Lourdes se encuentra revisando los documentos que debe entregarle a su jefe para la negociación con los Pedraza, ordena todo en tres carpetas tipo oficio de color marrón. Suena su móvil y no se da el lujo de revisarlo porque está contra reloj. Su jefe está esperando por esos papeles, verifica una vez más que todo esté en orden y sale del centro de copiado en dirección a la oficina del CEO de Vinos Anzures.
Inhala y exhala antes de tocar la puerta y poder pasar. En esos días Renato Anzures se encontraba de los mil demonios debido a unas negociaciones fallidas por culpa de los Contreras. Para Lourdes encontrarse trabajando para la competencia de Jared, se le estaba haciendo cuesta arriba.. constantemente debía escuchar estrategias pocas etiquetas para debilitar la empresa de su actual ligue.
En esos momentos la rubia, inhalaba y exhabala. Ante todo era profesional y era conocedora, que su lealtad estaba con su trabajo y no con su amor de la infancia.
Toca la puerta y escucha el pase. Con la mano libre se acomoda la falda tubo y pasa.
—Lcdo. Anzures, le entrego los últimos estudios de mercado —le informa con voz profesional.
—¿El maldito Contreras sigue por encima de nosotros? —pregunta en tono borde sin siquiera ver la carpeta que Lourdes le entrega.
—En cuánto a la producción de vinos, sí. Los Contreras siguen teniendo ventajas en el mercado, pero...
—¿Para qué mierda os pago, joder? —blasfema dándole un golpe a la mesa, la rubia se estremece por el brusco golpe—. Estoy hasta los huevos de los malditos Contreras, no son mejores que yo y no lo serán. Quieren guerra, pues guerra os voy a dar. Para mañana convoca una reunión entre el departamento de marketing y mercadeo con los de producción y contabilidad.
Lourdes asiente.
—Mas os vale, que sus estrategias baratas den resultado porque de lo contrario acabaran todos en paro —gruñe con resentimiento— ¿Entendido?
—Sí, Lcdo Anzures.
Sale de la oficina como alma que lleva el diablo, ya está cansada de los malos tratos del viejo. Pero sobre todo le está cansando que sus compañeros de departamento la culpen de chivarse a la competencia.
Le comunica a la secretaria del cascarrabias la comunicación que debe redactar a los departamentos de marketing, producción y contabilidad. Se va a su oficina donde la espera el gerente de marketing.
—¿Cómo os ha ido? —le pregunta con preocupación, nadie más que él conocía el genio que se gastaba su jefe.
—Fatal —dice con sinceridad, nada lograba con mentir —. Está que incendia el edificio, joder. Ni que tuviésemos la culpa que los Contreras ofrezcan calidad y menos costos.
Suspira frustrada.
En momentos como esos se recriminaba no haber aceptado cuando Jared le propuso trabajar para él.
—Ni se os ocurra repetir eso frente a vuestros compañeros —le advierte su jefe—. Suficiente tenemos con la tensión laboral que se respira, conozco quién eres y sé lo profesional que eres. No me decepciones Loli.
La rubia ve los ojos azules de su jefe y asiente. Ambos se conocieron en la universidad y entablaron una amistad, su sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron el pasado año que trabajarían juntos.
—Prometo no decepcionaros, pero no os prometo decirle sus cositas a unos cuántos.
En ese momento su teléfono celular vuelve a sonar, abre un bolsillo discreto de la falda tubo y saca el móvil.
«Vaya... El que faltaba ». Piensa agotada.
—Vale, os dejo tranquila por el resto del día. Pero en la tarde, os quiero en la reunión para saber qué vamos a presentar mañana.
Loli asiente y responde la llamada.
—¿Qué pasa, Jared?
El hombre al otro lado de la línea se sorprende por el tono de cansancio. Eso le indica que algo le pasa.
—Estoy fuera de vuestro trabajo, sal. Vamos a almorzar.
Loli quiere maldecir por ese imprevisto, pero no lo hace, respira profundo y dice:
—Vale, enseguida bajo.
—¿Qué ha pasado con Jared? —Rosy levanta su mirada del monitor. Ante ella tiene a Paulina, quién la analiza como si hubiese perdido la cabeza.
Frunce el ceño y responde.
—¿Estás preguntándome que ha pasado con vuestro hermano? —le pregunta para retrasar su respuesta. La joven aún no sabe las represalias que puede tomar su jefe en contra de ella, irse a paro no está en sus planes, pero con lo que hizo es lo más probable que en lo que llegase él cretino Contreras esté de patitas en la calle.
Paulina la analiza, conoce el mecanismo de defensa de Rosanny, cuando ella responde una pregunta con otra pregunta, significaba que algo gordo había hecho.
—Joder, que no ha pasado nada —evita nuevamente la pregunta.
La rubia achina sus ojos.
—Ajá, por algo mi hermano ha salido a toda leche ¿Verdad? —Paulina salió un momento a la cafetería de la esquina cuando divisó entre la vía el coche de su hermano a toda pastilla. Ella conoce los estados de ánimos de su hermano, y varían por tres razones:
Número uno: negocios.
Número dos: sus padres pidiendo que establezca una relación seria.
Número tres: Rosanny.
Y en vista de la absurda petición de la mañana, supuso que ese cambio se debía a su mejor amiga, quién tiene por pasatiempo favorito hacer rabiar a su hermano.
La joven la mira, está visto que no va creerle nada hasta que le diga, exactamente lo que pasó.
Rosanny disfraza una mentira con una verdad, le cuenta su mejor amiga cierta parte del enfrentamiento que tuvo con Jared en el elevador. No le cuenta la respuesta tan vergonzosa que le dio el cretino Contreras, porque eso sería humillante para ella.
Al final Paulina termina echando humo por las orejas y espuma por la boca.
«¿Acaso Jared es tonto? ¿Ha perdido la jodida cabeza? ¿Cómo se os ocurre discutir con Rosy en el elevador cuando los de cámara pueden escucharlo?» Piensa par sí misma.
—Venga tía, no arruinemos nuestro almuerzo por un gilipollas, os invito a tomar un delicioso almuerzo a mi oficina.
Rosanny le toma la palabra y se dirige con Paulina a su planta para disfrutar su almuerzo, solo espera no tener indigestión por culpa del cretino Contreras.