Cada palabra que Cecilia soltaba me golpeaba como un puño en el pecho. A la señora Mónica le quitaron su nombre y la obligaron a responder al nombre de Gladys… La imagen de mi Luna, obligada a dejar de ser ella misma, se me clavó en la mente como un hierro caliente. Sus hijos no dormían con ella… El simple pensamiento me arrancó el aire. Separarla de sus cachorros… eso es condenar a una madre a un tormento que ni el más cruel de mis enemigos merece. Mi tío siempre intentaba acostarse con ella… Mi lobo rugió en mi interior, reclamando sangre, exigiendo venganza por cada mirada, cada intento, cada asquerosa intención que ella tuvo que soportar. El rey dejó de hablarle… Así que la dejaron sola. Aislada. Convirtiendo el silencio en su única compañía. Odiaba pensar que el hombre que er

