Preguntas y verdades, gracias a unas copitas de más...
Nunca en mi vida había corrido tanto para llegar a un lugar, ese Alain Prost, o Prust o como fuera que lo llamara Loren era un nene en pañales al lado mío. Después de la llamada de Christian tuve que dejar a Louise con Vannah y James y volar al mentado bar donde me estaba esperando mi amigo con Shannon y Rocío.
—llegué lo más rápido que pude ¿Qué pasó Chris? —con la voz entrecortada y sobando mis rodillas me quedé frente a mi amigo y lo que vi me hizo fruncir el ceño.
—Pues tu novia y está loca están absolutamente ebrias y mi amigo presente las dejó hacer y deshacer en su bar—reclama Chris a un tipo que está junto a las chicas y por lo que entiendo es el dueño del lugar, ambos se retan con la mirada, pero la voz de esa arpía nos deja a todos en estado de shock.
—¡Ya, bajen el volumen hip! — nos reclama esa mala mujer que intenta levantar a penas la cabeza de la barra y mirando con los ojos entornados a hacia nosotros. ¡Dios! de verdad que dan ganas de darle unas buenas palmadas en ese trasero que se gasta— Aww, mira Ro llegamos al cielo, te juro que mis tragos no nos mataron hip, yo sé lo que preparo hip, así que hip, estamos en el cielo por otro motivo. ¿Dime que no es lindo mi rubio de farmacia?
¿Y a esta qué le pasa? ¿Cómo que rubio de farmacia? Mi pelo es rubio, rubio, sin uso de ningún puto producto extra. Me acerco a ella, ya ni siquiera estoy contando los segundo, quiero subirla en mi hombro y llevar a que se le quite la borrachera, pero me está hiriendo en mi orgullo de rubio natural, por lo que no me quedo callado y le respondo.
—¿Qué? ¡Soy rubio natural!
—Lo sé, amorcito hip, es que te odio por eso, eres tan lindo, hip— ¿me está diciendo amorcito? Y ahora se acerca a toquetearme ¿Qué le pasa a esta mujer?
—Te doy un diez de diez, amiga, es guapo el desgraciado, pero mi pelirrojo es mil veces mejor y coge como los dioses, hip.
—¡Rocío! —Chris se pone del color de su cabello por la tremenda declaración de la castaña y tanto el tal Dom como yo no aguantamos y nos largamos a reír — Ya, esto fue demasiado, nos largamos.
—¡No! Yo quiero otro de esos traguitos, Shanny dile a esta aparición celestial que quiero seguir disfrutando.
—Pues no señorita, usted se va conmigo y tú, encárgate de tu mujer— me ordena mi amigo, como si no supiera que eso era lo mismo que iba a hacer. Tomo a Shannon del brazo y aunque su amigo Dom se molesta me importa una mierda. Esto era el colmo de los colmos, esta chiquilla no me va a seguir dejando en vergüenza.
— ¡Yo no soy mujer de nadie! Él es mi hombre, todo al revés—¡La mato!
El tal Dom me mira preocupado y yo solo niego, si la mato no lo haré delante de tantos testigos, además tenía métodos bastante buenos para matar a un personaje sin que me descubrieran.
¡Sí! tambien veo las series que ve Christian... Las malas costumbres se pegan.
Me armo de la paciencia que no tengo y la tomo amablemente del brazo, me acerco a ella y le susurro al oído, con la mayor calma del mundo.
—Ya, Shannon, lo que tu digas, pero vamos, di que sí—¡Mierda!, me funcionó, porque me sonríe como boba y comienza a asentir como niña chiquita, miro a mi amigo y le respondo con una sonrisa triunfal —. De eso no te quepa duda, hermano. Dom, me pasas su bolso.
—Tomen, ahí están las cosas de ambas, por favor cuídenlas.
—Gracias por llamar.
—Es lo menos que podía hacer, además ya quiero llegar a casa, mi hermosa prometida me está esperando.
Dom se dio la media vuelta y comenzó a echar a todos los borrachos de su local, mientras nosotros nos despedimos como los buenos amigos que somos con el compromiso de avisar que llegamos bien a nuestro destino.
Afianzo bien a Shannon de sus caderas para que no se caiga y cuando llego al auto, la dejo apoyada del capó para abrir la puerta, pero la señorita se mueve tanto que por tratar de sostenerla casi caemos al pavimento.
—¡Cuidado, mujer! No quiero terminar en una clínica a esta hora contigo.
—Perdóname rubio de farmacia, es que el piso se me tambalea.
—¡Que no soy rubio de farmacia!
—Te ves tan lindo cuando no eres un imbécil descerebrado.
—¿Con que así me dices preciosa arpía?
—Ajá. Eres rubio, guapo y un imbécil descerebrado ¡Las tienes todas! creo que en la repartición en el cielo te hiceron con especial cariño.
Sus pequeñas manos se pasean por mi cara como si quisiera plasmar con ellas cada imperfección que hay en ella, mi cuerpo reacciona a su toque y cuando estoy a punto de besarla, las arcadas que comienza a hacer y esas caras de asco que pone solo se diluyen hasta que el vómito la alcanza y yo no logro reaccionar a tiempo.
—¡Mierda, Shannon! Te juro que esta me la vas a pagar.
El viaje se hizo un caos, tuve que abrir todas las ventanas y aguantar la espera de treinta minutos, pues no topamos con un accidente de tránsito rumbo a mi hotel.
—Simplemente, divino—mascullé entre dientes mientras me sobaba los brazos para sentir un poco de calor, el frío de la madrugada te calaba los huesos y peor si tenías la ropa húmeda por ya saben qué.
Con los dos envueltos en el sutil aroma del licor y otras hierbas- nótese el sarcasmo- llevo a la princesa vomitona hasta mi habitación del hotel. Por suerte es uno de los mismos de la cadena hotelera que construyó mi padre, por lo que poseemos un penthouse en cada país donde estén instalados. Subo por el ascensor que está en los estacionamientos y ruego que nadie se suba con nosotros porque el aroma está de la puta madre.
Una vez que ya estamos en mi apartamento, llevo a la muerta hasta mi habitación y enciendo la ducha, necesito bañarla y bañarme para sacarme este maldito olor. Con ella en paños menores la meto bajo la lluvia artificial y procedo a lavarla como si fuera una cachorra callejera.
—Ah… está fría, ¡no me gusta!
—Pues te aguantas, nadie te obligó a preparar tantos cocteles y emborracharte con Rocío ¿Qué pretendían ustedes dos?
—Pasar las penas, la rabia y la maldita desazón que ustedes dos nos provocan—me dice muy cerca del oído—. Ustedes los del Reino Unido son unos oscos, desabridos y de mal corazón ¿sabes Connelly? A mí me hubiera encantado tener una familia como la de James o como tus papás, pero me toco lo peor del mundo, un papá que no era ausente, pero me hizo mucho daño y al igual que mi pequeñita no tuve mamá, por eso siento que nos parecemos las dos y no quiero dejarla solita. Ella es una niña buena y de tan lindo corazón que te soporta todo, debieras ver más allá de tu propio dolor y aprender a ser resiliente como ella, serías un tantito más feliz, como lo estoy aprendiendo a ser yo junto a ella.
Sus palabras me calan hondo y cambio el agua fría por una más tibia, comienzo a sacar lo que resta de su ropa para poder bañarla mejor y limpio su cara con los productos que hay en el baño, mientras la dejo apoyada en la baldosa procedo a hacer lo mismo con mi cuerpo de forma rápida, no quiero que se resfríe y me lo reclame.
Una vez que he terminado de sacarnos el olor y el vómito de encima le coloco la bata de baño y la siento en mi cama, busco el secador de pelo e intento secárselo, pero no me deja.
—¿Alguna vez has querido a alguien, Descerebrado? — aunque su pregunta me descoloca, como cadaa frase que ha lanzado esta noche, no puedo negar los hechos y le respondo con honestidad.
—Sí, alguna vez lo hice, arpía.
—¿Y es bonito?
—es lo más hermoso que te puede pasar, arpía.
—¿Algún día me podrías querer de esa forma?
Que difícil pregunta, a veces no me quería ni a mí mismo, sentía que desde el día que perdí a mi amada Rosy no era nadie y no merecía amar o ser amado y ahí estaba frente a esa castaña que me miraba con sus ojitos casi esperanzados por recibir amor de alguien que no valía la pena.
—Mejor duerme, arpía. Mañana me vas a odiar por pasar la noche conmigo, no esperes nada de mí porque solo te puedo dar lo que está en ese contrato y nada más.
Creo que ni siquiera me escuchó, pues al volver a mirarla la encontré recostada sobre la almohada y con una hermosa sonrisa en los labios.
La arpía de Shannon Dumas, en menos de lo que ella piensa, ha logrado hacer que me cuestione todo lo que he hecho y he vivido en estos últimos años, sobre todo con... Louise y eso me asustaba más de lo que podría pretender.
Cubrí su cuerpo y como un acto instintivo besé su frente.
—Dulces sueños, querida arpía...
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