Entro al salón en busca de Greta, pero me topo con el padre de Con. Este me da una mira sarcástica. Es como si le agradara que esa mujer viniera a incomodar a su hijo. El hecho que no tome en cuenta que Greta está aquí también, es lo que me cabrea. Si lo hace para incomodarme puede irse al carajo. Pero por encima de mi hija no va a pasar. —¿Te agrado la visita? —La verdad, me tiene sin cuidado lo que Ariadna venga a hacer. Es su casa —me encojo de hombros— Lo que no voy a permitir es que exponga a mi hija. Su nieta. —No la expondría a nada malo —deja su móvil a un lado y me atraviesa con la mirada. Doy un paso al frente. —No parece. Está claro que esa mujer está mal de la cabeza y se siente apoyada por usted. —No sabes nada. —Tiene razón, Basil. Pero puedo sacar mis propias concl

