Capìtulo 32

1752 Palabras
Te juro que no vuelvo a beber nunca más en mi vida —¿Dónde estoy? —digo tocando mi sien que duele como la mierda y al abrir los ojos me veo desnuda bajo las sábanas de la habitación de ¿un hotel? Intento cubrir mi desnudez, pero el reclamo que está junto a mí me quita de un solo golpe la embriaguez. —Baja el volumen y déjame dormir, anoche me dejaste muerto, mi querida Arpía. Esto no podía ser cierto, este tipo me estaba mintiendo ¿no? Mire sobre las sabanas y ahí me relajé, el muy idiota debe haber creído que me las iba a bancar de una sola, no era tonta, puede que haya perdido la virginidad con un consolador, pero mi ginecóloga me había explicado que mi himen seguía intacto, por lo que era claro que no había mancha alguna que delatara que había tenido sexo con este hombre, que a penas y se cubre con la sábana. —¡Levántate, Aaron Connelly!—grito furiosa, mientras el abre los ojos y creo que se le desencajó la mandíbula. —Pero, pero… —Pero ¿qué? —¡Yo te dejé vestida! Y ahí me di cuenta que mi torso estaba desnudo y mis senos levemente respingados, me cubrí como pude lo que provocó dejarlo a él a la vista y con sus partes prohibidas muy elevadas. —Quita tu vista de mis senos y explícame ¿qué mierda hago aquí? —Primero, buenos días, novia arpía por contrato. Segundo, yo estoy bien, gracias por preguntar y tercero, de nada por salvarme de un coma etílico. —No te estoy entendiendo absolutamente nada, Connelly. —¿No te acuerdas de lo que hicimos anoche, cariño? Así que con esas estábamos, lo miro molesta y me hago la víctima, veamos hasta dónde llegas señorito descerebrado… —¿Te aprovechaste de mi en mi estado de embriaguez? —No te negaste, es más me pedías a gritos que te diera más, hasta bajo la ducha me… me… —¿Te qué? —¡Me usaste! Esto era el colmo, quería hacerme sentir mal ¿a mí? Ja, pero había aprendido la lección, juro que no vuelvo a beber en mi vida, aunque… ¿Y si sacaba ventaja de todo esto? —Eres horrible, ¡Te odio! Te aprovechaste en mi estado y no fuiste capaz de detenerte, ¡Abusaste de mí! ¡Eres un animal, una bestia en celo! Te juro que esto no se va a quedar así Aaron Connelly, ya lo verás. Me levanté de la cama, jalando la sábana que apenas nos cubría y lo dejé tirado en la cama con cara de espanto y su arma bajando lentamente, me metí a su baño y cerré la puerta con un fuerte portazo, mientras lo escuchaba despotricar en contra mía. —¿Creías que me ibas a hacer tonta? cuán equivocado estás Aaron Connelly, ya lo verás. Abrí la ducha esperé que el agua se entibiara, cuando ya la sentí lista me metí bajo de ella y suspiré tenía claro que no había hecho nada del otro mundo, pero algo había pasado para que terminara en este lugar y eso era lo que debía averiguar no me podía quedar así. Dejé que el agua limpiara mi cuerpo y comencé a tener algunos flashes de lo que había pasado hace unas horas atrás. Mi conversación con Rocío los de gin y el recuerdo vago de haber visto a Chris junto a nosotras aparecían en mi cabeza y luego una frase… ¿Algún día me podrías querer de esa forma? —¿Cómo mierda pudiste decir eso, Shannon? ¿En qué estabas pensando mujer? Me recriminé por haberle hecho esa pregunta, pero si buscaba la respuesta a eso no aparecía nada en mi mente, ni un atisbo de respuesta y eso era tanto o más preocupante aún. Cerré el grifo y busqué algo con qué secarme, la mullida toalla me acarició la piel y nuevamente otros recuerdos de lo que había pasado anoche, vinieron a mí mente. —¿Te falta mucho maldita arpía? —Ya voy… Salgo como si nada y lo veo entrar a él con las piernas cruzadas, al parecer sí lo necesitaba con urgencia, me río en su cara y busco qué ponerme, no podía volver a… —¿Dónde mierda están mis cosas? —¡En la habitación de al lado! Me grita como si nada y lo escucho exclamar un ah de satisfacción, me doy vueltas en su habitación y noto el desorden de lo que debe haber pasado anoche y noto que mi ropa no está por ninguna parte, suspiro y salgo. Tengo cosas por hacer y no quiero retrasarme, que viniéramos estos días es solo de pasada y para aprovechar a mi nuevo jeve supremo, era momento de usar otra de mis cartas en este contrato de noviazgo. Me vestí con unos jeans y una camiseta cómoda, saqué una de mis chaquetas y tomé mi bolso, no lo esperaría, por hoy lo dejaría en paz, saqué mi teléfono y llamé a la persona que quería ver antes de reunirme con mi jefe. —Hola preciosa, ayer te perdiste. —Perdona, Vannah, pero quería hacer algunas cosas con mis amigos y ya había estado para la mejor parte. ¿Estás en casa? —Sip, con tu hija postiza que duerme aún como una princesa. Me imagino que quieres verme y hablar de lo que pasó anoche. —¿ Qué comes que adivinas? —Pastel de macadamia. —Iugh… —Ven a desayunar, creo que James también quiere saldsr cuentas contigo. —Está bien, mamá osa. Prepara mucho café y tenme analgésicos por favor. —Entendido. Cuelgo la llamada y cuando estoy por abrir la puerta, el personaje que pensaba evitar me detiene, está a penas y con una toalla y el agua aún escurriendo por su piel. —¿Dónde vas? —A desayunar. —¿Y me dejarás así? Lo miro de pies a cabeza y le sonrío. —Por supuesto, tengo que ver a alguien muy importante y no puedo dejarlo para otro día. —Sabes que no puedes engañarme ¿no? —El hecho de que me vaya a reunir con alguien no es para meterme en su cama, seré cuidadosa. —Shannon —intenta reprenderme, aunque no le funciona, yo me suelto despacito de su agarre y me acerco a él. —Nos vemos más tarde en la empresa, disfruta de tu mañana. Con la misma sutileza que le hablé al oído, pasé mi índice por su pecho delineando hasta llegar al agarre de la toalla y con un suave movimiento la suelto y salgo corriendo. —¡Shannon Dumas! ¡Esto no se va a quedar así! En mal momento me di la vuelta para verlo en todo su esplendor y un escalofrío me recorre el cuerpo. Cierro la puerta y me apoyo en ella, mi corazón late como loco y me pregunto… —¿Todo eso cabe ahí abajo? Corro por el pasillo, antes que ese maniaco descerebrado salga trás de mí y bajo por el ascensor, Llego a la calle y tomo el primer taxi que encuentro. Cuando llego al edificio de Vannah toco el timbre en su departamento y espero pacientemente que me abra, pero quién apareció frente a mí no es ella, sino que mi amigo y jefe. —Pasa... —No sé que te habrán dicho de lo que pasó anoche, pero te juro que no vuelvo a beber en mi vida. —No tengo idea a lo que te refieres Shannon, pero hay algo que debemos hablar ya. —¿Qué pasa? —Mejor entra. Me hace pasar y veo que ya mi pequeña hadita está levantada, vestida con un pijama de conejo. —¡Shanny! —Tesoro. —¿Y mi papito? —Se quedó en el hotel, aún tiene cosas por hacer. —Ah... pues entonces vamos, la tía Vannah preparó muchas cosas ricas. —¡Que no fue ella!—reclama mi amigo y Vannah solo se encoge de hombros entregándome una taza de café y dos aspirinas. —Está recién hecho. —Gracias... Nos sentamos en las sillas que están alrededor de la mesada y después de que James se acomoda me mira preocupado. —Shannon. —Dime sin filtro, James. Ya me conoces. —Necesito que te quedes. —¡¿Qué?! Esto no estaba en mis planes, tenía todo armado para contarles lo del contrato y que ayudaran con ese insulso descerebrado, pero esto lo cambiaba todo. ¿Cómo iba a mantener ests pseudo relación a distancia? y peor ¿Qué iba a pasar con Louise? Creo que mi niña se dio cuenta de lo importante que había dicho su padrino, pues sus ojitos se llenaron de lágrimas y sin esperar nada salió corriendo hacia las habitaciones. —¡Louise! —¡Te pasaste, James O'Connor! —Mi niño bonito, creo que la cagaste. —Déjenme ir a verla, creo que algo puedo hacer. —Mejor déjenmelo a mi —detengo a Vannah y tomo otro trago de café con las aspirinas, me levanto de la silla y camino hasta la habitación donde se había quedado mi pequeña. Entro sin golpear y busco por todas partes hasta que veo unos piesitos bajo la cama. Me agacho y ahí la encuentro abrazads de su manta favorita. —Louise... —No quiero que nos dejes... —Oh, cariño. No te voy a dejar... —Pero si te quedas aquí no estarás en Dublín y yo me quedaré solita con mi papito. —Por qué mejor no vamos y hablamos con James, quiero saber por qué me necesitan acá, puede que sea por unos pocos días y a lo mejor no es tanto lo que tendré que quedarme. Ella negó y se aferró más a su mantita, como pude me acomodé a su lado y la cubrí con mis brazos. —No quiero estar nuevamente sola... —Te prometo que no lo volverás a estar. Y debía cumplir esa promesa, esto no afectaría en nada mi contrato con ese descerebrado y utilizaría todo lo que tenía para protegerla, aunque mis planes habían cambiado, mi plan incial podría ajustarse si solo ese idiota tenía que cuidarla. Puede que ellos dos juntos lo logren, digo estsr sin mi ¿no? ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR