Capítulo 6: Debemos alejarnos de los Morgan, parte 1.

1630 Palabras
Narra Abbigail —Por fin todos juntos, este será nuestro primer desayuno en familia —dice el señor Fernando dándole unos golpes en el hombro a su hijo. Miraba de reojo a mi madre y no sé por qué sonríe como tonta, ¿acaso no se da cuenta que ese engreído ni la determina? —Siempre quise tener muchos hijos, pero cosas de la vida, Dios sabrá por qué, solo tuve a mi William. Fernando estaba llevando la carga de hacer una conversación amena, intenta involucrar a su hijo, pero este no colabora. —Creo que es hora de retirarme, debo ir a la empresa. William tira el pañuelo sobre su plato que tenía la comida intacta y se retira. No podía sentirme más incómoda, que momento más horrible. —Mi hijo anda un poco estresado con todo el asunto de su apartamento y más porque también se hace cargo a la compañía familiar. Es un buen líder, desde que se convirtió en CEO demostró que estaba hecho para grandes cosas. A sus treinta y cinco años logró más de lo que imaginé. Ganó un par de reconocimientos el año pasado, lleva solo siete años en el cargo y ya entró en el ranking de los mejores líderes. —Eso es asombroso —suelta mi madre emocionada. Cualquiera puede hacer eso cuando le entregan una empresa reconocida y sólida en sus manos, no es para tanto, pensé mostrando gestos evidentes. Terminé de comer y sentía que necesitaba un momento a solas con mi mamá, necesito decirle que aquí ya no es un buen lugar para ella, se avecinan malos ratos para nosotras y no lo merecemos; ella no merece pasar por estas malas caras teniendo un techo que es suyo. —Mamá, ¿crees que más tarde podamos hacer un recorrido por la mansión? —Claro, pero ¿puede ser más tarde? es que Fernando y yo tenemos que ver a unos amigos, si quieres puedes acompañarnos. —No, está bien. —Vamos, Abbi —dice el señor Fernando—. No te puedes quedar sola en casa, ven con nosotros, vamos a jugar tenis con los vecinos de al lado, la pasarás bien. —Muchas gracias, pero no tengo que revisar algunos asuntos que tengo pendiente. Forcé una sonrisa y me levanté de mi asiento. Volví al interior de la mansión y caminé los espacios, quería ver fotografías, recuerdos, algo que me diera respuestas a eso que William, el imbécil de lengua larga, estaba diciendo. Pero no encuentro nada más que fotos del señor Fernando, retratos pintados al óleo, un par de recuerdos de los grados de su hijo, nada que me muestre más de lo que conozco de esta gente. —Son muy realistas ¿verdad? —escucho detrás de mí. —Sí, demasiado. Miré las pinturas una vez más y sí, son demasiado realistas. —El señor trajo a un artista de parís hace unos meses, hizo los retratos del señor Fernando y por allá hay otros de su hijo. Asentí y miré hacia el fondo donde efectivamente estaba el retrato del tipejo. —Son muy guapos los jefes ¿no cree? Miré a la mujer y con solo ver su sonrisa, recordé el porqué de su comentario. Claro que debe parecerle guapo si se lo folla por las noches. Rodé mis ojos y volví a reparar las paredes. —¿No hay fotografías familiares? —No, el señor las quitó cuando llegaron las pinturas. Creo que están en el sótano. Asentí y no continué la conversación, ya no veo de la misma manera a esta jovencita. Caminé por los alrededores de la mansión, no puedo negar que es deslumbrante, el enorme jardín, las estatuillas, las fuentes; es como un paraíso. Y qué decir de las frutas sembradas en los últimos terrenos, es maravilloso. Cada rincón de este lugar está pensado, quien vive aquí tiene todo, lugares para ejercitarse, para hacer deportes, piscinas, lo hay todo; pero lo único que no estoy viendo, es tranquilidad. Regresaba a la mansión para asegurarme de que mi madre y su novio han regresado, se me hace urgente hablar con ella. Vi en la entrada algunos autos y uno que no reconocía. —Disculpe —le digo a la señora de la cocina—. ¿Sabe si mi madre regresó? —Sí, está en el segundo piso. —Gracias. Pasé a las escaleras y escuché algunas voces, deduje que del lugar donde lo escuchaba, ella se encontraba; pero no era así. —Lo he pensado toda la mañana y no logro entenderlo, padre —dice William. —¿Por qué? ¿Qué es lo que te cuesta comprender? Sabía que mi madre no estaba en ese lugar, por lo que di un paso atrás, no es correcto escuchar conversaciones ajenas, pero hubo algo que me hizo retractarme y quedarme ahí escuchando. —Las fotografías de mi madre no están, por la mañana lo noté, pero dudé. Me dije a mi mismo, “no creo que papá haga eso” pero estuve intranquilo y quise venir a asegurarme, para mi sorpresa, no estaban ¿Dónde estás los recuerdos de mi madre? —Están en mi corazón, William. Tengo cada recuerdo de tu madre en mi mente, no colgado de una pared. —¿Cómo pudiste? ¿lo hiciste porque esa mujer estaría aquí de ahora en adelante? ¿ella te lo pidió? —¿Qué dices William? No se trata de eso, no lo hice por eso. Margaret falleció hace cinco años y viví el duelo más duro de mi vida. La amé como a nadie, la complací en todo, fue una mujer feliz, la hice feliz mientras estuvo a mi lado y fui también el hombre más dichoso por tener la fortuna de que ella se casara conmigo, pero ya no está. —¿Así de rápido la superaste? —No, no superaré jamás su muerte, pero si la acepté. Un silencio aparece y quise dar un vistazo al interior, pero no me atreví a hacerlo. —Intento realizar mi vida, solo quiero que entiendas. No espero tu aprobación, Will, solo quiero que te pongas en mi lugar. —¿Qué esperas? ¿quieres que finja felicidad? ¿Qué me haga a la idea de que esa mujer y su hija ahora son mi familia? —Algo así, justo algo así es lo que quiero. Elena es una buena mujer, si te das la oportunidad de conocerla te darás cuenta. Es atenta, amorosa, nos hacemos compañía que es lo más importante. No sabes lo bien que me siento ahora que sé que tengo a alguien que me quiere y se preocupa por mí. La soledad no se siente bien, hijo. —Me niego a creer que esto es real. —Tan real como quiero que hagas un esfuerzo, tan real, como quiero que mires todo de otra manera; que lo veas desde mi perspectiva y sientas lo que yo. El señor Fernando volvió a recuperar algunos puntos que había perdido con todo eso que dice. —Hijo, haz el intento. Antes de protestar, quiero que te des la oportunidad de conocerla. Abbi también parece ser una buena chica, me doy la oportunidad de conocerla, de que ella también me conozca, de eso se trata; somos ahora familia. —Solo en tu cabeza se ve de esa manera. —Quiero que te tomes un tiempo, que lo medites, Elena estará aquí por mucho; pues es lo que espero. Y Abbi, ella estará con nosotros durante el verano. Deberías hablar con ella, es joven, es contadora; pueden hablar de temas en común de sus carreras, puedes invitarla a la empresa, actualmente no tiene trabajo y quizás… —No, no pienso involucrar a esa mujer en la empresa. Ya están en nuestra casa, ya viven contigo, ¿también quieres que terminen en la empresa? ¿no te das cuenta? Dios santo, no las conoces de hace mucho y ya permites esto. ¿eres ciego? ¡esa mujer solo quiere tu dinero! —¡William! Elena no es esa clase de mujer, no sabes lo que me costó convencerla de estar aquí. —¡Cualquiera quisiera estar aquí! ¿acaso no te das cuenta de todo lo que tienes para ofrecer? No estás en el corazón de esa mujer para asegurar que te quiere porque sí. La única que te quiso de verdad fue mi madre, te conoció cuando no tenías nada, no hacía falta estar en el corazón de mi mamá para saber que su amor era desinteresado ¡Esa mujer no es mi madre! —grita William—. No puedes reemplazar el lugar de mi madre en esta mansión. Han pasado solo cinco años, ¿Cómo puedes traerla? Tapé mi boca y sentí como piel se tornó fría, la conversación subió de nivel. —No seas egoísta, William. Yo soy humano y también necesito una compañera de vida, pero tu eso no lo sabes, porque desde que te mudaste al centro de la ciudad te has olvidado de mí y de todo lo que tiene que ver conmigo. No seas egoísta tú, también merezco la compañía de alguien que se preocupe por mí. No estaba planeado, no creí que esto pasaría, pensé que moriría aquí solo, pero ella… ella me sacó de un precipicio que tú desconocías porque solo te has preocupado por ti. Ella es tan amorosa y amable, que no pude evitar enamorarme. Elena no es y jamás reemplazará el lugar de Margaret, eso lo sé y ella también lo sabe. Fruncí un poco mi ceño y di un par de pasos hacia atrás, no quería escuchar más. No debo escuchar más para saber que debemos irnos de aquí, mi madre y yo no podemos estar aquí, nos vamos.
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