Narra William
—¿Hay algo que se pueda recuperar?
—No lo creo —responde el jefe de la estación de bomberos.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿ya lograron saber la causa del incendio?
—No, pero seguimos investigando.
Solté una bocanada de aire y deslicé mi mano por mi barba.
Cuando pensé que nada podía salir mal, la vida me sorprende de esta manera. Miraba mi apartamento desde afuera y era un maldito desastre.
—Es una fortuna que estuviera fuera de casa en el momento que todo pasó.
—Sí, es una fortuna —respondí pensando en que tengo que pasar la noche en un maldito hotel.
Vi a lo lejos a mi asistente y lo llamé:
—Edward, necesito que investiguen lo que pasó. Quiero tener respuestas para antes que salga el sol.
—Sí señor —responde mi mano derecha.
—Mañana a primera hora llamada a la constructora de los Johnson, que ellos se encarguen de dejar todo como estaba. Oh, algo más, reserva un hotel para mí.
—Como diga.
El chico toma su móvil y empieza a hacer algunas llamadas, yo por mi parte me voy a mi auto y espero a que resuelvan el desastre.
Detesto los hoteles, su comida, todo; no me siento cómodo compartiendo un edificio con cientos de personas, el no tener privacidad en mis pasillos, en la alberca, en todos lados, me estresa.
—Señor, señor Morgan. Le reservé una suite en el hotel Montana, está a diez minutos de aquí.
—Perfecto, ya mismo le pediré a mi chofer que me lleve. No te vayas hasta tener listo lo demás.
—Sí señor.
Frotaba mis sienes algo estresado, mi noche debía terminar candente y llena del fuego de la pasión, pero no literalmente en llamas. Tuve que cancelar a la chica que vería por razones obvias.
Al otro día tuve que pedir un traje nuevo y zapatos nuevos para poder ir a la oficina, no se pudo sacar nada, así que debo comprarlo todo nuevo.
Me miré en el espejo esperando que mi traje encajara perfecto, no acostumbro a comprar de esta manera, mis trajes son hechos a la medida.
—Señor Morgan, de la constructora me dicen que inician la obra cuando finalicen las investigaciones, es decir la próxima semana; que tardarán un mes para entregarlo todo listo.
—¿Un mes? ¿por qué carajos un mes?
—Porque los muebles vienen desde Italia, son hechos exclusivamente para usted y deben hacerlos desde cero.
—Mierda, está bien. Diles que no hay problema.
Hice un gesto y negué con mi cabeza, no quiero pasar un mes en un maldito hotel.
—Edward, más tarde llamas a mi padre, dile que me quedaré con él.
—¿Y si pregunta la razón?
—Dile que tuve un corto circuito y que ya lo están solucionando, pero no menciones nada de la investigación.
—Como diga.
Ajusté mi corbata y me di un último vistazo, aprobé la manera en la que me veía y es momento de ir a la empresa.
Estuve en la oficina hasta la mitad de la jornada para atender algunos asuntos, tenía un par de reuniones a primera hora.
—William, estos productos tienen gran demanda, la marca de nuestra compañía encajaría muy bien.
Escuchaba a mi socio y trataba de entender lo que quería decir, pero tenía la cabeza en otro lado, no dejaba de sacar conclusiones de lo que había pasado en mi apartamento.
—Creo que el porcentaje de ganancia para ustedes es justo, cada quien gana lo que merece. ¿no crees?
—¿Qué?
—No me estás escuchando, llevo la mañana entera viéndote así, ¿Qué pasa hermano?
—Lo siento, es que tuve un problema y tengo la cabeza llena de muchas cosas. Pero no hay más que hablar, leí tu propuesta y me parece bien. Los productos y marcas que hemos trabajando contigo, han tenido éxito dentro de Morgan Corporation, así que no hay más que discutir.
—Excelente, entonces cerremos el trato.
Llevo unos siete u ocho años aproximadamente a cargo de la compañía de mi familia, Morgan Corporation es una corporación multinacional de tiendas que opera cadenas de grandes almacenes de descuento y clubes de almacenes. Somos muy reconocidos, desde hace unos años estamos dentro de las mejores empresas a nivel global.
Mi socio me da la mano y cerramos nuestra reunión.
Escuché mi móvil sonar y había algunos mensajes, uno era de Britani, la chica que vería anoche:
—Me dejaste con ganas de pasar una rica noche contigo, es una lástima que deba volver a París, pero tan pronto regrese a Miami, te llamaré.
—Estaré atento.
Britani es una modelo que conocí en un evento, es jodidamente sexy, desde que puse mis ojos en ella supe que debía hacerla mía; pero las cosas no se dieron. Es una lástima, pero no me decepciono, ante este tipo de cosas me sé esperar y esa mujer será mía en cualquier momento, desde que la seleccioné, supe que esa noche intensa será un hecho.
El otro mensaje en mi móvil, era de mi padre:
—Tu habitación está lista, te esperamos con ansias.
—Gracias, padre.
Hace mucho no voy a casa de papá, solo he ido dos veces este año; para su cumpleaños y para el aniversario de fallecimiento de mi madre. Del resto, no he regresado. Desde hace cinco años es igual.
Todo estaba listo en la empresa, dejé mis responsabilidades cubiertas para poder marcharme. Debo organizar mi antigua habitación, mi closet, hay muchas cosas por ordenar.
—Edward, dile a mi chofer que espere abajo, ya voy saliendo.
Edward siempre está corriendo de un lado a otro.
—De inmediato.
Tomé mi saco, mi móvil y mi maletín.
—Señor Morgan, el investigador dijo que tiene información, que esperará unos resultados más y lo visitará en los próximos días.
—Está bien.
De camino a casa revisaba mi móvil, quería soltar mi estrés con alguna de las chicas que tengo agregadas en mi móvil, pero es difícil seleccionar a cuál quiero; no paso más de dos noches con ninguna de ellas.
—Estamos en la mansión Morgan, señor.
Asentí y miré por la ventanilla, ya hemos llegado, fue más rápido de lo que pude esperar.
Guardé mi móvil y bajé del auto, quería saludar a mi padre y luego descansar un poco antes de empezar con todo lo que me espera.
Lo que no esperaba, es que en el momento de que se abre la puerta, en el recibidor estaría más de una persona esperando por mí.
—William, bienvenido a casa, hijo.
Mi padre me da un abrazo y se hace a un lado para que ingrese, pero al entrar, vi a unas personas desconocidas en el interior y no eran empleadas, lo supe porque no llevan uniforme. Las miré de pies a cabeza y de manera directa pregunté:
—¿Quiénes son ellas?
—Oh, hijo, tengo que presentarte a unas personas —responde mi padre halándome hasta ellas.
—Ella es Elena, mi nueva pareja. Y ella es su hija, Abbigail.
Fruncí mis cejas y las volví a reparar.
La mujer más joven me extiende su mano y me rehusé a tomarla.
—¿Cómo que nueva pareja? ¿por qué no me habías dicho nada?
—Creo que tenemos que hablar en privado.
Mi padre es el primero en retirarse, así que me voy tras él.
En silencio llegamos a su despacho, ese silencio acabó tan pronto la puerta se cerró.
—¿Cómo que tienes una nueva pareja? —volví a cuestionar—. La última vez que vine aquí no dijiste nada de una mujer, ¿por qué no me habías contado?
—La última vez que viniste fue para el aniversario de fallecimiento de tu madre, eso fue a inicios de año, William
—¿Hace cuánto salen?
—Unos meses —responde sentándose detrás de su escritorio.
—¿Y cuándo pensabas contarme?
—Esperaba el mejor momento, casi siempre estás ocupado.
—Sí, con la empresa que me encargaste, ¿lo olvidas?
—No, no lo olvido, pero sé que tienes tiempo para otras cosas y no para venir a casa de tu padre.
—No empieces con lo mismo, padre; no estoy de ánimos para tus charlas. Mi apartamento está achicharrado y lo último que quiero es lidiar con todo esto. Mejor hablemos cuando esas mujeres se vayan, ¿de acuerdo?
Me levanté de mi sillón y cuando quise dar un paso para salir, él dice:
—Ellas viven aquí, William.
—¿Qué?
Abrí mis ojos y no pude procesar lo que dijo, ¿Cómo era posible?
—Están juntos hace unos meses ¿y ya las has metido a la casa? Papá ¿escuchas lo que dices? Has dejado que esa mujer y su hija se queden aquí, en la casa en la que también vivía mi madre, ¿te volviste loco? ¿Qué no te das cuenta?
Era demasiado evidente, un hombre con mucho dinero, soltero, solo en una enorme mansión, era la carnada perfecta para cualquier caza fortuna.
—¿Cuenta de qué?
—De esas mujeres, papá. De lo que quieren.
—No te expreses de esa manera, llámalas por su nombre, Elena es mi pareja y Abbigail es su hija, a partir de ahora hacen parte de la familia.
Solté una risita y se me hacía difícil de creer.
—Debe ser una broma.
—No lo es, tengo planes a futuro con ella, así que, respeta a Elena, así mismo, pido lo mismo para Abbi. Ella apenas va llegando a la mansión, se quedará con nosotros, mírala como tu hermanastra.
Negué con mi cabeza y preferí no continuar.
—Mejor dejemos la conversación hasta aquí, por ahora. No puedo con esto, no quiero hacer un escándalo y que tus nuevos huéspedes escuchen.
Blanqueé mis ojos y salí de su despacho, salí por un poco de aire, necesitaba un momento a solas. Me resultaba patético, era como un mal chiste que me generaba un mal sabor. Es que no podía ser posible, me resulta de mal gusto, no apruebo nada de esto.
Caminé hasta el mirador y fui hasta el fondo para tener privacidad, pero vi como alguien se fue acercando. Era ella, la hija de esa mujer, era mi momento de hacerles saber que ya yo estaba aquí y que no dejaría que se salieran con la suya.
No me quedé con nada, le dije todo lo que tenía que saber, y para finalizar:
—Soy William Morgan, no nos habíamos presentado. Espero que no te olvides de mi nombre, hermanastra —dije eso ultimo con poca gracia.