Kaleb
—Buenas tardes Leah, disculpa por venir sin avisar —saludé al entrar a su oficina y encontrarla concentrada en el ordenador.
—Oh Kaleb, por eso no te preocupes ¿Pero hoy no tenías que trabajar, eh? —dejó salir una pequeña risa de sus labios y se puso de pie para poder recibirme correctamente. Allí observé lo que llevaba puesto hoy: una falda roja hasta las rodillas y una ligera camisa blanca.
—Claro que he ido a trabajar, solo me he escapado un rato para venir a verte.
—Oh Kaleb, no tenías que haberte molestado en venir...Pero, ya que lo has hecho, es un enorme gusto verte aquí.
—Quiero saber cómo te encuentras, he venido principalmente por saberlo.
—Honestamente, ya me siento muchísimo mejor que hace unos días atrás —habían pasado un poco más de dos semanas desde la crisis nerviosa que tuvo Leah gracias al problema que surgió con su familia— Obviamente no olvido ni por un solo segundo que me han ocultado algo tan crucial en mi vida durante tanto tiempo, sin embargo también entiendo por qué lo hicieron. Juro que me pondría a llorar sin remedio, pero, tengo tantos pendientes que se me hace prácticamente imposible.
—Y hay que vivir con heridas, ya es parte de la vida.
—Pero, las heridas no dejen de doler mientras no dejes de tocarlas...Y por lástima, es una herida reciente que me tomará tiempo asimilar y acostumbrarme a la idea.
—Complicado sí es, ya es evidente, no obstante, no imposible ¿Cierto? Lo que más me preocupa es que tu salud se vea afectada por todos estos problemas que cargas en la espalda.
—Estoy tratando de distraerme para cuidar de mi salud —susurró luego de besar mi mejilla y volver a su escritorio —Y la vida jamás se detiene, por más que sufras. Solo se limita a dar vueltas y vueltas.
—Ya lo sé, supongo que también sabes que estoy aquí para ti siempre.
—He recordado muy bien cada una de tus amables palabras Kaleb y te agradezco infinitamente —sonrió, una vez más.
— ¿Kaleb?
— ¿Sí?
—Hay algo que he estado pensando en estas últimas dos semanas.
— ¿Qué es ese algo, querida Leah?
—Y mientras reflexionaba durante el fin de semana, llegué a la conclusión qué es una verdadera pena que nada más hayas presenciado mis peores momentos o más grandes defectos —dijo para luego soltar un pesado suspiro y sentarse en su escritorio—Entonces me dije a mí misma que me encantaría mostrarte mis mejores momentos y aspecto porque sí, tengo mucho que mostrar.
—No tienes que sentir pena sobre eso, es solo que entré a tu vida justo cuando empezó desmoronarse. Son simples casualidades de la vida.
—Tampoco es como si hubiese logrado levantarme de él, aún sigo sintiéndome bastante mal por los hechos recientes pero tengo muchos pendientes. No quiero, de igual manera, que mi salud se vea afectada en cualquier sentido por no saber controlarme adecuadamente...Simplemente, estoy intentando relajarme de diferentes formas.
—Sinceramente, lo que más deseo en este mundo durante los últimos días es que las cosas mejoren pronto para ti. No me gusta verte tan triste, me agradaría que fueras feliz.
—Te agradezco por los buenos deseos Kaleb, significan mucho aunque no lo parezca. El único problema es que me ha sorprendido tanto saber que la persona que me crió no es mi verdadera madre y me molesta mucho que nunca me lo hayan dicho...—caminó de un lado a otro en la oficina— Una vez más, en esta vida, he vuelto a confirmar que odio las mentiras. Además, me he cuestionado a mí misma que tan difícil debe ser ocultar algo con esa importancia.
—Las mentiras son muy difíciles de llevar, es un peso muy grande para cualquiera...En mi opinión, creo que es mejor hablar con la verdad.
—Lo es...Y es que en el reino de los engaños, nada sale bien a fin de cuentas.
—Ella sintió como sus piernas temblaban al tenerlo cerca una vez más. Ese hombre, a su parecer, era tan atractivo y llamativo que no podía apartar sus ojos de él. Se preguntaba a cada momento si sería correcto acercarse de repente y confesar el deseo carnal que le consumía, deseaba probar sus labios lo más pronto posible o se moriría. Vaya, sonaba bastante patético pero, eso hace el amor y la atracción a fin de cuentas. Recordó que alguien sabio le aconsejó que en el amor, hay que dejarse llevar por lo que dicta el corazón. Ella era tímida por lo que decidió eliminar cualquier idea absurda que tenía en la cabeza en ese mismo instante pues no era capaz de ejecutar ninguna. El corazón no dejaba de latirle con fuerza y desespero, la cabeza le estallaría del estrés que todo le causaba y sus manos necesitaban controlarse de tocar su rostro con cariño para demostrar su afecto. Esto era una locura, la tímida mujer se encontraba nerviosa y cada que lo veía a los ojos, moría por correr a sus brazos y demostrarle su afecto a través de una noche de desface en la que mostraría sus más sinceros sentimientos. Creyó que se había vuelto loca ya, sin embargo recordó de nuevo algo: El amor no viene solo, pues llega con todos sus acompañantes detrás. El desespero, nerviosismo e ilusión son sus más fieles amigos.
Soltó un suspiro luego de terminar de narrar aquel maravilloso escrito para mí. Acomodó sus lentes y volteó a verme:
— ¿Qué tal? ¿Te ha gustado?
— ¿Te han dicho ya qué eres genial escribiendo? —respondí causando una enorme sonrisa en su rostro— ¿Eso responde a tu pregunta?
—Supongo que sí, Kaleb —susurró volviendo a usar el teclado de su laptop. Lucía extremadamente sexy en este mismo instante. De pronto, dirigió su mirada hacia mí con las mejillas sonrojadas— ¿Qué estás viendo? ¿Es que luzco tan horrorosa hoy? Ya sé que no he estado durmiendo cómo es debido, pero...
—Estaba viendo lo bella que eres, solo eso —la interrumpí y tuve una sonrisa aún más grande en mi rostro al darme cuenta que no pudo mantenerme la mirada— Eres una reina, precioso ángel que me invita al pecado.
Ni siquiera yo mismo supe a qué momento tomé la valentía de decirle algo tan subido de tono. Esperé una reacción tímida de su parte, sin embargo me sorprendió:
—No entiendo entonces por qué todavía no has pecado —sonrió para volver a fijar la vista en su computadora— Eres todo un atrevido Kaleb, quién lo diría.
—Aún no has visto nada de mí Leah —susurró en su oído después de acercarme un poco— Puedo causar que dejes de ser un ángel y caigas en la tentación.
—Hazlo cuando quieras —susurró de igual manera.
—Pero antes, déjame ganarme tu corazón —le pedí con un poco de vergüenza.
—Creí que ya te había dejado en claro que tal vez puedas entrar, por supuesto que para ello necesitas encontrar la llave.
—Tengo una idea de lo qué puede ser, aunque no pienso contarte —la molesté a pesar de no imaginar nada en lo absoluto.
—Vaya, sí que no tienes ni la más mínima idea —soltó una sonora carcajada. Oh, ésta mujer sí que se da cuenta de todo.
— ¿Cómo lo sabes, Leah?
—Tu tono de voz te delata, guapetón —giró su silla para verme a los ojos.
—Cada día desde que te conocí me pregunto cómo un hombre no ha sido capaz de caer rendido a tus pies.
—No te equivoques Kaleb, pues sí ha habido hombres...Nadie me pudo conquistar, así que la gente piensa que tengo un corazón de acero o que no me encuentro interesada en lo absoluto en formalizar una relación.
— ¿Y lo tienes?
—No lo creo. Soy demasiado sensible y lloro hasta por las cosas más simples...Tal vez es porque mis expectativas son muy altas.
—Ya voy entendiendo a lo que te refieres...¿Acaso tienes un tipo de hombre ideal con el cuál desees mantener una relación formal?
—Qué va, obviamente no tengo un tipo ideal. Me gustan los hombres caballerosos y temo que en este mundo ya no quedan muchos —confesó observando sus manos— Por fortuna, tú sí que resultaste serlo ¿O es solo un caparazón?
—No es un caparazón, es la absoluta verdad.
—Oh, entonces ya puedo decir esto...—se mordió el labio, por lo que contuve las ganas de lanzarme a sus labios y perderme en ellos— Cada vez que te veo venir, pienso: Oh la lá, por allí viene un precioso hombre de hombros anchos.
Aguanté las ganas de reir con fuerza al recodar que Wendy dijo algo muy parecido cuando les conté de Leah.
— ¿Te gustan mis hombros?
—Y creeme que me fascinan aún más con todas esas elegantes camisas...Deberías cumplir uno de mis deseos lo más pronto posible.
— ¿Así? ¿Por qué no empiezas por decirme cuál es eso deseo y veo qué puedo hacer para hacerlo realidad?
—Déjame verte mientras trabajas...Evidentemente te verás más atractivo y yo como una atenta secretaria —se burló— Honestamente siempre me he preguntado qué tan difícil es el trabajo en una empresa.
— ¿De verdad quieres saber?
—Sí.
—Te espero en mi oficina el sábado —le propuse, dándome cuenta momentos después que sonó como una propuesta indecente— Para que puedas ver cómo es el ambiente.
— ¿El sábado? ¿Acaso trabajas el fin se semana?
—Normalmente no lo hago, sin embargo he dejado muchos pendientes por venir a verte hoy.
—Ay cariño, no me hagas sentir culpable de tu acumulación de trabajo —movió la cabeza en forma de negación y luego rió con sutileza— Qué tú ya eres culpable de mi alteración de hormonas.
Vaya, eso no me lo esperaba ni un poco. Qué descarado coqueteo.
—Oh señorita Roosevelt —tomé su mano para realizar delicadas caricias sobre ella— No sabía que usted era toda una experta en coquetear.
— ¿Es lo qué crees? —enarcó una ceja sorprendida— Siendo sincera, no tengo idea de cómo hacerlo...En este instante, en el que acaricias mi mano, yo sólo me dejo llevar por lo que mi corazón me está dictando.
— ¿Y qué te está diciendo? ¿Te gustaría compartirlo conmigo?
—Déjame preguntarle, yo siempre respeto sus decisiones —bromeó, sacándome una sonrisa. Cerró los ojos un momento antes de responder algo—Bueno ya le he preguntado y me ha dicho que estará encantado de contarte.
— ¿Y qué está esperando para hacerlo? ¿No me matará de la impaciencia, cierto?
—No es tan malo...Por eso va a contarte —se puso de pie dándome oportunidad a fijarme en los centímetros que teníamos de diferencia respecto a la altura. Tal vez eran unos veinte o un poco menos.
—Dile que estoy totalmente encantado de escucharlo con paciencia —esta versión de Leah me está cautivando todavía más.
—Va a comenzar a hablar contigo a partir de ahora —posó su mano en mi pecho, aquel acto causó que la adrenalina corriera por mi cuerpo— Me dice que me olvide de la cordura que me queda y te bese con pasión. Quiere conocer el sabor de tus labios y probarlos durante miles de horas. Quiere continuar acercándose y confesar todo lo que piensa.
— ¿Te parece adecuado qué yo quiera cumplir todos sus anhelos? —le pregunté olvidándome de la cordura de una vez por todas.
—Obviamente estará fascinado de escuchar que el genio de la lámpara cumplirá sus deseos.
— ¿Y entonces cuáles son tus tres deseos?
— ¿Crees que mereces conocerlos? —me molestó con picardía.
—Por supuesto que sí, ángel.
—El deseo número uno es tener la libertad de tocarte —siguió bajando el tono de su voz— El segundo es comerte a besos y el tercero...Es invitarte a pecar —Al escucharla no aguanté más y posé mis manos en su rostro— Oh, parece que el genio va a cumplir sus deseos.
Sonreí de lado mientras continuaba cortando la distancia entre nosotros. La habría besado con la mayor pasión si Jennie no hubiese entrado en el peor momento. Tuvimos que separanos con rapidez.
—Leah...—susurró y rió al darse cuenta que se encontraba conmigo— Oh Kaleb, no sabía que estabas aquí.
—No te preocupes, sólo Malena se dio cuenta de ello —sonreí.
—Me siento aliviada —rió de nuevo— Por cierto Leah, venía a decirte que ya debes empezar a arreglarte para la entrevista que te hará un canal de televisión dentro de una hora.
Observé mi reloj, el cual marcaba las tres y media. Pensé que era un poco más tarde.
—Demonios, casi lo olvido...—suspiró cruzándose de brazos— Dame un minuto Jennie y te alcanzaré.
—Está bien, pero qué sea solo un minuto —le indicó— Adiós Kaleb, un gusto verte una vez más.
—Digo lo mismo —me despedí y esperé a que cerraran la puerta— Bueno, ya se ha arruinado el momento.
—Es una pena, no obstante ha sido mejor...Prefiero besarte bajo la luz de la luna que cerca de mi escritorio —dijo cerrando su laptop— Es una pena qué tenga que irme ahora.
—Ni siquiera te preocupes por mí que también ya tengo que irme.
—En ese caso...—sonrió acercándome tres ejemplares de Melancolía— Toma, he firmado estos libros para ti, Irene, Wendy ya que aunque lo prometí al conocerlos jamás lo hice.
—No lo recordé hasta ahora...
—Tienes mala memoria, hombre guapo —sonrió— No te olvides de darles el libro, ya me siento muy apenada por hacerlo con tanto retraso.
— ¿Cuánto ha pasado desde qué nos conocimos?
—Aproximadamente un mes y medio —respondió— Te agradezco por haber venido y pasar un rato tan bonito a mí lado. Te veré el sábado.
— ¿El sábado? ¿Por qué no te veré hasta dentro de cuatro días?
—Quiero verte siempre, pero necesito terminar un libro...Ya me faltan alrededor de cincuenta hojas así que trabajaré arduamente. Necesito concentrarme mucho cada vez que atravieso esta etapa en cada uno de mis proyectos.
—Eres un total orgullo para mí pobre corazón —le dije— Ahora debo irme de aquí para que puedas trabajar con tranquilidad, no quiero distraerte de las cosas con importancia.
—Ya me has distraído lo suficiente con tus atrevidas palabras —se sonrojó.
Sonreí nuevamente, me había fascinado completamente el hecho de ya tener un poco más de confianza.
—Entonces nos estaremos viendo hasta el sábado, y en todo caso te enviaré un mensaje para seguir en contacto —besó mi mejilla con cariño, y luego me sonrió cálidamente.
—De acuerdo Leah, lo entiendo perfectamente —acaricié su mejilla por última vez en el día— Ve a trabajar, ya que deben estar esperándote.
—Lo sé, tontito, lo sé. Te veré el sábado si deseas seguir con este descarado coqueteo —caminó meneando sus caderas en dirección a la puerta que la llevaría fuera de la oficina. No supe como reaccionar cuando ella me sonrió y guiñó el ojo antes de desaparecer de mi vista.
Esta maravillosa y seductora mujer está matándome lentamente.