Leah
Hoy había sido un día bastante productivo en la oficina pues acaba de estructurar una nueva historia y empecé a escribir otra también. Por fortuna, fui capaz de escribir más de cinco mil palabras por lo que sólo quería llegar a mi casa y tirarme en mi cama mientras veía un par de películas románticas. El cansancio me estaba matando. Manejé hasta casa, pero, el cuerpo entero me tembló al ver quiénes me esperaban fuera: Greta y Sasha, mi madre y hermana respectivamente.
— ¡Maldita sea! —Grité por la frustración. Deseé dar la vuelta e ir a casa de alguna de mis amigas, pero aquella idea se fue cuándo supe que ya me habían visto— Maldición, maldición ¿Qué se supone que debo hacer?
Cerré los ojos, evidentemente llena de ira, y me di por vencida. Salí del auto para abrir la puerta del garaje.
— ¡Leah, hasta qué por fin llegas! —Mamá me saludó con esa sonrisa cínica que tanto odio.
— ¿Por qué están aquí? —Me crucé de brazos molesta. Qué debo hacer, qué debo hacer...Volví a subir al auto para meterlo en el garaje, luego salí del auto de nuevo.
— ¡Es obvio que hemos venido a verte a ti, hermanita! —Sasha habló. Maldita zorra.
—No necesitan seguir con su actuación barata, mejor díganme de una vez por qué carajos están en mi casa —mi mirada se volvió frío. Planeaba seguir el consejo de Mina, no dejaría que me trataran como se les viniera en gana nunca más—Soy una mujer bastante ocupada como lo saben bien, así que si no van a decir nada prefiero irme y listo.
—Hemos venido a quedarnos contigo por un tiempo, ya sabes hay que tener tiempo de calidad en familia. No nos vemos casi nunca, por lo que decidimos venir ahora —mamá respondió, la verdad ni siquiera sé por qué la llamo madre cuando ella no lo ha sido nunca para mí.
— ¿Le han dicho a Dan que planeaban venir a joderme la existencia? —De acuerdo, acabo de sorprenderme de mi repentino comportamiento. Supongo que es el único que puedo tener con ellas por todo lo que me han hecho sentir.
—Cariño, no hemos venido a molestarte...Simplemente queríamos visitarte y pues darnos un par de lujos.
—Vaya, qué pena que sus planes no llegarán a ser una realidad —respondí con una sonrisa torcida—No pienso darles ni un poco de dinero para que los gasten en alcohol y en joyas.
— ¿Y qué tú no lo haces, Leah? Por el amor de Dios, no vengas a hacerte la santa ahora.
—Tengo muy pocas joyas Dasha y compro poco alcohol, además es mi dinero...—me encogí de hombros, sé que cualquiera pudiese pensar qué era una egoísta amante del dinero y llena de egocentrismo...Pero, quién me conoce, sabe que jamás sería así. Es sólo que ellas se lo merecen porque no han sido una familia para mí ni en los momentos que más lo he necesito. Ahora que he madurado y puedo mantenerme por mí cuenta, seré quién decida si recibirlas o no en el hogar que me ha costado mantener.
— ¿Vas a empezar a decir qué el dinero es totalmente tuyo y que decides qué hacer con él tan pronto? —mi hermana se cruzó de brazos acercándose más a mí—Eres exitosa Leah, bien por ti, sin embargo, comparte un poquito con el resto ¿No lo crees? Eres una egoísta.
—Ah, no lo creo —estoy segura que si ellas siguen aquí por un momento más, empezaré a actuar de forma impulsiva en tan solo unos instantes —Así que váyanse por el mismo camino por el que han venido hasta aquí, me haría un favor enorme. Lo juro.
—Siempre tan egoísta y horrible Leah, siempre tan espantosa —se acercó a mí mientras pronunciaba aquellas palabras tan despectivas. Es una desgraciada— ¿Te has visto en un espejo? ¿Qué no eres tan fea por fuera como por dentro?
— ¡No te permito de ninguna manera qué me trates como se te venga en gana! ¡No te lo voy a permitir ni una sola vez más! —Grité.
—Buenas noches —Escuché la voz de Kaleb detrás mío de repente, me llevé un tremendo susto gracias a eso.
— ¿Kaleb? ¿Qué haces aquí? —Reí, era un enorme alivio para mí tenerlo aquí — ¿Cómo es qué conoces la dirección de mi casa?
—Pasé por la editorial porque pensaba invitarte a cenar, sin embargo, Malena me ha dicho que has salido más temprano que lo normal debido a que estás cansada. Y por eso, le he pedido la dirección de tu casa —Se sacó la chaqueta de tela fina que llevaba para colocarla sobre mis hombros—Te vas a resfriar, no sé por qué eres tan descuidada.
—Gracias Kaleb, no necesitabas darme tu chaqueta ¿Acaso es que no tienes ni un poco de frío? —Ni yo misma sabía la razón por la cual su presencia lograba mantenerme tranquila. Por unos momentos, me olvidé de la presencia de mi hermana y madre.
— ¿Es que no piensas presentarnos a este galán? —Sasha puso una cara coqueta. Y sí, había olvidado mencionar que es una maldita ofrecida y es por eso que la palabra zorra la define a la perfección.
—Kaleb no necesita conocer a personas tan horribles —asentí acercándome más a él.
— ¿Qué pasa, Leah? ¿Quiénes son ellas? —Me susurró en el oído— Luces muy nerviosa, me pregunto si te estás sintiendo bien o si puedo ayudarte con algo.
—No Kaleb, ellas son mi hermana y madre...Creo que recuerdas que mencioné la mala relación que mantengo con mi familia, no sé cómo hacer que se vayan y me dejen en paz.
—No tienes qué preocuparte, yo me encargo de ellas —sonrió acariciando mi hombro, esa acción me hizo estremecerme. Después entrelazó nuestras manos.
—Las invitaríamos a pasar, sin embargo, tenemos asuntos bastante íntimos que atender...Lástima que estos no pueden esperar ¿Cierto, mi amor? —Mi amor sonaba tan hermoso en sus labios, aunque me sentí extremadamente nerviosa y no supe que decir.
—Claro, tenemos que irnos. Me había olvidado que te invité a pasar aquí la noche —Me guiñó el ojo por haberle seguido el juego. Por primera vez, me cuestioné qué se sentiría salir con él.
—Entonces los vamos ahora, tenemos que estar solos por un largo rato —Guardó su auto en mi estacionamiento pues yo metí el mío hace unos minutos y nunca cerré la puerta. Kaleb lo notó y la cerró con candado, nunca soltó mi mano así que simplemente empezamos a caminar. Busqué las llaves y se las di, abrió la puerta y cuando me disponía a cerrarla Sasha dijo:
—Eres una maldita perra Leah, nunca dejarás de serlo así uses las mejores cosas y le digas a todos que eres una talentosa escritora con una vida tranquila y feliz...Nunca, escúchame bien, nunca vas a dejar de ser la misma basura qué has sido desde el día en qué naciste.
— ¡Cierra la boca! —Kaleb se atrevió a gritarle, en mí interior le di las gracias— ¡Cierra la boca y lárgate! Qué descarada eres al venir y decirle esas cosas en su propia casa a la escritora que recibió un premio tan asombroso.
—Qué gane premios no significa que no sea una rata de laboratorio que resultó mal...
—Vete a la mierda Sasha, regresa al basurero del que has venido —Dicho esto cerré la puerta y continúe caminando. Es mejor dejarla así, ya tengo suficiente. Lo hice entrar y me propuse olvidarme que ellas se encontraban afuera.
— ¿Estás bien, preciosa? No sabes cuánto siento que hayas tenido qué pasar un mal momento —Acarició mi rostro, cerré los ojos al sentir su tacto y dejé que las lágrimas empezaran a salir— Oh Leah, no llores.
—Me siento tan herida, me hacen sentir como una basura...¿Pero es qué no lo soy? —Bajé la mirada y el tomó mi mentón para verme directamente a los ojos.
—Oh Leah, al contrario...Eres una mujer hermosa, llena de talento y resplandor propio. Eres preciosísima en todos los sentidos, eres un buen ser humano...Tenlo por seguro así que no permitas que quiénes no valen la pena te hagan dudar de todo lo que vales —Puso sus manos en mi rostro—Eres un precioso pétalo de rosa, y aunque eres delicada y puedes romperte...Daría la vida por ser el dueño de esta rosa.
Mi corazón latió más rápido al escuchar sus palabras tan románticas. Cómo una tonta cerré los ojos de inmediato creyendo que iba a besarme, me di cuenta de mi equivocación cuando me susurró:
—Aún no cariño, dejemos eso para después —Rió, este hombre es un galán, no tengo duda alguna— Una rosa cómo tú merece el cielo y las estrellas, y hasta que yo no te haya dado todo eso no me dejes ponerte un dedo encima.
Oh, este hombre va a matarme con su romanticismo.
—Eres...
—Todo un romántico, ya sé, pero, todo para que una reina tan linda sonría y no permita que las penas sean dueñas de su corazón.
—Gracias, muchas gracias...Te pido perdón, en serio siento mucho que hayas tenido que presenciar eso.
—En realidad, agradezco haber llegado de pronto...
—También yo lo agradezco, ellas me hacen sentir tan insignificante que ni siquiera sé como echarlas de mi propia casa —al principio solté una risa, no obstante, terminé llorando con fuerza.
—Preciosa rosa, vamos a trabajar en ells tú y yo...Lo haremos juntos y no volverás a permitir que nadie te trate cómo se les venga en gana porque es algo que no mereces.
—No tengo idea de cómo ellas lo han hecho desde era una niña que ni idea del mundo tenía...
—Arrójalas de tu vida cómo la apestosa basura que son...Lo siento por ser tan cruel con lo que digo, pero, las personas que actúan de tal forma no se merecen menos.
Reí, y luego me quedé callada.
—Debes dar respeto para recibirlo y ellas no lo hacen...No merecen ni estar cerca del domicilio de un magnífico ser —Volvió a tocar mis mejillas— Ven, deberíamos ver alguna película.
— ¿Tú, tú crees que ya se hayan ido? —Cuestioné al estar en la sala, mi voz demostraba lo nerviosa que me encontraba.
—Dame un segundo para comprobarlo —Se acercó a la ventana y abrió la cortina— Sí, ya se han ido.
—Qué alivio —me senté lentamente en el sillón y volví a cerrar los ojos con rapidez. A este paso, me quedaría dormida en cualquier momento.
—Si estás muy estresada, duerme un rato Leah. Yo voy a preparar algo para ti y te levantaré cuánto esté listo.
—Estoy bien, muchas gracias por preocuparte por mí...Iré a tomar un calmante y se me pasará —Quise decir algo más, sin embargo, recordé las palabras de mi hermana y se me hizo difícil respirar.
— ¡Leah! ¿Qué pasa? —Se acercó a mí corriendo— Respira, por favor inténtalo.
Me di cuenta que se desesperaba y yo me sentía tan apenada pero, no podía evitarlo.
—Piensa en otra cosa...Recuerda en aquellas historias llenas de pasión que escribes con tanto amor...Recuerda a cuántas personas has ayudado con tus escritos y no olvides que éstos han cambiado el mundo —Susurró en mi oído y mi respiración se reguló un poco— Piensa en todo aquello que aún no has escrito pero, que harás algún día, piensa en las emociones que has causado en las personas con su esas historias...Recuerda lo que te hace sentir, recuerda qué amas hacerlo por varias razones —Bien, hablar de otro tema me había servido muchísimo. Mi respiración pudo regularse segundos después y al lograrlo, eché mi cabeza ligeramente hacia atrás— Leah ¿Te sientes mejor?
—Ya estoy mejor, gracias...—suspiré. Mis crisis nerviosas o ataques de ansiedad se debían a mi familia, casualmente esto me sucedía cada vez que los volvía a ver. Me pasa desde que soy una niña y no he podido cambiarlo—Perdóname por haberte hecho pasar por esto...Lo siento.
—No te preocupes por mí en este instante ¿Quieres que llame a un doctor o qué te lleve al hospital más cercano?
—No, está bien...Solamente necesito mi medicina y me sentiré mejor.
— ¿En dónde está? Iré a traértela.
—En el mueble blanco del baño...Son antidepresivos, son esos —asentí.
—Espérame un momento, no demoraré nada —me comunicó y salió corriendo. Le agradecía demasido y le iba a dar las gracias luego— Aquí están, también te he traído un vaso de agua —en hacer todo aquello se demoró alrededor de un minuto.
—Muchas gracias Kaleb —sonreí después de haber tomado los antidepresivos— Te pido disculpas por hacerte pasar por tantas situaciones variadas en una sola noche cuando tú no tienes nada qué ver con ellas.
—Está bien Leah, me alegra que haya podido acompañarte en esta situación y que no tuvieras que pasarlo sola...Dime ¿Es algo que sucede con regularidad y por ello tomas antidepresivos?
—Me pasa desde que era una cría, he aprendido a manejarlas a través de los años. Se ha vuelto algo normal en mi vida.
— ¿Todos lo saben?
—No, sólo mi mejor amiga llamada Mina. Tengo estas crisis nerviosas al volver a ver a mi familia, jamás las he tenido por alguna otra razón lejana a ello.
—De ser así, deberías cortar tu relación con ellos lo más pronto posible.
—Lo he intentado, por supuesto que lo he intentado una y otra y otra y otra vez...Pero, siguen viniendo a joderme la vida cada que se les ocurre, ya no sé que hacer. El único que nunca me ha tratado mal y que me tiene cariño es mi hermano Dan.
— ¿Dan en dónde está? ¿Vive aquí?
—Vive a una hora de aquí, hoy por la mañana avisó que ellas habían venido por si se les ocurría venir. La mayoría de veces él logra que no se me acerquen, a pesar que, esta vez no lo ha logrado.
—Si me permites darte un consejo, Leah...
—Claro, dime Kaleb.
—No tienes qué continuar viendo a personas, por más que sea de vez en cuando, que te hacen sentir insuficiente...
—Trato, lo intento a más no poder...No obstante, no he sido capaz de lograrlo.
—Sin embargo, no puedes...¿Es eso?
—Sí, es que lo he intentado tantas veces que ya he perdido la cuenta desde hace mucho tiempo.
Mi teléfono vibró en el bolsillo de mi pantalón de mezclilla, me apresuré a responder al ver qué se trataba de mi hermano mayor.
— ¿Dan?
—Leah quería pedirte disculpas por no haber podido evitar que ellas fueran a tu casa. Lo siento, no sabes cuanto hermanita.
— ¿Sabes? Estoy harta de que siempre vengan a molestarme de esa forma. Estoy harta, harta, harta y no pienso seguirlo permitiendo...
— ¿Acaso yo podré ayudarte de alguna forma con eso? Así puedo recompensarte un poco.
—Quiero hacerlo, yo quiero terminar con esta relación de familia tan mala que no aporta nada a mí vida...No estoy lista, no negaré que es así, pero yo te llamaré pronto y te pediré que me ayudes con ello.
—Cuenta conmigo, hermanita. Cuenta conmigo.
—Si llamabas a decirme eso Dan, me despediré ya que lo has hecho. Yo sólo quiero descansar.
—Te comprendo y vuelvo a pedir tu perdón Leah, espero qué descanses y tengas una buena noche.
—La tendré seguramente —Vi a Kaleb de reojo— Te quiero, mucho Dan.
—Te quiero muchísimo más Leah, adiós preciosa.
—Adiós hermano.
Colgué la llamada para soltar un suspiro pesado a continuación. Kaleb no dejaba de observarme con curiosidad.
— ¿Kaleb? —Lo llamé.
— ¿Sí, Leah? ¿En qué te ayudo? —Se acercó un poco más a mí y una sonrisa apareció en su rostro.
— ¿Puedes darme un abrazo? Es lo único que me reconfortará luego de un trago tan amargo como el que viví hace un rato...
—Está bien Leah, no tengo problema con ello —Rió y se acercó para abrazarme con fuera. Temblé por un instante, sin embargo, le permití tener esa importante cercanía. Se sintió como un momento muy íntimo, como una pareja que simplemente se demuestra el cariño que tienen el uno por el otro.
Sus brazos se sentían como un hogar, completamente lleno de calidez y amor. Por primera vez en mi vida un abrazo que no fuera de Mina me hacía sentir tan tranquila , y vaya qué se sentía muy bien. Estar en sus brazos era un verdadero placer.