Danilo caminaba hacia la casa como si contara cada paso, perdido en el espacio de su cabeza, pensando en los labios de Claudia. Aquel beso duro unos segundos, lo suficiente para descontrolar sus pensamientos, para provocar un remolino en su interior, un tornado que destruía su sensatez. Gracias a esos pensamientos insanos, su cabeza estaba a un hilo de explotar, no solo por pensar en lo suave, deliciosos y carnosos labios de Claudia, también en estar pendiente de su celular a la espera de alguna noticia de Dante. Las horas pasaban y él aún no sabía nada de su jefe, una parte de él deseaba estar a su lado, desmoronando los planes de esa mujer que provocó una guerra, acabando con todos los que se unieron a ella, ya que era para lo que nació, para lo que lo entrenaron. A pesar de no ser u

