4. Baile de graduación

1695 Palabras
Jared conmocionado y con la mejilla ardiendo no quita su mirada de ella. Jamás llegó a pensar que Rosanny le metiese una hostia de esa magnitud. No quiso comprobar su rostro en el espejo del elevador. La chica lo mira sin poder creer lo que acababa de hacer, mira su mano roja que le confirma lo sucedido. Ahora sí que se iba a paro. Se maldice por ser tan impulsiva, ¿Cómo puede ser así de imprudente? «Venga, que a ningún tío le gusta que lo abofeteen». Piensa. Los segundos pasan y con ello el silencio continúa. Jared aún con la mejilla ardiendo. Rosanny con la cabeza gacha. Ninguno de los dos se atreve a hablar, el primero por no querer cagarla más —porque sabe que se saltó tres pueblos con su comentario— y la segunda, por vergüenza. Su jefe no se merece esa hostia, sino muchas más, pero no de ella, de la vida. Rosy no considera en disculparse si quiera, acarrearía con las consecuencias de su impulsividad como sus padres le han enseñado. El elevador continúa bajando mientras se pierde en sus pensamientos. Inicio de Flashback. La joven se ve en el espejo, la imagen que ve le gusta. Pómulos pronunciados, labios de color rojo brillante, sus ojos perfectamente delineados, dándole profundidad a su mirada azulada; el cabello castaño le caía por delante, en el hombro izquierda, lacio y bastante largo, mucho más abajo de los senos. El cabello de Rosy es tan largo, que su hermano bromea acerca de que es la Rapunzel española, en esta ocasión, en vez de llevarlo hacia atrás, lo lleva hacia adelante, dejando a la vista su oreja derecha, adornada con un pendiente coqueto. Un vestido de color granate de seda, sus hombros al descubierto están, solo los recorre los finos tirantes. Sonríe por su aspecto, le gusta aquella imagen que proyecta, con tan solo dieciséis años. Esa noche será importante, porque no solo será el baile de su graduación, sino también la noche en que se confiese a su amor platónico. Rosy se ve nuevamente en el espejo y asiente. Ya está lista, más que lista diría ella. Su madre, Angelina, se asoma en su habitación y la mira. La mujer rubia de ojos azules como los de su hija, la ve orgullosa por lo grande que está su niña. —Parece que fue ayer cuando te arrullé en mis brazos, mi pequeño Sol —murmura con lágrimas en los ojos. —Venga madre, que no me voy al otro lado del mundo —le dice con una sonrisita burlona—, solo me he graduao de la prepa y me voy a la uni. —Venga coño, dejad llorar tranquila a mamá —deposita un beso en la frente de la chica—, que no todos los días tu pimpolla se gradúa. Las dos se abrazaron fuerte, la mujer termina de darle el visto bueno a su hija y juntas bajan las escaleras. Rosy localiza a su hermano junto a su mejor amigo y la hermana de éste. Su corazón se desboca al ver a su amor platónico, tan imponente, con ese porte que la hace suspirar y sus bonitos ojos grises, su mandíbula cuadrada. Ese hombre parece de otro planeta, no puede existir un ser tan bonito como él. Rosy no entiende la loca atracción que siente por Jared Contreras, un hombre a simple vista con más experiencia que ella, y mejor amigo de su hermano. Camina despacio por miedo a caerse, llega al lado de su hermano, Mateo, quién la elogia por lo bonita que se ve. La jovencita rubia al lado de Mateo, se acerca a Rosy. —Estáis guapísima, Ros. —Mira quién lo dice, si parecéis París Hilton con tanto rosa —comenta con una sonrisa en la cara. Con disimulo Jared, le echa una mirada la hermanita de su mejor amigo. La recorre de arriba abajo, demorándose en sus esbeltas piernas. Con ese vestido la joven parece una diosa sacada del Olimpo, su cabello cuidadosamente por su hombro izquierdo, la suavidad del vestido de satén abrazando su cuerpo, dándole las curvas necesarias para enloquecer a un hombre y por último sus bonitos ojos azules. De todo, es ese el atractivo de Rosanny Ríos, sus bonitos ojos. Hasta ese momento Jared no la ha visto como una mujer, sino como una niña, una niña un poco molesta que siempre busca a su hermano en los momentos en que ellos están reunidos. Le da un repaso nuevamente y borra de su mente algún mal pensamiento respecto a la hermanita de Mateo, ella y su hermana, Paulina, tienen la misma edad; se siente como si estuviese pensando de esa manera en Paulina. Arruga el entrecejo, jamás podría ver a su hermana con ojos de deseo. Mira a Mateo, y éste le devuelve la mirada. —¿Estáis listas, chicas? Las dos jóvenes asienten. Media hora después, llegan a donde se dará a lugar el Baile de graduación. Los integrantes de la promoción de ese año, alquilaron un salón lujoso y espectacular en un hotel conocido de Madrid. Con pasos temblorosos las chicas caminaron juntas, mientras que los chicos ven todo a su paso y sonríen coquetos. Muchas de las compañeras de colegio de sus hermanas han tratado de tirarle los tejos. A final del salón divisan algunos compañeros de clases y se dirigen hacia allá. —Hola hombre —Saluda Armando a Jared —, ¿Cómo os trata la vida? —dirige su mirada a Mateo — ¿Y a ti? Los amigos, Mateo y Jared, establecen una conversación con el hermano de Lourdes Peñalver, quién en sus épocas fue compañeros de ellos. Las chicas por su lado disfrutan cada baile, pero mientras el reloj sigue avanzando el corazón de Rosanny más martillea en su pecho, sabe que se acerca el momento de hablar con él imponente Jared Contreras. Se retira de su grupo de compañeras para ir al baño y luego hablar con Jared. Debe infundirse valor antes de lanzarse por un precipicio, pero es lo que su corazón le pedía hacer. Una vez en el baño, inhala y exhala. Nerviosa de lo que pueda pasar. Rosanny tan solo es una cría de dieciséis años, suspirando por su primer amor platónico. Se ve en el espejo y se acomoda los pelos que no están en su lugar, se infunde valor una vez más y sale del baño, pero lo que no contaba, es que Jared está saliendo del baño de Caballeros. Jared ve a la hermana menor de su mejor amigo, sus dulces mejillas se tiñen de rojo y él le sonríe. No se da cuenta cuando lo jalan de un brazo y lo introducen en el baño de las Damas. Se queda perplejo y mira a todos lados buscando el causante de eso. Localiza a Rosy mirándolo con algo más que temor, sus ojitos azules brillan, no puede encontrarle significado al brillo de su mirada. La repasa una vez, siente esa corriente que sintió cuando la vio bajar de las escaleras. —¿Pasa algo Rosy? —pregunta desorientado. La aludida carraspea. —Eh… eh…, yo… —los nervios no la dejan continuar. Inhala y exhala nuevamente. En su cabeza todo es un hervidero, se regaña una y otra vez, porque eso no es lo que tenía planeado. Jared la mira confundido, ¿Le pasó algo a Rosy? —Yo… —«Joder, a este paso el tío pensará que soy retrasada». Se dijo, aclara su garganta y comienza hablar—. Verás, no sabéis la vergüenza que me da admitir esto ante ti, pero no podía ser de otra forma Jared. Desde siempre habéis llamado mi atención, desde siempre os coláis en mis sueños más subidos de tono. Eres el protagonista de mis fantasías, de todo lo que anhelo, y no esperé decírtelo de esta forma, pero es que cuando estoy contigo todos mis pensamientos se esfuman, mi cerebro no hila ni una sola idea. Porque me afectas de la manera que ni yo misma me reconozco. Rosy fue hablando hasta quedar a un palmo de distancia de él. Le coloca en bandeja de plata su corazón, su sentir, sus emociones, sentimientos y anhelos. La joven ve como su manzana de Adán sube y baja, lo toma como una invitación y va directo a sus labios. A pesar de estar en tacones, Jared es alto y debe colocarse de puntillas para llegar a su más que apetecible boca. Inexperta toma sus labios entre los de ella y los amasa con suavidad. El hombre no sé espera eso, y le sigue corriente. Toma entre sus labios los suave de ella y le da toques. Escucha sus gemidos queditos, lleva sus fuertes manos y las posa en sus dos glúteos, la apretuja contra él y cuando escucha. —Jared… Vuelve en si. Abre los ojos y se da cuenta de lo que está haciendo. Se separa abruptamente de Rosanny. Mientras internamente no deja de maldecir. «¿Qué cojones estáis pensando Jared?». Se regaña. Ve la expresión de dolor en Rosy, pero eso no lo detiene. —Que sea la última vez que intentáis algo así —gruñe molesto, pero no con ella, sino con él mismo por permitir el avance de la dulce Rosy—. Rosanny, no me gustais como mujer, y apenas sois una niña. Olvida los sentimientos que creéis tienes hacía mí. No es más que una ilusión de niña. Olvida nuestro beso, porque esto no ha sido más que un error, ¿Entendido? A medida que escucha sus palabras, el corazón de Rosy se rompe en millones de pedacitos. Lo ve salir del baño mientras sus ojos se llenan de lágrimas, se le escapa un sollozo. Un ruido a sus espaldas le hace ver a través del espejo y se encuentra con la persona que menos quiere en este mundo. Loli. Fin de Flashback «No os permitiré jugar con mis sentimientos nuevamente, seré yo quien lo haga» piensa. —Si queréis despedirme, hacedlo, pero os vais almorzar solo —gruño, volviendo en mi después de recordar la noche más humillante de mi vida.
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