Dormía como un bebé recién nacido, con la respiración calmada y sus latidos relajados al igual que su cuerpo, sin preocupaciones. Sabía que cuidaban de ella, confiaba de que nada malo le pasaría a ella y a su bebé en el vientre. Se dio la vuelta acomodándose, tomo la almohada y la coloco en medio de sus piernas sin abrir los ojos para que el sueño no se fuera. Acaricio su vientre al sentir el movimiento de su hijo, sonrió imaginando que estaba molesto por la posición en que se encontraba. —¡Mi signorina, estas tan hermosa cargando a mi hijo! Mia bella moglie, quanto mi manchi. —Conocía aquella voz, esas palabras fueron un eco a sus oídos, un susurro y hasta unas caricias. Aquellas manos tocando su vientre un manto suave y delicado como la fina seda, frente a ella unos ojos grises, su nu

