Sale el sol, entra un poco de luz por la ventana, me despierto. Miro a mi izquierda y veo a Juan, aun duerme. Me cuesta creer que ya lo peor pasó. Entramos en esa isla del infierno, que puso al límite nuestras vidas. Y a pesar de que no todos lo logramos; la misión que era rescatar a mi madre y detener al creador, fue todo un éxito. Pongo los pies sobre el piso y me paro junto a la ventana. A penas puedo imaginar mi vida antes de saber que era una bruja, antes de Juan, antes de llegar a esta tierra maravillosa de hombres y mujeres con los mismos dones que yo. Recuerdo que mi madre está a pocos pasos de mí y solo pienso en pasar tiempo con ella. Recuperar los años perdidos será un trabajo arduo, pero qué feliz me hace, poder verla otra vez. −¡Buenos días dormilona! –me dice Juan desde su

