Capítulo 11.

2450 Palabras
Kaleb — ¿Ya no debería haber salido? Ya hace más de veinte minutos que entró...—Wen expresó con preocupación— Me preocupa que las cosas se salgan de control, más aún tomando en cuenta cómo es la relación con su familia. Qué lástima que todos ellos sean tan malas personas, a excepción de su hermano. —Esperemos un poco más, no podemos interrumpir en problemas que no nos involucran. Seguramente ya pronto va a salir y le preguntaremos cómo se encuentra y qué pasó allí adentro. —Espero que sí honestamente, me sentiría mal si no es así... —Como todos, simplemente es una pena que pase por este tipo de situaciones. —Yo...Creo que le he confesado mis sentimientos en un momento inadecuado —les comenté con sentido de culpa recordando que no respondió nada cuando escuchó lo que le dije. — ¿Qué es lo qué le has dicho exactamente? —Le dije que era un maravilloso ángel y que por eso, no podía evitar estar enamorado de ella —suspiré— Ella no pudo responderme nada porque Irene llamó y dejamos el tema a un lado. Sin embargo, una parte de mí, esperaba que respondiera lo mismo...Una gran parte de mí, estaba esperando que me dijera que también se ha enamorado de mí en este poco tiempo o por lo menos que se siente atraída hacia mí. —Has cometido un grave error evidentemente...Esto no lo digo porque ella no corresponda tus sentimientos, sino porque cuando alguien no ha tenido algunas experiencias amorosas es todavía más difícil que sepan como responder. Tienes que dejar que las cosas fluyan con calma, en realidad debes ir al mismo ritmo que ella para evitar cualquier desgracia...No la apresures, que ya tiene suficiente con que le gustes. —Entiendo perfectamente a lo qué te refieres, y por eso mismo me siento tan culpable de haberla puesto incómoda con mi confesión...Pero, es que me muero por probar sus labios. —Todo lo bueno se hace esperar, lo malo avanza rápido y se mete en tus entrañas hasta acabar con ellas. Digamos que se trata de una muera rápida. —Tú lo sabes mejor que nadie. —Sí, tienes razón. Creí que el corazón se me saldría del pecho al ver como Leah salía de esa casa en un estado mucho peor. Avanzó hasta llegar al auto y entrar en él, así que le pregunté: — ¿Qué pasó, Leah te sientes bien? —No, no estoy bien —Se echó a llorar con fuerza mientras cubría su rostro con la manga de su abrigo. Leah Cubrí mi rostro con ayuda de mi abrigo intentando que Kaleb no me viese llorar de esa manera, lo que sucedió hace unos minutos me terminó por hacer pedazos el alma. —No vamos a salir de tu vida por más que lo desees con todas tus fuerzas. Es así de simple, por lo que tendrás que aguantarnos hasta que alguno muera primero. —Eso es algo que solo yo puedo decidir, es mi vida y ya sabré que hago con ella. —Nunca has tenido esa libertad y ni pienses qué la vas a tener, todo se lo debes a aquel día —anunció con fiereza. Me senté en el sillón tratando de recordar a qué se debería— No vas a recordarlo por más que lo intentes. —Entonces dime de qué se trata. — ¿No debería contarte tu padre mejor? Él te lo debe. —No he hablado con papá desde hace un más de un año, desde qué contrajo matrimonio con esa mujer odiosa. —Esa mujer odiosa, cómo tú misma lo dices, es más importante de lo que crees para ti —se puso de pie y se acercó con rapidez para tocar mi rostro con sus manos— Tu rostro es precioso y tiene un parecido con el de alguien que no te agrada en lo absoluto, has sido tan distraída al no darte cuenta sobre quién te estoy hablando. Ay Leah, qué pena que jamás te hayas duda cuenta de lo que sucede. —No entiendo bien por qué la esposa de mi padre es importante para mí...Sólo tuve una conversación con ella una vez y no me agradó. Es la esposa de mi padre, y no es nada para mí. —Querida ¿Acaso necesito ponerte un espejo y una foto de esa mujer en frente tuyo para que lo notes al fin? —Natalie tiene tus mismos ojos y esa sonrisa tan grande en el rostro la mayoría de las veces —no dije nada, creyendo en algo en especial con temor— Leah, me pregunto como es posible que no lo sepas ya. — ¿Tú no eres mi madre, cierto? No lo eres —cerré los ojos dejando que las lágrimas cayeron sin control. Estoy segura que la actual esposa de mi padre, Natalie, es quién me dio la vida porque es eso lo que acaban de insinuar. —Claro que no soy tu madre biológica Leah, ya que te has dado cuenta de ello voy a contarte la historia... —Por favor, necesito entender con claridad todo lo que acabo de descubrir... —Cuando yo conocí a tu padre, él y Natalie era una pareja bastante reciente..A mí me gustaba tu padre en secreto pero, no podía hacer nada ya que no era soltero. Sorprendentemente, su relación culminó de un día para otro. Aproveché para acercame a él, tuvimos relaciones sexuales y nació Dan. Nuestros padres nos obligaron a casarnos por nuestro acto. Yo pensaba que él dejó de amarla..No fue así, pues los encontré a ambos en la misma cama que compartíamos. Me rompió el alma en miles de pedazos, aún más cuando ella vino y dijo que estaba embarazada... — ¿Cómo es que yo terminé creciendo con ustedes cuando se suponía mi madre debía estar allí siempre? ¿Cómo pude crecer pensando que eras mi madre? —Déjame terminar de contar la historia, Leah. —Oh sí, lo siento por interrumpirte...—bajé la mirada, con un agudo dolor en el pecho. —Tu padre y ella tuvieron una gran pelea puesto que le molestaba mucho que no le hubiera avisado antes, ya que lo hizo cuando iba a dar a luz. Naciste, Natalie vivió con nosotros los primeros tres meses y de la nada desapareció. Tu padre me pidió criarte como si fueras mi verdadera hija, y lo hice por compasión. —Bueno, gracias por haberte hecho cargo de mí —le dije— Sin embargo, no entiendo el por qué de tu mal comportamiento conmigo. —Cada vez que te veo recuerdo a Natalie, y me duele el corazón saber que ella tiene el amor de tu padre...Yo nunca lo tuve, y realmente lo amaba. — ¿Es por eso qué me odias? —pasé mis manos por todo mi rostro. —Sí, y le transmití ese sentimiento a Sasha...Cuánto lo siento Leah, sé que te hecho mucho daño. — ¿Quién sabía esto? ¿Lo sabían todos y nunca me lo dijeron? —No, sólo lo sabemos Natalie, tu padre y mi persona —acomodó un mechón de su cabello— Te pido perdón, aunque soy consciente que ya es muy tarde para arrepentirse. —Y yo que venía a darle fin a esto...—limpié mis lágrimas con delicadeza. Dan sólo me observaba con pena— Yo comprendo ahora la razón de la mala actitud que has tomado conmigo durante toda mi vida...¿Pero es qué cómo podrías adorar a la hija de la mujer que tiene el corazón del hombre al que has amado? No sé si podría soportarlo. —Sí...Lo siento infinitamente, Leah —se acercó a mí extendiendo sus brazos. Por primera vez, me daba un abrazo. —Ya está, la vida es como es —susurré. — ¿Qué venías a decirme? Disculpa por el trato que te he dado antes que vengas hasta aquí, admito que he sido extremadamente grosera. —Está bien, ya no más disculpas por hoy —le di palmaditas en el hombro— Lo que planeaba decir hoy no importa ni siquiera un poco. Dada las circunstancias, me encantaría que tratemos de tener una mejor relación...Y yo intentaré visitar a mi padre en Holanda en cuánto tenga un poco de tiempo libre. Posiblemente, antes de fin de año. —Leah, me empiezo a preocupar mucho por ti...—Kaleb acarició mi espalda— ¿Qué sucede, preciosura? ¿Cómo puedo ayudarte? —Ay, Kaleb...Es tan difícil —traté de enderezarme, al hacerlo limpié con rapidez mis lágrimas— Se supone que hoy venía a darle fin a mi relación dañina con mi madre y hermana, no obstante me han contado algo que hizo que el mundo se me venga abajo. — ¿Qué sucedió allí adentro? —Corazón, necesitas calmarte un poco... —Lo estoy intentando —sentía que mi corazón latía cada vez más rápido— Maldita sea, por qué no pudieron habérmelo dicho antes... ¡Maldita sea! —grité asustándolos a todos— Mierda. —Leah... — ¿Por qué tuvieron que permanecer callados? ¿Por qué? —mis manos empezaron a temblar y mi pulso siguió descontrolándose. Comencé a sudar y esa fue la señal para que Kaleb tomara mi mano. —Leah, Leah, mírame —tomó mi rostro entre sus manos, las cuales no dejaban de temblar— ¿Qué pasa? —Mi familia, yo...Ella no es mi madre, esa mujer a la que tanto he odiado no es mi madre biológica —solté. — ¿Cómo te sientes? —negué con la cabeza, intentando mostrarle que no me sentía bien— Está bien, está bien...Vamos, respira con lentitud. Asentí con temor decidida a hacerle caso a sus palabras, luego cerré los ojos pues me ayudaba a tranquilizarme la mayoría de las veces. —Cuenta hasta diez, yo cuento contigo...Vamos, Leah —me alentó. —Uno...Dos...Tres...Cuatro...Cinco.. —ahora me estaba sintiendo un poco mejor— Seis...Siete...Ocho...Nueve, diez. Terminé de contar y volví a abrir los ojos una vez la crisis fue controlada. Kaleb se veía muy nervioso. — ¿Ahora te sientes mucho mejor? —Irene me preguntó desde el asiento trasero pasándome una botella de agua— Espero que sí. —Sí, muchas gracias —de repente, sentí como él me acercaba a su pecho y me daba un fuerte abrazo. —Leah, casi me matas del susto —suspiró plantando un beso en mi frente. —Disculpa, lo siento mucho —respondí avergonzada. — ¿Pero sabes que estaré para ti en cualquier momento? Cuenta conmigo siempre, jamás dudes de mí— ¿Quieres qué te lleve a algún lugar o quieres comer algo? ¿Qué te hace feliz? Dime y lo hago. —Eres un amor, Kaleb. Muchas gracias —con valentía, besé su mejilla—Quiero a Mina conmigo aquí, necesito que Mina esté aquí conmigo. — ¿Por qué no la llamas? —No tengo fuerza para hacerlo... —Lo haré yo por ti si deseas, no hay problema —le extendí mi teléfono de inmediato. — ¿Qué tal si te llevamos a casa y te recuestas mientras preparamos algo para ti? —No quiero causar ninguna molesta Wendy, pero, muchas gracias. —No es ninguna molestia para nosotros, así que dile a Mina que vaya a su casa. No pensamos dejarte sola. —Gracias. Kaleb tomó mi teléfono y escribió un mensaje durante un par de segundos, cuándo terminó de hacerlo me lo mostró al igual que lo que ella respondió: Hola Mina, soy Kaleb. Leah ha tenido una crisis nerviosa y ahora la estamos llevando a casa. Ella ha dicho que te necesita, así que por favor me encantaría que fueras. Hola Kaleb, muchas gracias por avisarme. Voy ahora mismo en camino. —Muchas gracias a todos, lamento haberle hecho pasar por un mal rato gracias a mi crisis nerviosa. Perdón. —No pidas perdón Leah, espero que aquello que ha causado que te sientas de tal manera pueda arreglarse. —No tiene arreglo sin duda, sin embargo, prefiero contarles cuando Mina esté con nosotros. No quiero hablar de ello más de una vez. Les di las gracias en mi interior, y me mantuve en completo silencio hasta llegar a mi domicilio. Bajé del automóvil con ayuda de Irene, a quién le agradecí con una mirada. Dirigí mi vista hacia el cielo pensando en todo lo sucedido en esta noche llena de tortura y dolor. Considero que uno de los más grandes errores que tenemos los humanos, es ocultar ciertas cosas que pueden terminar hiriendo fuertemente a las personas. — ¡Leah! —Mina se acercó a mí corriendo para fundirme en un abrazo— ¿Qué pasó? ¿Te hicieron algo esas brujas? ¿Quieres que las mate por ser unas grandes hijas de puta? —Ésta vez no ha sido porqué me hayan tratado mal, en realidad me han revelado un secreto muy doloroso... —Ya me lo contarás más tarde, ahora me preocupa cómo te sientes y qué necesitas —peinó mi cabello con sus dedos— ¿Por qué no nos apresuramos en entrar para qué puedas tomar tu medicina? —Me siento mucho más tranquila que hace varios minutos Mina así que no te preocupes tanto por mí, a pesar que lo agradezco, sólo he entrado en estado de shock por el secreto revelado. —Espero que no sea tan grave y qué no tenga muchas consecuencias —Acarició mi rostro—Al ver que fue Kaleb quién me escribió, el corazón casi se me sale del pecho. —Lo imaginaba, por supuesto que sí —sonreí tímidamente— Ya tendremos tiempo para que lo conozcas de la manera correcta. —Ay Leah, de eso ya me encargo yo solita —le dio un toque a mi nariz, acto que me causó muchísima gracia—El hombre es guapísimo, tienes un buen ojo. —Ya sé Mina, ya sé —reí nerviosa— Ellas dos son sus mejores amigas, Wendy e Irene. —Lindos nombres al igual que sus delicados y finos rasgos...Todos ellos han sido muy amables al acompañarte en un momento complicado aunque ese no era su deber. —Sí, estoy muy agradecida. —Ahora deberíamos entrar para que descanses un poco, y también para que hablemos sobre lo sucedido. —Sí, tienes razón —dejé que tomara mi mano para entrar a mi departamento, el resto venía detrás de nosotras— Honestamente jamás dejaré de agradecerte por todo en lo que me has ayudado, mi más adorada amiga. En definitiva, eres mi maldita alma gemela.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR