se acercó y le dio un beso, luego se abrió una puerta tras él y desapareció. Todoroki regresó al interior de la habitación. Bakugō seguía dormido. El bicolor se acostó a su lado. El cenizo arrugó el ceño, se tapó con las ropas. -Tiene frío- pensó el medio albino. Se acercó, para abrazarlo. El rostro de Katsuki se relajó. Sin darse cuenta, se giró, acurrucandose en el pecho de Shotō. Las alarmas no dejaban de sonar. Era temprano, cerca de las 5:30am. Katsuki despertó, pues el sonido del celular era molesto. -Qué mierda- dijo, viendo al bicolor frente a él, muy abrazado, durmiendo de lo lindo. Se sonrojó hasta el cuello. De pronto se quedó pegado viendo a tan bello chico- Maldita sea- pensó, enojado por su propio actuar. -Apaga eso- se escuchó de pronto. Todoroki no tenía noción de nada, por lo que aferró más al cuerpo de Bakugō. Al ojirubí se le subieron todos los colores. -¡Suéltame maldito dos caras!. El grito asustó al bicolor- Buenos días Bakugō- saludó apenas, con voz de sueño. Se sentó en la cama. Katsuki lo miró y se puso a reír. Extrañado Shotō, lo observó. -¿Cuál es el chiste?. -Tú pelo- se burló el cenizo. Todoroki tenía los cabellos revueltos, además de una cara que le llegaba al piso. De pronto Katsuki se puso serio- Anoche, ¿vino alguien a verte?- preguntó tratando de parecer desinteresado. Shotō se tensó- ¿Te importa?. A Bakugō le metieron un ají en el culo. ¿Qué tenía que estar él preguntando mierdas? ¿Qué le importaba a él, lo qué hiciera el bicolor?. -Púdrete- dijo, levantándose de la cama. Sólo para molestarlo, antes que el cenizo saliera de la cama, lo tomó por la cintura y lo tiró de vuelta. Se subió sobre su cuerpo, apresándolo. -¿Porque quieres saber quién vino a verme?- susurró cerca de su oído, mientras pasaba suavemente su rostro por el cuello. Bakugō sintió una corriente recorrer su columna. -No...me interesa- articuló apenas. Trató de mover sus manos, pero Shotō enredó sus dedos con los de él- Suéltame- dijo, mirando esas penetrantes orbes heterocromaticas. -¿Porqué?- preguntó, acercando más su cuerpo. -Yo... -¡Despierta!- Aizawa había abierto la puerta de pronto. Antes pasó a la habitación de Bakugō, al verla vacía, fue a la de Todoroki. Se quedó en la puerta, viendo la extraña escena. -¡Oruga-sensei!- dijo rojo hasta el alma. Shotō ni se movió. -Buenos días sensei- saludó el bicolor- Nos iremos a bañar. Estaremos listos en veinte minutos. -Está bien- cerró la puerta. -¡¿Qué putas haces?!- gritó Bakugō, moviéndose bajo el cuerpo del mayor. -No hagas eso- sonrió- O lo despertarás. -¿Qué?- el cenizo ya no tenía cara. Todoroki sonrió, se salió del cuerpo del ojirubí- Vamos a darnos un baño. -¡Qué putas! ¡¿Quieres que te lave la espalda?!. -Lávame el m*****o, cómo yo lo hice contigo. A Katsuki se le salieron los ojos- ¡Maldito depravado!. -No escuché quejas. Oh espera, sí te quejaste, cuándo acabaste. -¡Maldita sea!- Bakugō se levantó, con nitroglicerina en su mano. Todoroki desvió la explosión, tomando la mano del menor. Se las dejó sobre la cabeza, mientras lo apresaba a la pared- ¡Suéltame!. -Deberás controlar ese genio de mierda- dijo cerca de sus labios- Sí vamos a vivir juntos, durante el semestre. Bakugō no dijo nada. Prefirió callar, pues cada vez que abría la boca, tenía al medio albino sobre él. Shotō lo soltó del agarre. Tomó una toalla y le pasó una a Bakugō. -Vamos. Después de una hora, estaban fuera del edificio, subiendo al bus que los llevaría al aeropuerto. Okinawa los esperaba. Bakugō se sentó, a su lado Shotō. El cenizo iba con el demonio vivo. -Todoroki, yo los dejaré en el aeropuerto. Mantengan sus celulares siempre encendidos. Los estaré llamando para saber cómo están- les dijo Aizawa. -Sí sensei- respondió el bicolor. -¡Porqué mierda no te sientas en otro lado!- le gritó. -Me siento solo- respondió Shotō. Se acomodó y cerró los ojos. Una hora y media de viaje al aeropuerto. Al bajar, se dirigieron a la puerta principal. Vuelo Okinawa, plataforma 7, favor abordar. -Bien- les dijo Shota- Cuídense mutuamente. No quiero saber que estuvieron peleando o algo. Centrense en los entrenamientos y no saquen de sus casillas a Endeavor. Los estará esperando allá. -Sí sensei. El pelinegro vio a sus dos retoños perderse tras la puerta del túnel. Una vez en el avión, los chicos fuegos, nuevamente iban juntos. Todoroki iba cabeceando. El cenizo se puso los audífonos, para escuchar música. Shotō dejó caer su cabeza, en el hombro de Bakugō. -¡Quítate!- pero el medio albino ni se inmutó- Maldita sea. -Disculpe. Katsuki levantó la vista, era una joven azafata. -¿Desea que le traiga una manta a su novio?. Bakugō se puso de todos colores- ¡Él...- lo quedó mirando- Maldición, traígame una, gracias. La chica toda feliz, fue en busca de una manta rosada. Al llegar, los tapó. -En dos horas más llegaremos a destino. Bakugō sólo asintió. La chica se marchó. Un tranquilo vuelo, que mantuvo a los chicos fuego durmiendo durante el trayecto. La azafata los despertó- Hemos llegado. Todoroki se desperezó, Bakugō sacó los equipajes y bajaron. -Bien. Enji me dijo que nos estaría esperando un auto. -Qué mierda de auto. -La patente es... -¡Auch!- el cenizo había chocado con alguien. Levantó la vista. -Muévete de mí camino lacra- dijo un tipo con cuerpo de jugador de rugby. -¡¿Qué me dijiste maldito hijo de perra!?. Detrás del tipo, aparecieron cinco más. -¿Te está molestando esta rata?- preguntó uno de sus compañeros, mirando al cenizo con desdén. Los seis hombres se pusieron frente a Bakugō, amenazando con utilizar sus quirk. Y todo esto, dentro de las instalaciones del aeropuerto. De pronto una gruesa capa de hielo, separó a Katsuki de los matones. El cenizo miró hacia atrás. -¡Qué es esto!- se escuchó del otro lado. Todoroki tomó de una mano a Bakugō y lo sacó de ahí. En el momento justo que llegaba la policía internacional. -¡¿Qué mierda haces?!- gritó el ojirubí. -Salvando a mí novio de la policía. Bakugō abrió los ojos cómo plato, ¿acaso escuchó lo que dijo la azafata?. -Allá está- dijo, señalando un Audi n***o. -Tú padre no escatima en gastos. -Enji está loco- respondió el bicolor. Soltó su mano, recién cuándo llegaron al vehículo. -Buenos días- saludó el chófer. -Buenos días- respondieron, mientras se subían. El auto se puso en marcha, aquél desconocido lugar los esperaba. -Tengo hambre- dijo el bicolor. -Tú siempre tienes hambre. Shotō lo quedó mirando, el cenizo buscó algo en su bolso, sacó un paquete de galletas de chocolate. -Toma. -¡Gracias!- dijo Todoroki feliz y es que lo que fuera comida, para él era el mejor regalo. Katsuki quedó mirando ese bello rostro, mientras comía galletas. -Maldita sea. Finalmente llegaron a destino, en la puerta del lugar los esperaba Endeavor. -¡Shotō!. -Qué porquería- resongó Todoroki. -¡Llegan tarde!. -¡Llegamos a la hora!- le gritó Bakugō. -Así qué tú eres el mocoso que ganó el Festival Deportivo, pero no fue capaz de obtener las licencias. -¿Qué dijiste?- Bakugō estaba por lanzarle una explosión. -Basta- le dijo Shotō, tomando su hombro- Déjanos ir a las habitaciones, dejar el equipaje y después nos puedes hinchar los huevos. Tomó al cenizo de una mano y entraron al lugar, dejando al pelirrojo solo. Bakugō no hizo ni el más mínimo amague de soltar su mano. De cierta manera se había acostumbrado a ese suave toque. -Supongo que son éstas- dijo mirando unas puertas. Estaban en el segundo piso. -Supongo que sí- respondió Katsuki- En cuál te quedarás. -En ésta- dijo el bicolor, era la número 7. -Entonces ocuparé ésta- era la número 9, estaban frente a frente. Dejaron los bolsos y bajaron a la recepción. Ahí estaba el héroe, hablando con la secretaria del lugar. -En una hora más servirán el almuerzo. Acompañenme- los llevó a la sala de estar. Se sentaron en los sillones. -Bien, primero que todo. Este sitio es de la agencia de Beast Jeanist. Lo usamos cómo lugar de entrenamiento, por su forma geográfica. Creo que recibiremos a los alumnos que reprobaron de Shiketsu en los próximos días. Pero se quedarán sólo una semana. Bakugō sonrió, por fin vería a Camie, por fin podría besar esas carnosos labios y recorrer ese bello cuerpo. Todoroki lo quedó mirando, cómo adivinando sus pensamientos. -Hoy harán reconocimiento del lugar y veremos los itinerarios para los entrenamientos. Cuiden el lugar, ¿está claro?. -Sí señor. Enji los dejó un momento. Bakugō sacó su celular y llamó a su novia, quería saber cuándo llegarían. Shotō salió del lugar, algo apestado por la situación. Lo que menos quería era ver a Inasa. Antes de salir de la sala, alcanzó a escuchar, que Katsuki le decía a Camie que hablaran en la noche, así podían jugar cómo a ellos les gustaba. -Juegos- pensó Todoroki. Después del almuerzo, los chicos fuego se separaron y fueron a reconocer el lugar. Eran grandes acantilados, el mar y la arena frente a ellos, además de una enorme montaña que llevaba quizás dónde. Las horas fueron pasando y la noche se hizo presente. Endeavor les ordenó acostarse temprano, pues debían levantarse temprano para comenzar a entrenar. Después de darse un baño, Todoroki fue a la habitación del cenizo. No sabía por qué iba y menos que le diría. Sólo su instinto lo llevó al cuarto número 9. Katsuki había recién salido del baño, estaba preparando la cama, algo de papel higiénico y el celular, para hablar con su novia, en una videollamada. En eso tocaron la puerta. -Quién putas- dijo, dirigiéndose, para abrir- Qué mierda quieres bastardo- le dijo. Shotō lo empujó al interior de la habitación. El cenizo cayó sentado en el piso. El bicolor cerró la puerta. Últimamente Katsuki se ponía nervioso cuando veía al medio albino. Había algo en el, que lo descolocaba. -¿Q... qué quieres bastardo dos caras?- dijo retrocediendo. Todoroki se subió sobre él, seguían en el piso. Bakugō estaba completamente rojo. Shotō lo tomó de las manos, dejándolas sobre la cabeza. -Haremos un juego- le dijo el bicolor- Cada vez que entrenemos y uno de los dos lo haga mal. El que lo hizo mal, tendrá que recompensar al ganador con algo. -A...¿a qué te refieres?. -Masajes, atenciones especiales, juegos. Bakugō comenzó a ponerse nervioso. Los labios del medio albino estaban muy cerca y más cerca estaba la hora con la que se contactaría con Camie. -¿Te puedes ir? Tengo una cita. -Oh, sí, una cita virtual con tú bella noviecita. Pero antes de que me vaya, quiero mí recompensa por salvarte de los policías. -¿Qué mierda quieres?. -Esto- dijo tomando su rostro, para darle un jugoso beso. GRACIAS POR LEER
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