La noche transcurría templada pero Regina se había acostumbrado a dormir en el día. El sueño no la atrapaba y su mente vagó por los recuerdos. Rememoró su llegada y cómo conoció a sus amigos. Quería saber qué pensaban en ese momento. Casi podía asegurar que ellos creerían que se habían ido por mera diversión, una aventura romántica, y que pronto volverían. Se preguntó si estaban conscientes de lo que León hacía, si Alí lo secundaba y sufrió al creer algo así. De pronto la imagen de su amado se elevó en su cabeza. ¡Moriría! En menos de dos días él ¡moriría!, y eso le causaba un tremendo dolor a pesar de tener la certeza de su engaño. —¡No, no puedo permitirlo! —se dijo a sí misma cuando por fin se quedó dormida por el cansancio de sufrir. El día comenzó con las nubes ennegrecidas por la l

