Augusta tomó a Killiam con calma, susurrándole palabras que lo envolvían como un manto de paz. A un lado, Marisa observaba con evidente asombro, impresionada por cómo mi Luna había tomado control de todo sin vacilar. Conocer a Augusta de verdad es un privilegio que muchos nunca tuvieron. Para ellos fue siempre una mujer fácil de subestimar, alguien a quien tildaban de ingenua o débil. No sabían nada. Porque la mujer que yo amo es mucho más que una Luna: es fuerza, es corazón, es alma y pensamiento claro. Ella sobrepiensa, sí. Siempre busca entender, siempre quiere respuestas, y su franqueza a veces incomoda. Pero esa misma franqueza es la que nos sostiene hoy. Tuvo que proteger a nuestros cachorros, incluso en medio de conversaciones como esta, llenas de dolor y silencio. Y verla allí, e

