Después de la cena en la mansión principal, Orión se retiró a su habitación para esperar a su novio. Estaba seguro que el rubio le pediría explicaciones por sus palabras dichas en la cena, se sentó en la cama a esperar el momento. De pronto tocaron la puerta y abrieron, era Dilan. —¿Y tú?— le dijo el castaño extrañado. —Kendall fue con Eirian a su oficina. Yo quería hablar contigo— le dijo el pelirrojo sentándose a su lado. —Creí que vendría primero mi novio a regañarme, pero no, viene primero mi amigo— sonrió Orión. —Esto no es una broma— le dijo molesto Dilan—. Estamos hablando de un hijo. —¿Crees qué no lo sé?— dijo molesto el castaño poniéndose de pie. —¡¿Entonces en qué estás pensando?!— gritó su amigo harto del hermetismo. —¡No puedo decirte!. —¡¿Por qué no?!. —¡Lo prometí!—

