Capítulo 10.

2388 Palabras
Leah Las palabras que Mina me dedicó me hicieron trizas el corazón, me hizo pensar que no has vivido lo que debería disfrutar y lo que debería parar ahora. Volví a la oficina luego de un par de minutos, alrededor de media hora, y aún continuaba con el rostro lleno de rastros de lágrimas y es que cómo debería parar el llanto de una vez. Creo que ahora mismo soy la definición correcta de cuando una persona se encuentra totalmente destrozada gracias a las palabras tan hirientes de los demás. Sin embargo, he decidido hacer de esta experiencia algo positivo para mí, es decir que intentaré escribir un libro en el cual la protagonista se parezca mucho a mí. Que logre que los lectores logren comprender qué tan difícil es aguantar tus maltratos psicológicos y físicos de las personas hacia ti. Bueno, y es que al menos en este tema tengo mucha experiencia. Seguramente mis ojos explotarían del dolor me había sentido tan mal durante todo el día que por más que me encontrara escribiendo toda la tarde. Y justo en el momento en que creí que no podría ponerse la situación más complicada me llegó un mensaje de mi madre: Eres una desagradecida, sí que lo eres. Aún me sigo preguntando como es posible que tú nos hayas echado, prácticamente, de tu casa para quedarte con ese hombre toda la noche. No cabe duda alguna que eres una mujer fácil, ni siquiera yo soy así. Es tan horroroso de tu parte, el no habernos recibido ni para ofrecernos una taza de té con galletas. Qué pena siento de que seas un ser humano tan despreciable, no imaginas cuánto lo siento por ti y claro por mí, pues me da tanta vergüenza tener una hija como tú. —Maldita bruja —susurré perdiendo la paciencia, pero, me obligué a mí misma a controlarme pues estaba sola en mi oficina y en caso de tener alguna crisis nerviosa, nadría podría prestarme su ayuda— Maldita, maldita, maldita...Mil veces maldita. Me armé de valor para escribirle una respuesta: Me tienes harta Greta pues de tu boca sólo sale mierda. Quiero que te larges de mi vida de una vez por todas y dejes de fastidiarme. No quiero saber nada de ti, lo juro, así que no te atrevas a enviarme ni un solo mensaje. Bueno, señorita mal educada...Me encantaría que me dijieras todo eso cara a cara. Seguramente ni siquiera puedes atreverte a responder este simple mensaje. Esta vez, no pienso dejar que me pisotees de nuevo...Iré a casa de Dan apenas culmine mi jornada laboral y terminaremos como todo esto de una vez por todas. No seré nunca más ese títere con el que puedes entretenerte. Contuve las ganas de lanzar mi teléfono celular a cualquier pared de la oficina. Me costó muchísimo escribir ese par de palabras, y ahora, por más miedo que me cause la situación debo plantarle cara. Me puse de pie soltando pesados suspiros de frustración. No fui capaz de controlar las lágrimas que cayeron por mis mejillas en ese par de segundos. Me senté en el sillón rojo que adornaba el lugar, y luché con todas mis fuerzas para no tener una crisis nerviosa. El timbre de mi teléfono me hizo regresar a la realidad nuevamente, y con manos temblorosas lo contesté: —Hola, está hablando con Leah Roosevelt —me puse de pie lentamente y busqué un poco de papel higiénico. —Leah, habla Kaleb —al oír aquello, el corazón casi sale volando de mi interior— Junto a Wendy e Irene hemos decidido venir a verte y llevarte por un par de tragos, así te distraes por un momento. Queremos que te sientas mucho mejor hoy, si no es una molestia. —Oh, Kaleb...—susurré—Te lo agradezco, pero, no quisiera que me veas en este estado tan horrible... —Eres hermosa en todos los sentidos Leah, no hay por qué avergonzarse. —Ya sé Kaleb, te agradezco honestamente, no obstante, declino tu invitación. Muchas gracias, qué tengas una linda noche —colgué la llamada sin darle oportunidad a responder, vi mi reflejo en mi pequeño espejo y yo misma me asusté al ver: Mi nariz completamente roja, mis ojos hinchados y unas terribles ojeras. Oh, vaya espanto. La puerta de la oficina fue golpeada tres veces. — ¡Adelante! —dije con un hilo de voz. Me aseguré de encontrarme de espaldas con el objetivo que la persona que entrara, no pudiese ver mi rostro. —Leah no quería invadir tu privacidad, sin embargo, me he preocupado luego que le diste fin anuestra corta llamada —maldición, se trataba de Kaleb D'Amico. —He negado tu oferta solo porque no me siento del todo bien, y no me agradaría ni un poco que veas mi rostro en este instante. —Cuántas veces tendré que decirte que para mí eres hermosa sin importar sin has llorado durante un día entero y aquello ha dejado marcas en tu rostro. — ¿De verdad? ¿No estás bromeando? —Le pregunté con un hilo de voz. — ¿Cómo haría una broma respecto a ello? Si me permites, yo puedo ser el hombro en el que te apoyes incondicionalmente. —Gracias, desde el fondo de mi corazón —dije dándome la vuelta con lentitud, vi como se sorprendía gracias a mi estado— He dicho qué me veo desastrosa, así que no te atrevas a decir que no te lo advertí. —Comprendo la razón de tu pesar, es solo que es preocupante que te la hayas pasado llorando el día entero. —La situación no es para menos, Kaleb. Todo lo de mi familia está acabando lentamente conmigo y por eso, hoy mismo voy a solucionarlo. — ¿Hoy mismo, no es muy apresurado? —Ya ha sido mucho tiempo, no deberiá pasar ni un minuto más así que iré a casa de mi hermano Dan a hablar con ellos. — ¿Quieres que te lleve hasta allá y después vayamos a comer algo con las chicas? Recuerdo que no has traído tu auto. —Muchas gracias corazón, no prometo ir a cualquier lugar después ya que es probable que sufra una crisis nerviosa a causa de la situación —tomé asiento en mi escritorio mientras volvía a recibir el documento. —Aun más quiero estar contigo por si eso sucede, me gustaría ser tu apoyo. —Gracias, lo aprecio —mi corazón latió con alegría al fijarme que hoy había escrito más de seis mil palabras— Vaya a pesar del mal día que he tenido personalmente, este libro no dice lo mismo. — ¿Escribes un libro ahora? —Efectivamente, se llama "Mil veces, tú" y ya llevo más de cien páginas escritas. Con honestidad, creo que este libro es el más personal y significativo pues lo he estado escribiendo al tiempo que suceden tantas cosas en mi vida...Mis sentimientos son parte de él. —Me alegro qué te haya ayudado a que el libro vaya por un buen camino, pero...Leah, necesitas dejar de llorar debido a que puede afectar a tu salud...Me siento mal si te veo llorar —Tomó mi rostro entre sus manos, aquel me pareció el acto de cariño más puro. —Eres un amor, Kaleb —sonreí bajando la mirada, su toque me hacía sentir mariposas en el estómago. Oh, sí que suena como una total ridiculez pero es la realidad. —Leah ¿Acaso no lo recuerdas? — ¿Qué? ¿Me he olvidado de algo importante? —Te pedí que no me dejaras tocarte hasta que no te haya dado el cielo y las estrellas, y justamente ahora lo estoy haciendo —con qué era eso. Solté una pequeña risita. —No creí que me lo decías en verdad, me pareció que era una broma. —Por supuesto que no preciosa, yo no seré merecedor de tocar tu delicada y hermosa piel mientras no te haya dado todo lo que te mereces. —Eres un romántico... — ¿Y cómo no me enamoraría de un maravilloso ángel? —al escucharlo hablar, me quedé helada. Por suerte, Irene comenzó a llamarlo. —Hola Irene, no te alteres porque ne unos minutos estaremos allí. Se puso de pie, extendió su mano y me dijo: — ¿Nos vamos? —Sí —hablé al mismo momento que apagaba mi computadora y la guardaba en mi maleta de cuero. Pase un par de paños húmedos por mi rostro y cuando mi aspecto mejoró levemente, pudimos salir de la oficina. — ¡Leah! ¿Ya te vas? —Camila, la ilustradora de la editorial, se me acercó— Oh, hola Kaleb. —Buneas noches. — ¿Para qué me estabas buscando, Camila? —Nada más quiero decirte que Melancolía se ha convertido en best seller, pues se han vendido más de un millón de ejemplares. — ¡Oh, qué gran noticia! —aplaudí con evidente emoción— Muchas gracias por comunicármelo, me hace muy feliz enterarme de ello. —No es nada, ahora me despido que me muero del sueño y quiero irme a casa ya —besó mi mejilla y la de Kaleb. —Eres un maravilla...—se atrevió a decirme al estar solos nuevamente— Todo lo que haces es arte. —Qué alguien como tú me diga, tiene un significado aún más grande. Al llegar hasta el auto de Kaleb, Irene y Wendy nos recibieron con calidez. Me senté en la parte de adelante junto a él, y noté que a una de ellas le resultó extraño ver mi rostro. —Muy bien, ahora me pregunto a qué lugar vamos a ir primero. —LLevaremos a Leah a casa de su hermano mayor antes porque necesitan solucionar algo —respondió y yo me encargué de escribirle un mensaje a Dan: Buenas noches Dan, en este mismo momento me estoy dirigiendo a tu casa. Lamento que vaya a suceder lo inevitable en tu hogar, no obstante ya no aguanto ni un minuto más a nuestra madre y hermana. Buenas noches Leah, eso no me molesta ni un poco. Comprendo bien cómo te sientes. Ellas en este instante se encuentran viendo televisión el sofá que está en la sala ¿Te tardarás mucho en venir? No demoraré mucho puesto que un amigo me está acompañando y estoy en su auto en este momento. ¿Amigo? Oh, sinceramente acabas de sorprenderme. Imagino que fue así. Tú solo espérame que voy a llegar muy pronto. ¿Estás completamente segura de lo que vas a hacer esta noche? Nunca he estado tan segura de algo en la vida, además de mi gran amor por la escritura. No te preocupes más por mí, que al fin y al cabo soy lo suficiente adulta para equivocarme o acertar sola. Di suaves golpecitos en mis piernas como muestra de mi actitud ansiosa. Kaleb notó eso y entrelazó mi mano con la suya., mi respiración comenzaba a entrecortarse por lo que cerré los ojos. — ¿Te estás sintiendo bien en este momento, Leah? —Wendy me cuestionó. —Está bien, es solo una muestra de la ansiedad... — ¿Podemos ayudarte a qué te sientas mejor de alguna manera? —No, muchas gracias. Estaré bien. Los nervios amenazaban con causar algún desmayo en cualquier instante, así que agarré con fuerza la mano de Kaleb. Volví a temblar al ser consciente de que ya habíamos llegado a casa de mi hermano, pues yo le indiqué la dirección cuando apenas subimos al automóvil. — ¿Puedes hacerlo ahora mismo o tal vez mañana vas a tener más fuerza? —No importa Kaleb, ya no doy más con esta situación —me preparé para bajar del auto con una mejor postura— Gracias, no creo demorar mucho allá adentro. Ustedes esperen por mí solo un par de minutos, por favor. —Estaremos aquí esperándote. —Te deseo toda la suerte del mundo en lo que sea que vas a hacer en ese lugar, Leah. —Muchas gracias, la necesitaré —les dirigí una mirada por última vez antes de bajar del auto y cerrar la puerta. Toqué el timbre y esperé tan solo unos segundos antes de ver a mi hermano: —Hola Leah ¿Cómo estás? —Entré para que pudiera cerrar la puerta detrás de mí. —Molesta, sumamente molesta a decir verdad...¿Ellas siguen viendo la televisión o no hace nada? —Se ha pasado el día entero viendo series, aunque ya las conoces lo suficiente. — ¿Qué acaso no piensan regresar a Holanda ya? —Diría que no, se quedarán aquí unos cuantos días más... —Es tan increíble el hecho que a ti te traten de la mejor manera y que me vean como una verdadera basura. Qué irónica es la vida —acomodé un mechón de cabello detrás de mi oreja, seguí caminando hasta llegar a la sala. Al hacerlo, fruncí el ceño al verlas tan tranquilas y cuando mi madre se dio cuenta de mi presencia, saludó: —Buenas noches, Leah. No pensé que vendrías o te atreverías a verme a la cara después de todos los mensajes tan carentes de respeto que me enviaste hace una hora. —No tienes que retarme si no quieres ver que también tengo un poco de valentía —me crucé de brazos— En fin, seré breve y rápida. —Bien, te escuchamos —mi madre le puso pausa a la serie que estaban viendo en Netflix, y Sasha puso toda su atención en mí. —Por primera vez en tu vida tienes un poco de coraje. —Cierra la boca Sasha que no estoy para juegos —levanté mi tono de voz sumamente enojada, las odio— Ustedes ya saben muy bien qué he venido a decirles hoy, puesto que ya lo mencioné ayer por la noche. —Oh, no me digas...¿Volverás a repetir qué ya no nos quieres en tu vida ni un solo día más o me equivoco? —Oh, parece qué tienes una buena memoria...Es por eso que he venido a casa de Dan, porque ya no quiero volver a verlos nunca más. Cuando salga por esa puerta, se olvidarán quién soy y que alguna vez formé parte de su vida.
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